Tribuna global

Terapia de shock color azafrán El nacionalismo hindú divide a la sociedad india

Esta desigualdad social vertical complementa visiblemente la disparidad social horizontal del interior y el exterior en los términos del hindutva: sus líneas divisorias pasan entre el «interior» del Hindu-Rashtra y el «exterior» de este imperio indio al cual pertenecen todos los no hinduistas. Pueden notarse tendencias severas a la fractura social también en la época de las grandes reformas económicas de 1991: la primera liberalización del mercado en la India poscolonial desató «de forma dramática un horrendo nacionalismo religioso»16, en el que la mayoría de las veces los musulmanes indios eran discriminados como «lo otro», como lo «no indio» (por no ser hinduistas). Para numerosos observadores quedó entonces claro que quien no quiera hablar del cambio neoliberal debería callar también acerca de la azafranización de la sociedad india.

El cambio neoliberal y el modelo de desarrollo de Gujarat

Modi se dedicó por completo a articular nacionalismo hindú y política económica neoliberal ya cuando era jefe de gobierno del estado de Gujarat, donde entre 2001 y 2014 pudo ejercitar a escala lo que entiende por política amigable con la economía. Pudo presumir de tasas de crecimiento relativamente elevadas, con un promedio entre 2000 y 2010 de 9,8%, mientras que el promedio de la India fue de 7,7. Si bien el auge económico llevó a un alto crecimiento, no se tradujo en progreso social ni en una óptima participación. El crecimiento, pues, no fue percibido en Gujarat por la mayoría de los pobres, tal como señala la economista india Jayati Ghosh. Sucede que, en nombre del modelo de desarrollo de Gujarat, se atrae a grupos empresariales multinacionales con rebajas impositivas, subvenciones, créditos blandos, bajos precios de terrenos y un derecho laboral amigable con el empresario. Al mismo tiempo, ni los salarios ni las condiciones de trabajo, y tampoco la educación escolar ni la salud, tuvieron un progreso sostenible. No sorprende que Modi ya entonces fuese muy elogiado debido a su modelo de desarrollo por parte de economistas neoliberales como Jagdish Bhagwati. Aparentemente no les molestaba que este modelo estuviese marcado por la política autoritaria «propia de los hacendados» con la que se imponen los grandes proyectos industriales y de infraestructura. También es notorio que las rebajas impositivas para inversores y grupos empresariales internacionales, así como los créditos blandos, se paguen con drásticos recortes en infraestructura social (especialmente en salud y educación) para asegurar la ventaja de localización del Vibrant Gujarat.

Después de que Modi fuera elegido primer ministro, algunos economistas neoliberales vieron que había llegado la oportunidad de introducir en todo el país la «Modinomía». Este programa incluye más desregulaciones, por ejemplo en los sectores bancario, de informática y telecomunicaciones y de seguros. Además se privatizarán algunas partes de la industria petrolera y petroquímica, Indian Railways (la compañía estatal de ferrocarriles), minas de carbón e instituciones educativas. Modi también impulsa proyectos fundamentales de infraestructura, como aeropuertos, puertos y líneas ferroviarias de alta velocidad, al igual que la promoción de las energías solar, atómica y térmica (carbón). Rápidamente se están construyendo otras zonas económicas especiales y corredores industriales (por ejemplo, entre Delhi y Mumbai); el gobierno apuesta también a una masiva ampliación de la agroindustria. Además, en la actualidad se están levantando unas 100 «ciudades inteligentes», que se destacarán especialmente por la digitalización y la gobernanza electrónica. Modi pretende también incrementar significativamente las inversiones en el sector de armamento para hacer de la India un exportador de equipamiento militar. Mientras tanto, el área social seguirá siendo, como tantas veces, la única que deberá ceñirse a la «disciplina presupuestaria» obligatoria. Esto afecta sobre todo a los fondos de ayuda a grupos discriminados, como los adivasi y los dalits, que sufrirán recortes, al igual que los programas estatales de protección social, que benefician especialmente a la población rural.

La oposición política critica estos recortes y los califica de «hostiles a los pobres» y «favorables a los grupos empresariales». De todos modos, en medio de la euforia general del creciente orgullo nacional, es poco el eco que encuentra la oposición en temas sociales. Modi y el bjp se apoyan en considerables pronósticos de crecimiento –a pesar de los trastornos esperables de la terapia monetaria de shock– y en mejores condiciones para la inversión, sobre todo en el marco de la campaña Make in India, que ofrece grandes beneficios impositivos a las empresas. De este modo, legitiman desregulaciones y privatizaciones adicionales, que serán incluso de mayor magnitud que las de la gran ola de privatizaciones de la década de 1990.

Pero el crecimiento económico de los últimos años se debe en su mayor parte al sector de los servicios. Comenzó en ramas de la economía que generan demasiado poco empleo como para contener al ejército de jóvenes que buscan trabajo. Así, el desarrollo económico eludió uno de los problemas fundamentales de la sociedad india: casi la mitad de los indios tiene menos de 25 años de edad. Y, ahora como antes, la mayoría de las personas tiene un empleo precario. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (oit), 92% de ellas tiene un trabajo informal. El gran crecimiento económico no significa, pues, ningún bienestar creciente para la gente en general ni prosperidad para la sociedad en su conjunto. No les falta razón, entonces, a los críticos del gobierno cuando dicen que la mayoría de la gente casi no participa de ese crecimiento. De hecho, el múltiplemente elogiado modelo de desarrollo de Gujarat impuesto por Modi ha mejorado poco la situación de la población local. El estado de Gujarat se ubica, según datos oficiales del censo, en la mitad de la lista: tiene el puesto 18 entre 35 territorios de la Unión y estados registrados. Gujarat tampoco se destaca en alfabetización: mientras que allí sabe leer y escribir 79% de los habitantes, en el estado de Kerala sabe hacerlo casi 94%. La salud exhibe un panorama similar. Al igual que en el resto del país, la atención sanitaria se está convirtiendo cada vez más en un privilegio de los ricos; en la comparación a escala nacional, Gujarat está entre los estados con menores erogaciones en salud. Desde 2001-2002, el gobierno solo ha destinado un magro 3% de su presupuesto al sistema de salud. En Gujarat, además, la población rural casi no tiene acceso a instituciones de salud, y poco menos de 59% cuenta con un retrete. No parece ser un buen resultado para este estado modélico.

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    A. Vanaik, cit. en D. Müller: ob. cit., p. 109.