Malthus sigue estando equivocado Podemos dar de comer a un mundo con 10.000 millones de habitantes si reducimos la demanda de alimentos

La intensificación ha sido, pues, esencial, pero ha dado lugar a muchos resultados indeseables, incluyendo la contaminación del aire, el agua y el suelo con agroquímicos y excedente de nutrientes, el aumento del cambio climático, el agotamiento de los recursos, una elevada contribución de las energías fósiles y la pérdida de hábitats y biodiversidad.

Mientras que la expansión del área agrícola ha continuado durante el siglo pasado, el énfasis puesto en el aumento de la producción de alimentos ha cambiado hacia la intensificación -es decir, el aumento de la producción agrícola por unidad de superficie- pero esto ha tenido un costo para el ambiente. Si se continúa aplicando de la misma forma, los costos ambientales de una futura intensificación serían demasiado grandes, lo que significa que este proceso debe ser sostenible. Examinaremos ahora si la intensificación sostenible podría, por sí misma, demostrar una vez más que Malthus estaba equivocado, tal como lo hizo la expansión agrícola durante siglos y la intensificación en las últimas siete u ocho décadas.

¿Puede la intensificación sostenible garantizar la seguridad alimentaria en 2050?

Como ya hemos señalado, el aumento de los ingresos y los cambios en la forma de alimentación han sido acompañados por un aumento sustancial de la producción agrícola y cárnica (2,7 veces para los cereales, 1,6 veces para raíces y tubérculos y 4,0 veces para la carne). En su estudio, Bruinsma estima que 78% del aumento en la producción agrícola entre 1961 y 1999 se debió a un aumento de los rendimientos y otro 22% a la expansión de la superficie cosechada. De los 13.400 millones de hectáreas de tierra que tiene el planeta, unos 3.000 millones son aptos para la el cultivo y alrededor de la mitad (1.400 millones de hectáreas en 2008) ya están cultivadas. Lo que resta de tierras potencialmente cultivables se encuentra debajo de bosques tropicales, por lo que la conversión a la agricultura es altamente indeseable debido a los efectos sobre la conservación de la biodiversidad, las emisiones de gases de efecto invernadero, el cambio climático y las alteraciones hidrológicas, y los altos costos de proporcionar la infraestructura necesaria. De acuerdo con estas proyecciones, la expansión de la superficie agrícola seguirá contribuyendo de manera significativa a la producción en el África subsahariana (27%) y en América Latina y el Caribe (33%), pero prácticamente no hay tierras disponibles para la expansión de la agricultura en el sur y el este de Asia, y se espera que la intensificación sostenible en el Cercano Oriente y el norte de África sea la principal forma de aumentar la producción en estas regiones.

Smith, por su parte, ofrece un panorama general de las opciones para la intensificación sostenible y concluye que ésta posee un papel esencial que desempeñar, pero advierte que por sí sola no podría garantizar la seguridad alimentaria para el año 2050. Algunos estudios (los de Stehfest et al., Wirsenius et al. y Popp et al., por ejemplo) muestran la importancia de tomar medidas relacionadas con la demanda. Recientemente, un nuevo estudio cuantificó el papel posible de la intensificación sostenible para satisfacer los requerimientos mundiales de alimentos y mostró que la intensificación sostenible no puede por sí sola garantizar la seguridad alimentaria; resulta esencial administrar la demanda. Bajželj et al. encontraron que la producción de más alimentos para el año 2050 por medio de la intensificación sostenible podría reducir las áreas de cultivo tomadas como referencia, la pérdida de superficie forestal, las emisiones totales de gases de efecto invernadero y el uso de agua en comparación con los valores de referencia para prever la actual tendencia de los rendimientos, pero de todos modos llevaría a una expansión de la superficie agrícola.

Si se sumara la existencia de alternativas relacionadas con la demanda (formas de alimentación saludables y 50% menos de generación de residuos), se podría producir suficiente cantidad de comida pero también lograr una disminución de la superficie destinada a cultivos y pastizales, un aumento de la superficie forestal y una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, incluso en términos absolutos en comparación con el presente. Los autores llegaron a la conclusión de que mejores formas de alimentación y menor generación de desechos de alimentos son esenciales para reducir las emisiones y proporcionar comida suficiente para la población global en 2050.

Conclusiones

Muchas veces desde la publicación de su ensayo en 1789 ha quedado en evidencia que Malthus estaba equivocado. Entre la publicación de su ensayo y el advenimiento de los fertilizantes industriales, la forma principal de aumentar la producción de alimentos fue la ampliación de la superficie agrícola. En algunas regiones esta expansión continúa, a pesar de que su contribución al aumento de la oferta de alimentos representó solo alrededor de 22% entre 1961 y 1999. Desde que se dispuso de fertilizantes industriales a partir del año 1900, aproximadamente, el aumento de la productividad permitió la intensificación agrícola, proporcionando mejores resultados por unidad de superficie. Junto con el aumento de la mecanización y otros avances científicos y tecnológicos, la intensificación se convirtió en la fuerza dominante para aumentar la oferta de alimentos, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial. Esa intensificación se logró a costa de una serie de efectos ambientales adversos, y los futuros aumentos en la producción agrícola tendrán que realizarse a través de la intensificación sostenible. Ésta será capaz de satisfacer una parte de la creciente oferta de alimentos que se requerirá en 2050.

En lugar de ello, se necesitará administrar la demanda de alimentos, en particular el consumo de productos ganaderos, y reducir la generación de residuos. Demostraremos otra vez que Malthus estaba equivocado y alimentaremos a 9.000 o 10.000 millones de personas en 2050, pero esta vez no será la mera tecnología lo que nos permitirá hacerlo. Esta vez necesitaremos regular la demanda, ya que estamos llegando hasta límites que no podemos exceder de forma sostenible. El gráfico1 proporciona una representación esquemática de los diferentes medios por los que hemos demostrado que Malthus estuvo equivocado en el pasado, y una proyección de cómo podríamos hacerlo en el futuro.

  • 1.

    Representación esquemática de cómo la expansión del área agrícola, la intensificación y el cambio en la demanda han contribuido al aumento de la necesidad de alimentos en el pasado, y cómo podría hacerlo en el futuro. La necesidad diaria global de alimentos se calculó multiplicando la población total mundial (29) (interpolación lineal entre los años; 1500, 1600, 1700, 1750, 1800, 1850, 1900, 1950, 1999, 2008, 2010, 2012, 2050) por la media del consumo mundial per cápita de alimentos para 1997-1999 de ~ 2800 kcal per cápita por día. Los valores de la necesidad diaria global estimada de alimentos se muestran en petacalorías (Pcal = 1015 cal). Se considera que la expansión agrícola fue la responsable de satisfacer la demanda adicional hasta que se dispuso de los fertilizantes industriales, suponiendo una contribución relativa de la expansión que disminuyó al 22% en 1999 (12), y con la intensificación mediante fertilización industrial, riego y mecanización convertidas en el principal medio para satisfacer la demanda creciente. El futuro fracaso de intensificación para satisfacer la demanda de alimentos hacia 2050 ha sido demostrado por Bajželj et al. (27), pero la contribución relativa de la gestión de la demanda y la intensificación en el futuro sigue sin ser cuantificada, y debe ser vista como esquemática y no como cuantitativa.