El desarrollo rural en América Latina y el Caribe Logros, retos y perspectivas

Elementos clave para pensar los logros y desafíos del desarrollo rural en la región

Los desafíos del desarrollo rural

Como lo muestran los párrafos anteriores, el balance de las políticas de desarrollo rural en la región es cuanto menos controvertido. Si bien se pudo avanzar en algunos temas puntuales como el hambre, el acceso a la salud y a la educación, la representación social y política de los pobladores rurales y su consiguiente empoderamiento sigue siendo un desafío. Algunos conceptos permiten entender mejor cómo se presenta la situación en la región y cómo pensar su futuro rural.

a) Replantear el desarrollo rural:

En primer lugar, se destaca particularmente la necesidad de reconceptualizar lo rural y, en particular, el alcance y los contenidos del desarrollo rural. Como se detalló más arriba, una visión más amplia de lo rural permite entender sus desafíos para lograr la creación de coaliciones sociales transformadoras, de las cuales muchas veces han estado excluidos los sectores más desfavorecidos tales como indígenas, mujeres, jóvenes o campesinos pobres.

Por otro lado, la persistencia de pobreza, hambre y desigualdad en el campo parece sugerir una necesidad de repensar las políticas orientadas a la exportación de productos agrícolas y alimentarios. Como alternativa, en particular, a las falencias que se mencionan en cuanto al empleo rural y el lugar de las mujeres, en los últimos años ha aumentado la visibilidad política de la agricultura familiar –en parte, como consecuencia de la crisis alimentaria que se inició en 2008 por el alza de precios–. Sin embargo, su presencia en la oferta alimentaria ha disminuido. Asimismo, en las unidades familiares se ha reducido la proporción del ingreso proveniente del cuentapropismo y se observa una creciente diversificación de la actividad en el campo. Cuando la agricultura familiar empieza a tener visibilidad en algunos países como Brasil o Argentina, se nota una disminución de sus efectos positivos en las estructuras rurales.

b) Repensar las herramientas del desarrollo rural:

En cuanto a las políticas agrícolas, la suscripción de acuerdos y normas internacionales ha obligado a los países a reestructurar sus instrumentos de política agrícola, lo que imposibilita el uso de muchos de los utilizados en el pasado. Adicionalmente, la poca disponibilidad de recursos fiscales para el financiamiento de políticas agrícolas amplias ha obligado a algunos países a utilizar la fijación de precios de los productos agrícolas como mecanismo de apoyo a los productores nacionales, lo que castiga principalmente a los consumidores nacionales, sobre todo a los de menor ingreso, que destinan un mayor porcentaje de él a la compra de alimentos.

Por último, si bien los programas de transferencia condicionada han tenido efectos muy positivos –en particular, para controlar la indigencia, avanzar en el empoderamiento de las mujeres, mejorar las condiciones de acceso a la salud y prolongar la permanencia en el sistema educativo, así como debilitar el clientelismo a partir del establecimiento de una relación más directa entre el Estado y los beneficiarios–, al mismo tiempo han mostrado fuertes limitaciones en cuanto a la posibilidad de sacar a las familias de la situación de pobreza. Esto pone en evidencia un problema de carácter estructural: el desacople que existe entre la política social y la política económica.

Hacia la construcción de una agenda común: ¿por dónde empezar?

a) La dificultad de mutualizar los esfuerzos:

Para analizar las dificultades que existen a la hora de adoptar una agenda común en la región, es necesario, en primer lugar, entender que existen problemáticas específicas diferenciadas por subregiones como el Mercado Común del Sur (Mercosur), Centroamérica y el Caribe. Sin embargo, también hay ciertos rasgos comunes que permiten un tratamiento conjunto de algunas problemática; por ejemplo, la creciente transnacionalización de la agricultura y la consolidación de los agronegocios. De la misma forma, es importante el tratamiento de ciertos temas en ámbitos supranacionales, ya que en el largo plazo terminan permeando las agendas nacionales.

En la actualidad prevalece un gran desconocimiento sobre los conceptos manejados y las políticas implementadas en países vecinos, lo cual complica la posibilidad de avanzar en una agenda regional. Por otro lado, la desarticulación que predomina dentro de cada país en términos institucionales refuerza estas dificultades. Esta desarticulación genera tensiones en la región: por un lado, hay un eje Pacífico, abierto a las negociaciones comerciales con los países asiáticos; por otro, se encuentran los países del Mercosur, con mayor orientación hacia la región latinoamericana; y, finalmente, existe un grupo transversal de tendencia ecologista e indigenista que persigue la soberanía alimentaria. Una mejor comunicación, cooperación regional y atención a la sociedad civil serían, entonces, puntos claves para la elaboración de una agenda común.

b) Recomendaciones para una agenda regional común:

Una agenda debe servir para dar visibilidad a subregiones que hoy aparecen como marginales en la agenda, en particular la Amazonia, cuya importancia es crítica en lo que se refiere al cambio climático. En este sentido, también se requiere contribuir a la creación de una agenda común desde la academia, para una mayor comprensión de ciertos cambios que están teniendo lugar en la agricultura y su impacto, especialmente sobre las pequeñas unidades productivas. Por ejemplo, en lo que respecta a la biotecnología, las redes de producción y abastecimiento, o en la dieta de países consumidores.

En cuanto a los temas alrededor de los cuales se tiene que articular la agenda, se destacan la soberanía alimentaria –un concepto más amplio que el de desarrollo rural sobre el que ya están trabajando varios grupos–, la violencia contra las mujeres y los acuerdos económicos bilaterales en la región. En el ámbito rural, se debería dar visibilidad a la «agenda rural en temas no rurales»; por ejemplo, la problemática de la pobreza, especialmente en los aspectos no vinculados a la dimensión productiva, debe constituir un objeto de intervención. Asimismo, se puede trabajar sobre temas transversales que afectan a lo rural, como el cambio climático y la nutrición.