La ciudad productiva: el gran momento de la agricultura urbana

Desde la ola de literatura sobre agricultura urbana de comienzos de siglo, mucho se ha discutido y escrito sobre los diversos beneficios de (re)acomodar el cultivo de alimentos en centros urbanos. Igualmente, el interés por los paisajes urbanos productivos se ha extendido, y varios informes de planificación urbana ya recomiendan introducirlos o apoyarlos en ciudades como Detroit con el informe Detroit Future City (Detroit Works s.f.), Berlín con la mencionada Strategie Stadtlandschaft (SenStadt 2012) y Leeds a través del proyecto TRUG/Urbal (LMU s.f.).

Tomando todos estos hechos como señales de una voluntad pública para abordar los sistemas alimentarios urbanos, la pregunta ahora es cuál es la mejor manera de apoyar el desarrollo de la agricultura urbana y los paisajes urbanos productivos para que puedan alcanzar tanto su potencial completo en el cultivo de alimentos como para avanzar más allá del activismo de nicho y formar parte de los sistemas integrados de alimentos en las ciudades, ganando en consecuencia importancia espacial dentro de la trama urbana.

Se pueden identificar cuatro desafíos principales:

1. Con el fin de integrar espacialmente y de forma coherente la agricultura urbana en áreas urbanas y contextos locales —tanto temporal como permanentemente— se necesitan conceptos de diseño urbano y arquitectónicos basados en la investigación y la planificación. La clave aquí es el «paisaje urbano productivo».

2. A pesar del gran conocimiento acumulado sobre el enorme capital social invertido en la agricultura urbana, es esencial tener una orientación clara y aplicable y difundir las mejores prácticas para activar y aumentar la capacidad de los productores de alimentos urbanos, sus proyectos y sus sitios. La clave es el juego de herramientas y acciones.

3. Se necesitan reglamentos o acuerdos reconocidos con las autoridades públicas (por ejemplo, planificación, comercio, derechos sobre la tierra) y con otras entidades relacionadas con los alimentos (por ejemplo, ruralistas, mercados, organismos de acreditación) para apoyar y salvaguardar la práctica y los sitios de la agricultura urbana. La clave aquí es la política alimentaria.

4. Para llegar a expandirse y maximizar los beneficios sociales, de salud pública y ambientales que conlleva, la agricultura urbana necesita ser integrada a los sistemas convencionales de producción y abastecimiento de alimentos. La clave son los sistemas alimentarios urbanos.

Estos cuatro desafíos deben desarrollarse en paralelo dentro del o los sistemas alimentarios urbanos locales, regionales e internacionales de una ciudad.

Agricultura urbana y sistemas alimentarios urbanos

La agricultura urbana es siempre parte de algo. Como modo de usar el espacio, puede ser parte de conceptos más estratégicos, como la ciudad CPUL o el urbanismo agrario u otros conceptos de desarrollo adoptados por un municipio. Como actividad de cultivo de alimentos de personas o grupos, es parte de una red de procesos con el objetivo de mantener la vida urbana, ya sea directamente por el producto de los cultivos o por los intercambios comerciales que genera. Además, los marcos de políticas de apoyo adicionales —políticas alimentarias— por lo general no se dirigen a los paisajes urbanos productivos o a la agricultura urbana por separado, sino frecuentemente, y de modo más abarcativo, a redes de suministro de alimentos muy complejas que abastecen a los habitantes de las ciudades, llamados sistemas alimentarios urbanos.

En la década de 1990, algunos investigadores estadounidenses como Kenneth A. Dahlberg, Mustafa Koc, Kameshwari Pothukuchi y Jerome Kaufman sentaron las bases para una comprensión de los sistemas alimentarios urbanos que todavía se utilizan y se usan como referencia en la actualidad. El trabajo de Dahlberg, por ejemplo, apuntaba al desarrollo de políticas alimentarias como base para diseñar estrategias específicas de abastecimiento en contextos urbanos peculiares (Dahlberg et al. 1997) haciendo hincapié en la necesidad de comprender los sistemas alimentarios como sistemas locales (Dahlberg y Koc 1999).

Casi al mismo tiempo, Pothukuchi y Kaufman comenzaron a instar a que los sistemas alimentarios fueran integrados a la agenda urbana con el fin de hacer un abordaje completo de la calidad de vida en las localidades urbanas (Pothukuchi y Kaufman 1999). Ambos investigadores fueron más tarde los autores principales de la hoy seminal Policy Guide on Food Planning [Guía de políticas de planificación alimentaria] de 2007 de la APA, que cruza la línea divisoria entre la planificación de los sistemas alimentarios y el diseño espacial urbano (APA 2007). Vemos la agricultura urbana y los paisajes urbanos productivos como formas de contribuir a esta visión de un abastecimiento de alimentos más sostenible y equitativo para las ciudades.

El concepto de soberanía alimentaria ha sido importante para plantear otra cuestión relevante: no solo el acceso a los alimentos es importante, sino también el control que una comunidad ejerza sobre los alimentos. Inicialmente definido durante la década de 1990 bajo la bandera de «La Vía Campesina» (Via Campesina s.f.), el concepto es ahora ampliamente discutido en regiones urbanizadas y dentro de los movimientos de agricultura urbana. Se ajusta bien a las estrategias para combinar de forma creativa iniciativas descendentes y ascendentes. La seguridad alimentaria, una compleja red de salud y equidad, también ocupa un lugar dentro de las preocupaciones políticas relativas a la alimentación de nuestras ciudades y los tipos de sistemas alimentarios urbanos necesarios.

Puede ser de ayuda dividir los sistemas alimentarios urbanos en componentes más pequeños —como los sistemas alimentarios domésticos o vecinales (Dahlberg 2002)— lo cual hace más fácil afrontar más desafíos locales siempre y cuando se mantenga puesto el foco en la situación en su conjunto. La agricultura urbana y los paisajes urbanos productivos son —o deberían ser— parte de ambas escalas de los sistemas alimentarios urbanos.