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Venezuela ante 2017: crisis sin salida a la vista

El desprecio de la mud por el chavismo descontento

Más allá de todas las justificadas críticas que puedan hacerse a los gobiernos de Maduro y Chávez, los representantes de la mud deberían reconocer la importancia histórica del chavismo para el país. Cuando el secretario general de la mud, Chuo Toro Alba, declara que la meta de la oposición no es extinguir al chavismo8, esto parece ser absolutamente inverosímil y es contradicho por líderes como Ramos Allup. Así ocurrió con una de las primeras medidas en su cargo como presidente del Parlamento, que fue hacer descolgar retratos de Chávez y Simón Bolívar y hacer comentarios despectivos al respecto. El mensaje que llegó al chavismo fue clarísimo: desean destruirnos. Con gestos, símbolos y retórica de este tipo, la mud y especialmente Ramos Allup han hecho su aporte para que el gobierno se cierre en lugar de abrirse.

Los representantes de la oposición hablan constantemente de transición, pero no han comprendido que el concepto implica concesiones a la otra parte y creen que la transición es solo un periodo hasta la toma de gobierno total e incondicional. Simultáneamente, a la alianza opositora le falta una idea clara de cómo sería el país bajo su dirección. Si bien la mud anuncia constantemente el cambio, carece de una narrativa que se diferencie de la vuelta al pasado de la Cuarta República (1958-1999) y que exprese claramente de qué forma cambiaría el país en un futuro. Los dirigentes de la mud deben responder en qué medida están distanciados de este pasado y por qué no representan solamente a las clases sociales más altas.

El argumento de los líderes de la mud suele ser que primero se debe restaurar la democracia, y luego, dentro de un marco democrático redefinido, se volverán a hacer claras las diferencias ideológicas entre los partidos. Este planteo sugiere que el chavismo se disolverá en el aire y pasa por alto que promueve la exclusión y se arroga el derecho a definir en soledad las reglas de juego de la competencia política. Así, la mud apuesta desde el comienzo a empujar al chavismo a un rincón radical y extremista. Esto no es justo con los sectores de la población que se sienten ligados al proceso iniciado por Chávez.

Muchos de los primeros partidarios del chavismo se apartan, decepcionados, del gobierno de Maduro, lo cual contribuye a la crítica general hacia la clase política y al rechazo de la elite política. El elevado porcentaje de «ni-ni» (ni gobierno ni oposición) subraya este fenómeno. La mud no ha convencido suficientemente a estos electores y la polarización entre el psuv y la mud hace difícil que terceras fuerzas, como el Movimiento al Socialismo (mas) o Marea Socialista, se posicionen como actores que tiendan puentes entre los dos bandos. La pérdida de confianza en la política de vastos sectores de la población es enorme. Al igual que antes, a la oposición le falta una oferta clara para los descontentos dentro del chavismo. La mud representa un corte claro y un rápido fin del proceso revolucionario iniciado por Chávez.

El legado de Chávez

A pesar de la severa crisis de Venezuela, la fe en Chávez y en la razón de su proyecto se mantiene viva en un núcleo duro de la población. Además, si bien la crisis política del país se expresa en la decadencia económica y social, la crisis del gobierno de Maduro tiene, en el fondo, menos que ver con la inflación y la escasez de alimentos que con la confianza que las bases han perdido en que los líderes políticos puedan solucionar estos problemas.

Chávez polarizó en gran medida a la sociedad venezolana. Influyó en la visión del mundo y las ideas de vida de sus partidarios de una manera que ellos desarrollaron como relación casi religiosa con él y, tras su muerte, lo veneran como una figura mesiánica. Esto ayuda también a la transfiguración de su política. Bajo el gobierno de Chávez la pobreza se redujo probadamente. Para muchas personas se hizo más fácil e incluso posible por primera vez el acceso a la atención médica, a prestaciones sociales y a instituciones educativas.

Pero esto no puede negar el hecho de que, desde un principio, su política carecía de sostenibilidad. A pesar del máximo boom petrolero de la historia venezolana, bajo el gobierno de Chávez tampoco hubo inversiones sostenibles en educación o en el mercado laboral. Los éxitos en política social se alimentaban desde un principio de subvenciones basadas en las rentas petroleras. Si bien Chávez se empeñó en reducir la dependencia venezolana del petróleo, en los 14 años de su mandato presidencial sucedió lo contrario: un fortalecimiento extremo de esa dependencia. El chavismo aumentó de forma intensa la dependencia de los ciudadanos respecto del Estado y la del Estado respecto del petróleo como materia prima. Su política social no era una ayuda para la autoayuda. Con controles de precios y de divisas, se cometieron, con el paso de los años, serios errores en la política económica y cambiaria, que ya desde 2010 (o sea, mucho antes de la caída mundial de los precios del petróleo de 2014) empeoraron la situación social de la población. Es por eso que ya antes de la muerte de Chávez era cada vez más difícil para su gobierno mantener las condiciones en las que se basaba este discurso. Sin embargo, Chávez inspiró confianza en muchas personas. Creó en algunos sectores de la población que durante toda su vida habían esperado ser escuchados la sensación de que él les daba voz. De ese modo llegó a personas que se sentían apartadas de la sociedad. En este sentido, Chávez le dio a una parte de la población la fe en un horizonte de vida mejor. Así, desde la perspectiva de sus partidarios, rompió la lógica dicotómica entre elites (arriba) y pueblo (abajo), al transmitir que con él el pueblo sería parte del gobierno. El legado de Chávez está, en este sentido, también en la politización tanto de una clase baja marginada como de una clase alta autosatisfecha. Ya no se puede dar marcha atrás con la inclusión de las clases sociales más pobres, cuya marginación había sido ocultada durante la Cuarta República y que Chávez llevó al espacio político. Y este mérito del chavismo debería ser reconocido por la oposición.

  • 8.

    Daniel García Marco: «‘Nuestro propósito no es extinguir al chavismo’: Jesús Torrealba, portavoz de la oposición en Venezuela» en bbc Mundo, 11/10/2016.