La ciudad productiva: el gran momento de la agricultura urbana

A nivel espacial, el diálogo necesario entre planificadores, diseñadores y practicantes recién ha empezado. En Europa, el Grupo de Planificación Alimentaria Sostenible dentro de la Asociación Europea de Escuelas de Planificación (AESOP por sus siglas en inglés), establecido en Almere (Países Bajos) en 2008, ofrece actualmente la plataforma de redes e investigación más activa para este tipo de diálogos. Desde su fundación, el Grupo ha celebrado conferencias internacionales anuales avanzando en un trabajo en muchos frentes de los sistemas alimentarios urbanos y del discurso de la agricultura urbana (AESOP s.f.). La publicación Sustainable Food Planning: Evolving theory and practice [Planificación alimentaria sostenible: desarrollando la teoría y la práctica] (Viljoen y Wiskerke 2012) compila una selección de trabajos de la 2ª conferencia del Grupo de Alimentos Sostenibles de la AESOP, celebrada en Brighton en 2010, que demuestran un objetivo irrenunciable de que personas de diversos orígenes disciplinarios «hablen entre sí».

Diseños para la agricultura urbana

Justo un año antes de la primera Conferencia de la AESOP sobre planificación sostenible de alimentos en Almere, el Instituto de Arquitectura de los Países Bajos en Maastricht hizo en 2007 la primera muestra sobre agricultura urbana del mundo, la exposición sobre arte y arquitectura De Eetbare Stad [La ciudad comestible] (Solomon 2007). A pesar de que ambos hitos tuvieron lugar en los Países Bajos, sus agendas y participantes apenas coincidieron, haciendo evidente nuevamente el desafío de mejorar la comunicación entre los diversos actores de esta área temática.

En Estados Unidos se destaca el trabajo multidisciplinario en urbanismo del paisaje (Waldheim 2006) y urbanismo agrícola (Salle y Holland 2010), ya que ambos conceptos no sólo abarcan la idea de paisajes urbanos productivos, sino que también la apuntalan con sólidos argumentos teóricos extraídos de diversos contextos.

Sin embargo, mientras que los modelos históricos de agricultura urbana surgieron de la necesidad, en la ciudad contemporánea hoy tenemos la oportunidad de planificar estrategias coherentes para su introducción. A medida que la agricultura urbana, en sus diferentes formas, aparece y crece dentro de las ciudades, es necesario dar el siguiente paso fundamental: que quede registrada en documentos de planificación y legislación como una forma proactiva de mejorar los sistemas alimentarios urbanos actuales y agregarles un valor más allá del retorno financiero directo. De este modo, tal como lo han hecho ciudades como Nueva York, Berlín o Londres, se desarrolla un rico diálogo público que articula los muchos beneficios de la agricultura urbana —desde la motivación ambiental hasta un cambio de comportamiento— y desafía las formas en las que actualmente se mide el éxito. La otra acción necesaria —y aquí los arquitectos, planificadores y diseñadores tienen mucho que ver— es llevar adelante de forma inteligente el diseño y la construcción de los procesos, paisajes, edificios e infraestructuras que los nuevos agricultores urbanos y la mayor parte de la población urbana necesitan y desean.

Por último, el mayor desafío es hacer la transición desde el actual modelo de negocios agroalimentarios, enfocado de modo estrecho, a uno que redefina la relación urbano-agrícola. Al fin de cuentas, se trata de comprender que la Tierra es nuestro límite y que hay otras personas que vienen detrás de nosotros. Con el fin de trabajar con el límite de la Tierra y no contra él, el diseño urbano y la práctica del urbanismo necesitan incluir el impacto medioambiental total de una acción. La agricultura urbana ha demostrado ser una manera de explicar esto.

El concepto de «ciudad CPUL»

Nuestro trabajo tiene como objetivo contribuir a estos retos proponiendo estrategias de diseño y prototipos que puedan hacer más productivo el espacio urbano para las ciudades y los pueblos y más deseable para sus ciudadanos. Partimos de nuestra experiencia de la densa zona urbana europea occidental y tratamos de enriquecer las cualidades de la vida urbana mientras que, al mismo tiempo, reducimos el impacto ambiental negativo de los actuales sistemas alimentarios urbanos. Para abordar esta cuestión hemos desarrollado el concepto de ciudad CPUL.

La ciudad CPUL describe un futuro urbano basado en la introducción planificada y diseñada de lo que llamamos «paisaje urbano productivo continuo» –paisajes definidos por la agricultura urbana– en las ciudades existentes y emergentes (Viljoen 2005). La ciudad CPUL tiene consecuencias físicas y sociales fundamentales. Se sigue un enfoque sistemático y se propone que la agricultura urbana puede contribuir a lograr sistemas alimentarios más sostenibles y resilientes, además sumar beneficios a la calidad espacial del ámbito urbano. Es una estrategia de diseño ambiental y proporciona un marco estratégico para la exploración teórica y práctica de formas de implementar este tipo de paisaje dentro del diseño urbano contemporáneo (Bohn y Viljoen 2010a).

Resulta fundamental para el concepto de paisaje urbano productivo continuo la creación de redes de espacios urbanos abiertos que proporcionen un paisaje multifuncional –productivo– coherente y diseñado que complemente y dé soporte al entorno construido. La manifestación física del CPUL cambiará fundamentalmente el paisaje urbano e implica un cambio igualmente fundamental en la forma en la que las sociedades y los individuos experimentan, valoran e interactúan con ese paisaje. Dentro del concepto de ciudad CPUL, la agricultura urbana se refiere en su mayor parte a la producción de frutas y verduras, ya que esto proporciona los más altos rendimientos por metro cuadrado de terreno urbano. Las principales características del CPUL son espacios al aire libre para el cultivo de alimentos, el ocio, el movimiento y el comercio compartidos por la gente, hábitats naturales, rutas de circulación no vehiculares y corredores ecológicos. Su red conecta los espacios urbanos abiertos existentes, manteniendo y, en algunos casos, modificando sus usos actuales (Viljoen et al. 2004).