Tema central

A tu revolución le falta fresa

Para Fraser, «no toda ausencia de reconocimiento es un resultado secundario de la mala distribución, o de la mala distribución agregada a la discriminación legal»27; «no toda mala distribución es un subproducto del no reconocimiento»28. Es por ello que ni los teóricos de la distribución ni los del reconocimiento tuvieron éxito en sus intentos de subsumir las preocupaciones de los otros. La solución, para Fraser, es desarrollar una concepción amplia de justicia basada en la posibilidad de las personas de participar en condiciones de igualdad en la vida social29, para que distribución y reconocimiento puedan ser vistos como dimensiones mutuamente irreductibles de la justicia30 –algo diferente de la irreductibilidad unilateral propuesta por Bensaïd–.

A pesar de reconocer que sus argumentos son «sólidos», Bensaïd cuestiona las «fórmulas evasivas» de Fraser sobre la relación entre las injusticias de reconocimiento y los modos de producción31. Volviendo a Marx, critica que, al disociarlos, «nos contentamos en corregir las discriminaciones y rectificar la mala distribución, sin tener que revolucionar las relaciones de producción y, por lo tanto, las relaciones de propiedad»32. Así, advierte, la reconciliación entre izquierda cultural e izquierda socialdemócrata no sale de «los límites fijados por el despotismo de mercado». Más adelante, reconoce a la crítica «posmoderna» la virtud de estimularnos a «no tratar la diferencia y la alteridad como aditivos accesorios a la crítica de la economía política»33, pero cuestiona que el «yo múltiple» de la posmodernidad, al reducir la totalidad a «migajas» (pertenencias de clase, género, etnia, nación), no admita que aún existe una gran narrativa: «la del Capital ventrílocuo, sujeto tiránico impersonal de la escena desolada del mundo», del cual los individuos son, aun contra su voluntad, los órganos y miembros, lo que perpetúa la ideología dominante34.

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La lectura crítica de textos teóricos podría continuar más allá de la extensión de este artículo. Nuestro objetivo inicial era recomendar lecturas para la izquierda, pero preferimos hacer primero una crítica a parte de lo que esta efectivamente lee. Porque hace falta leer críticamente a algunos autores para entender cuán profundo es el pozo en que parte de la izquierda se está enterrando, por su incapacidad para dialogar con sufrimientos, expectativas y demandas que no entiende porque no las describió Marx en el siglo xix, algo de lo que sería muy injusto culpar a Marx.

Muchos autores, cuando no subestiman o desprecian directamente las luchas contra las opresiones no-de-clase, insisten en que su superación depende directamente del fin del capitalismo y que fueron por él producidas, aunque la evidencia histórica muestre otra cosa: que existían desde mucho antes del capitalismo, permanecieron intocadas o hasta empeoraron en muchos países socialistas y hubo contra ellas avances significativos en sociedades capitalistas, como resultado de luchas políticas y sociales que Safatle o Žižek llamarían, con cierto desdén, «culturales». Y cuando esto último queda en evidencia, denuncian que se trata de un engaño, una trampa del capital para distraernos, pinkwashing, pinkmoney.

Muchos no comprenden que, si es cierto que en el capitalismo esas opresiones se entrecruzan y se potencian con las de clase –como en las repúblicas soviéticas se entrecruzaban y potenciaban con la falta de libertades democráticas y otras formas de opresión–, ese «recorte de clase» que reclaman es apenas eso, un recorte, y como tal solo será útil, inclusive para quienes aspiran a superar el capitalismo, visto como parte de una realidad más compleja. Las corrientes de izquierda que comprendieron esto son acusadas de «reformistas», «liberales», «posmodernas», «multiculturalistas», «identitarias», etc.; términos usados de forma vulgar, con sentido siempre negativo y a veces inclusive como sinónimos. La acusación de fondo es que estas corrientes no son más de izquierda, porque implican admitir un enunciado tabú: que hay vida más allá de la lucha de clases.

En parte por esa forma de pensar –aunque no solo por ella–, muchos autores marxistas y corrientes de izquierda han tratado como niños mimados a algunos gobiernos retrógrados, autoritarios, machistas, homofóbicos y antisemitas de América Latina (Venezuela, Ecuador, Nicaragua) y aún miran con simpatía a algunas dictaduras teocráticas de Medio Oriente, porque comparten con ellas su enemistad con Estados Unidos e Israel. En Brasil, donde escribo, muchos justificaron también –en nombre de la primacía de las cuestiones de clase– las alianzas del lulopetismo con el fundamentalismo neopentecostal, que lo llevaron a postergar todas las reivindicaciones descalificadas por «identitarias»… Pero el pt también se alió con el sistema financiero, el agronegocio y las grandes constructoras y dejó la lucha de clases para otro día.

Y, en parte también por esos problemas, una porción de la izquierda tuvo dificultades para entender las masivas protestas de junio de 2013 en Brasil, la «primavera árabe» y la resistencia de jóvenes y mujeres contra las dictaduras teocráticas islámicas, las movilizaciones de millones de mujeres contra Trump, las gigantescas marchas por «Ni Una Menos» en Argentina, el empoderamiento político de la comunidad lgbt y su lucha por el matrimonio igualitario y el reconocimiento de la identidad de género de las personas trans, la resistencia de los pueblos indígenas brasileños contra la usina de Belo Monte, las rebeliones de los negros de eeuu contra el racismo institucional y otras luchas que se gestaron fuera de los sindicatos obreros, las huelgas generales y los partidos clasistas y que, por eso mismo, no encuentran explicación en sus manuales.

No se trata de negar la relevancia de los conflictos de clase, sino de entender que estos existen junto a muchos otros que no son menos relevantes ni están subordinados a aquellos. Algo que, en buena parte de los textos teóricos que parte de la militancia de izquierda tiene en su mesita de luz, ha sido subestimado o directamente rechazado.

  • 27.

    N. Fraser: «Reconhecimento sem ética?» en Lua Nova No 70, 2007, p. 116.

  • 28.

    Ibíd., p. 117.

  • 29.

    Fraser pone el acento en las consecuencias objetivas de la falta de reconocimiento, en detrimento de las consecuencias subjetivas que son enfatizadas por otros autores, un aspecto que no vamos a abordar a aquí, aunque nos parezca que descuida una parte del problema.

  • 30.

    N. Fraser: ob. cit., pp. 118 y 123.

  • 31.

    D. Bensaïd: ob. cit., p. 49.

  • 32.

    Ibíd., p. 50.

  • 33.

    Ibíd., p. 84.

  • 34.

    Ibíd., p. 86.