Tema central

Segunda página 256

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Ocuparse de las tareas domésticas, cuidar a los niños y a los ancianos (propios y ajenos), en definitiva, dedicarse a la reproducción de la vida. Estos trabajos, remunerados o no, han sido invisibilizados por la economía convencional, e incluso por la economía crítica o heterodoxa. Frente a eso, lo que hoy se denomina «economía del cuidado» ha puesto allí el foco, para iluminar el rol que el trabajo de cuidado tiene en la propia reproducción del sistema capitalista. Los artículos publicados en las siguientes páginas hacen hincapié en cómo el trabajo de cuidado no remunerado que se realiza dentro de los hogares (mayoritariamente a cargo de las mujeres) constituye un subsidio a la tasa de ganancia y la acumulación del capital, una transferencia desde el ámbito doméstico hacia la economía mercantil. Pero, al mismo tiempo, su injusta distribución en el interior de los hogares –y hoy a escala global– determina las relaciones inequitativas de género que rigen el mundo –y la economía– actuales.

En este marco, y desde perspectivas de género, un nuevo conjunto de términos se propone nombrar este trabajo invisibilizado, como un primer paso en una discusión más amplia sobre la igualdad y la justicia. A estos debates se dedica el tema central de este número de Nueva Sociedad: ¿cómo podría redistribuirse este trabajo? ¿Qué papel debería cumplir el Estado? ¿Cómo superar el sesgo androcéntrico de miradas que atribuyen al homo economicus características que se consideran universales para la especie humana, pero que sin embargo son propias de un ser humano varón, blanco, adulto, heterosexual, sano y de ingresos medios? ¿Cómo pensar las dimensiones afectivas involucradas en estas tareas, que limitan la eficacia del desarrollo tecnológico tout court para resolver el problema del cuidado? En síntesis: ¿cómo debería repensarse la economía en su conjunto desde una perspectiva feminista?

Como explica Corina Rodríguez Enríquez, «la economía feminista es una corriente de pensamiento heterodoxo preocupada por visibilizar las dimensiones de género de la dinámica económica y sus implicancias para la vida de las mujeres»; en ese marco, «su noción de economía del cuidado ha contribuido a actualizar el debate feminista sobre las formas de organización de la reproducción social y reconocer su impacto en la reproducción de la desigualdad». El artículo de Valeria Esquivel aborda a su turno el debate normativo alrededor del cuidado, revisa las agendas vigentes en América Latina y señala algunas tensiones en su implementación. El texto sintetiza parte de los desafíos en las «tres r» involucradas en estas agendas: reconocimiento, reducción, redistribución. Estas tres erres involucran una complejización de la mirada acerca del trabajo de cuidado, así como la visibilización de su rol en el sistema económico y la discusión feminista sobre quién se encarga de hacerlo. Como advierte Vivianne Ventura-Dias en su artículo, que aborda el caso de Brasil, «en el proceso de dar y recibir cuidado, los hombres y las mujeres establecen vínculos dependientes que involucran jerarquías y relaciones de poder».

Se trata de una discusión que no solamente va en contra de la economía ortodoxa: las propias izquierdas –incluso las radicales– han subestimado esta cuestión. El artículo de Silvia Federici se enfoca en ella desde el análisis y la discusión respecto del cuidado de los mayores, una problemática de creciente importancia en el mundo desarrollado. La autora sostiene que «no es innovación tecnológica lo que se necesita para afrontar la cuestión del cuidado de los mayores. Lo que se necesita es una transformación de la división social y sexual del trabajo y, por encima de todo ello, el reconocimiento del trabajo reproductivo como trabajo».

Se trata de una cuestión que, en efecto, nos conduce al núcleo de las desigualdades, pero que ha sido poco desarrollada incluso por el pensamiento radical: en el desarrollo de su argumento, Federici rastrea los déficits de las izquierdas hasta la propia obra de Karl Marx.

Sin duda, la problemática de la «economía del cuidado» puede articularse con varios problemas críticos contemporáneos, como por ejemplo la sostenibilidad ambiental y la transición ecológica y social hacia modelos de sociedad más justos e igualitarios. Para Cäcilie Schildberg, la visión de una economía caracterizada por la sostenibilidad y el cuidado obliga a modificar la perspectiva y a producir un cambio radical en la racionalidad imperante. Asimismo, Maristella Svampa se concentra en los feminismos del Sur y en el ecofeminismo y sostiene que, en estos casos, «el lenguaje de valoración de las mujeres, enmarcado en la cultura del cuidado, tiende a expresar un ethos procomunal potencialmente radical, que cuestiona el hecho capitalista desde el reconocimiento de la ecodependencia y la valoración del trabajo de reproducción de lo social». Desde Ecuador, Cristina Cielo y Cristina Vega leen a Silvia Federici, especialmente su obra más conocida: Calibán y la bruja, y dialogan con sus propuestas interpretativas sobre las mujeres y el capitalismo para cuestionar el modelo de desarrollo extractivista ecuatoriano.

Francisca Pereyra examina uno de los sectores claves de la economía del cuidado: el de las empleadas domésticas, y echa luz, mediante entrevistas, sobre una serie de imaginarios sedimentados tanto entre empleadas como entre empleadores (y empleadoras) que degradan este tipo de trabajo, a veces de forma inconsciente. Ana Ortega, finalmente, escribe sobre otra faceta de lo que hoy se llama «cadenas globales del cuidado», y para ello, analiza la crisis humanitaria de menores migrantes no acompañados provenientes del triángulo norte de Centroamérica, especialmente en el caso de Honduras, así como en la feminización de las migraciones.

Se trata de un debate que, pese a que aún es marginal a la economía y las ciencias sociales establecidas, va ganando espacio como parte de los cuestionamientos al sistema imperante y de la búsqueda de alternativas en favor de sociedades menos jerárquicas, desiguales y mercantiles.