Tema central

A tu revolución le falta fresa

n n n

Pero volvamos al principio. Comenzamos, a propósito, con un texto literario –y además, de un cubano–, y decíamos que, en el cuento de Paz, hay más enseñanzas que en cientos de páginas de teoría política. Dice Avelar en su crítica a Safatle –y coincido– que la izquierda uspiana35 precisa visitar el Xingu, región indígena del Mato Grosso, para ver lo que sus aliados les hacen a los pueblos originarios y descubrir que tal vez su «universalismo hegeliano-marxista» sea menos universal de lo que parece36.

Podríamos agregar otras realidades que esa izquierda haría bien en conocer, pero, como el objetivo era pensar lecturas, decidimos anticipar desde el inicio una conclusión que ahora enunciamos: a veces precisamos buscar en la literatura lo que la teoría se muestra incapaz de decir. Dejar de lado, por un minuto, a los teóricos que se leen y comentan hasta el cansancio en ciertos círculos, todos hablando el mismo lenguaje, citando los mismos libros, revisitando los mismos temas, usando el mismo instrumental teórico y discutiendo con la misma gente en su burbuja; y aventurarse por los caminos desconocidos de la ficción, la crónica y el testimonio, que dan voz a los silenciados.

Debe haber buenos textos históricos sobre el fracaso y la degeneración autoritaria y corrupta de la revolución apoyada por cubanos y soviéticos en Angola, pero no creo que sean mejores que las novelas A geração da utopia, Mayombe, As aventuras de Ngunga o Predadores, de Pepetela. Debe haber libros para explicarles la revolución iraní a los sectores de la izquierda que aún admiran a la dictadura de los ayatolás, pero nada mejor que Joseph Anton, de Salman Rushdie. Mucho se ha escrito sobre el estalinismo y sobre el asesinato de Trotski, pero me quedo con El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura.

Del mismo modo, ante la falta de mejores formulaciones teóricas que los ayuden a conocer a esos maricones a los que nunca entendieron –hace falta empatía antes que teoría–, les recomiendo leer algunas novelas y cuentos de temática lgbt. Hay muchos autores; en una lista arbitraria, justificada apenas por el gusto personal, menciono a Pablo Simonetti, Osvaldo Bazán, David Leavitt, Eduardo Mendicutti, Manuel Puig, Annie Proulx, Michael Cunningham, Jaime Bayly, David Rees, John Boyne o Marguerite Yourcenar. Por ejemplo, para enfrentar los prejuicios de algunos textos teóricos que analizamos en este artículo, lean las novelas Mientras Inglaterra duerme, de David Leavitt, y La más maravillosa música, de Osvaldo Bazán, que hablan de esa relación conflictiva entre la izquierda y los gays, como lo hizo Senel Paz y, claro, Reynaldo Arenas.

Cierro este artículo con una novela de Bazán37, por los mismos motivos que me llevaron a abrirlo con el cuento de Paz. Osvaldo cuenta la historia de amor de Héctor y Rubén en la violenta Argentina de los años 70. Uno, un pibito lindo con flequillo rebelde, desenfadado, lleno de ganas de vivir un mundo nuevo; un militante «de formación marxista» que en esos años se va acercando al peronismo revolucionario; «un puto con conciencia de clase» que participa del Frente de Liberación Homosexual, una de las primeras organizaciones políticas gay de Argentina. «Amar libremente en un país liberado». El otro, hijo de la burguesía terrateniente que renegó de su herencia y su linaje para asumir la causa del proletariado como propia; un chongo que dice que no es homosexual y le cuesta saber que sí lo es; doblemente clandestino, por su amor por Héctor y por su militancia en la guerrilla peronista; un tipo bueno, deseable, lleno de contradicciones, que cree profundamente que el pueblo siempre será más importante que él mismo.

Es una historia de amor de dos militantes –en una época en la que militar era arriesgar la vida–, cuyo amor era tan subversivo para el enemigo como para los compañeros. «El pueblo no es puto», le dice Alfredo, su cuñado y jefe político dentro de la orga, a Rubén, que parece obligado a elegir entre la militancia y el deseo, entre Héctor y la Patria, entre su deber como revolucionario –al que Moreno dedicaría sus enseñanzas «morales»– y su deber como hombre. «No estamos para pendejadas, la liberación, ¿ves la liberación? Está ahí, ahí, fijate, en la esquina, la ves, ¿está buena, no? ¡Mirá qué tetas tiene la liberación, hermano!».

La familia, el capitalismo, la Iglesia, los militares, el imperialismo... pero también el futuro por el que luchan, el mundo por el que se juegan la vida. ¿El hombre nuevo tampoco los entiende? Una frase del narrador lo dice todo, de una forma que, mientras continúe siendo cierta, será como un abismo: «La revolución se desnudaba reaccionaria frente a sus ojos. Si los compañeros ganaban, él continuaría siendo un oprimido».

  • 35.

    Referencia a la elite académica progresista de la Universidad de San Pablo (usp).

  • 36.

    I. Avelar: ob. cit., p. 150.

  • 37.

    O. Bazán: La más maravillosa música. Una historia de amor peronista, Perfil Libros, Buenos Aires, 2002.