Tema central

¿Tecnología para la liberación o instrumento de propaganda?

Cuanto más pequeña y menos desarrollada es una comunidad de Twitter en la región, más predominan los activistas de la sociedad civil y las voces críticas del presente. Esas comunidades pequeñas siguen existiendo en Argelia, Marruecos, Túnez o Jordania. En países como Arabia Saudita, donde se encuentra la comunidad de Twitter más grande del mundo árabe en proporción a la población, o también en Egipto, la cosa es distinta. Con el crecimiento meteórico de Twitter y su consiguiente aumento de visibilidad, también se registró un fuerte incremento de los esfuerzos gubernamentales por recortar las libertades digitales y por usar las redes con fines de propaganda –sobre todo recurriendo a bots–. De ese modo, las voces moderadas o los activistas por los derechos humanos quedaron marginados. Pero esto último también se debió a que, a partir de 2011, cada vez más usuarios se registraron en Twitter debido a la popularidad creciente de esa red.

Sin embargo, en nuestros casos la influencia que un usuario podía tener en un debate no estaba determinada solo por su cantidad de seguidores. Lo más determinante era la «calidad» de esos seguidores. Los medios internacionales y locales, los funcionarios de gobierno o las grandes organizaciones que integraban una red contribuían a fortalecer el efecto de un determinado mensaje y a trasladarlo a la esfera internacional. En el caso de Argelia, la comunidad de Twitter local y los medios internacionales no actuaron en forma separada, sino que se retroalimentaron en forma permanente. En este caso, una red de Twitter integrada por activistas argelinas, iconos antiglobalización y activistas ambientales, junto con medios internacionales, ayudó a otorgar visibilidad internacional a un acontecimiento muy alejado de la esfera pública mundial.

Los problemas están offline

La contracara de la visibilidad de los debates en Twitter son los intentos de manipulación. En el caso del debate por la intervención árabe en Yemen, dos usuarios –que decían estar en Saná y que tienen más de 100.000 seguidores– comenzaron a dominar la discusión árabe a partir de abril de 2015. Enviaron por Twitter noticias prosauditas y difamaron a los hutíes, opositores de los sauditas, en la capital yemení. Dada la gran cantidad de seguidores con que contaban, en su mayoría en los países del Golfo, estas cuentas lograron influir con fuerza en el debate. Contra la gran mayoría numérica de usuarios de Twitter provenientes de los países del Golfo, un discurso prohutí prácticamente no tenía chances. A esto se suma que detrás de una parte de las cuentas de Twitter sauditas no había personas, sino bots, que a través de la masa guiaban los ánimos en un determinado sentido.

La amplitud de temas e informaciones en las redes sociales en todo el mundo árabe es mucho mayor que en los medios clásicos, en su mayoría controlados por el Estado, a los cuales no puede atribuírseles una fidelidad muy profunda hacia los hechos. Aunque tanto Arabia Saudita como Egipto se caracterizan por la censura a las redes sociales, Twitter continúa ofreciendo un cierto margen para que los opositores se expresen. Aquí las voces y las demandas de grupos marginales o activistas por los derechos humanos siguen siendo fuertes, e incluso alguien como Abdelfatah Al-Sisi se vio obligado a reaccionar frente a los ataques sexuales en 2014 como consecuencia de los debates en las redes sociales.

En Estados autoritarios, las posiciones moderadas y liberales coexisten en las redes sociales con las radicales y antiliberales, y la información fidedigna sobre procesos políticos convive con la desinformación política y la propaganda radical. Por lo tanto, no es de extrañar que en las democracias liberales la infraestructura de esas redes –en su intento de influir y manipular discursos– también sea utilizada por aquellos que ostentan posturas antiliberales.

Esta imagen absolutamente mixta de los direccionamientos políticos y de los efectos de los debates en Twitter demuestra que condenar las redes en forma generalizada es tan inadecuado como endiosarlas. Las consecuencias negativas de Twitter dependen no solo de la plataforma, sino también de las opiniones políticas y sociales de sus usuarios. Dado que ambos se encuentran en una relación de interacción recíproca, las influencias destructivas de las redes también constituyen un síntoma de problemas que deben abordarse por fuera de ellas.