Coyuntura

¿Se podrá sostener el auspicioso comienzo?

Aunque enfrenta una agenda compleja, que incluye una profunda crisis económica, dos guerras y problemas en Oriente Medio, el gobierno de Barack Obama ha decidido prestarle una atención renovada a América Latina: sus contactos con líderes de la región, los cambios en algunas políticas (en especial, en relación con Cuba) y su participación en la última Cumbre de las Américas ilustran esta estrategia. El enfoque del nuevo gobierno se basa en la decisión de dejar de lado los anuncios rimbombantes y concentrarse en algunos temas particulares, explorar un trato país por país que reconozca las particularidades nacionales y abandonar la omnipresencia de la «lucha contra el terrorismo» para enfatizar temas como las migraciones, el narcotráfico y la energía. Que esta estrategia se mantenga y profundice dependerá de la capacidad de Obama para enfrentar la crisis económica, del ambiente internacional y del complejo juego de los grupos de interés en Washington.

¿Se podrá sostener el auspicioso comienzo?

Hace muchas décadas que un gobierno estadounidense no enfrentaba una agenda tan desalentadora como la que debe abordar la nueva administración liderada por Barack Obama: una profunda recesión económica, instituciones financieras al borde del colapso y una larga serie de problemas nacionales acumulados, además de dos guerras, peligrosas confrontaciones con Corea del Norte e Irán, tensas relaciones con Rusia, una posible implosión en Pakistán y el filoso impasse palestino-israelí, entre muchos otros conflictos externos.En estas circunstancias apremiantes, pocos analistas preveían que el gobierno de Obama prestara demasiada atención a América Latina y el Caribe. Ninguno de los países de la región constituye una amenaza inminente para la seguridad nacional de EEUU ni puede compararse remotamente a los posibles problemas de seguridad que representan Irán, Pakistán, Afganistán o Corea del Norte. Ninguno de los países latinoamericanos tiene probabilidades de convertirse en blanco o fuente importante de actividades terroristas internacionales. Durante su candidatura presidencial, Obama habló poco de América Latina: se limitó a un discurso general sobre la región (ante una organización cubano-estadounidense en Miami), adelantó la propuesta de nombrar a un embajador especial para América Latina y sugirió, durante la campaña por las elecciones primarias, la necesidad de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), además de algunos comentarios imprecisos en el sentido de no apoyar el aval legislativo a los Tratados de Libre Comercio (TLC) con Colombia y Panamá, que todavía no tienen la ratificación del Congreso estadounidense.

No obstante, durante su primer mes de mandato, el gobierno de Obama mostró un interés activo en América Latina y el Caribe. Como presidente electo, Obama se reunió con solo un líder extranjero: el presidente mexicano Felipe Calderón. Más tarde, el primer visitante extranjero recibido en la residencia de Camp David fue el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Del mismo modo, la primera reunión de la secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton, con un mandatario extranjero fue con el primer ministro de Haití, René Préval. Por su parte, el vicepresidente Joseph Biden visitó Chile y Costa Rica en marzo pasado. Finalmente, Clinton, el jefe de Estado Mayor Conjunto Michael Mullen, el procurador general Eric Holder y la secretaria de Seguridad Interior Janet Napolitano viajaron a México cuando aún no se habían cumplido los tres primeros meses de gobierno, antes del viaje realizado por el mismo Obama.

Por otra parte, Obama anunció en abril iniciativas relacionadas con Cuba para eliminar las restricciones en materia de viajes y remesas para los ciudadanos cubano-estadounidenses, que además abren la puerta a posibles inversiones para la mejora de las comunicaciones con la isla. El propio presidente pidió un «nuevo comienzo» en las relaciones entre ambos países, y el Departamento de Estado no tardó en iniciar conversaciones preliminares con los funcionarios cubanos a fin de analizar las perspectivas para mejorar los vínculos bilaterales y, más tarde, reanudar las consultas sobre cuestiones migratorias, suspendidas desde hace tiempo. Aunque no se realizaron acciones concretas para aprobar los TLC con Colombia y Panamá, los funcionarios del gobierno de Obama tomaron distancia de la posición negativa sugerida durante la campaña y dieron indicaciones de que la aprobación posiblemente se produzca en los próximos meses. Finalmente, hay que mencionar la participación de Obama en la V Cumbre de las Américas, realizada a mediados de abril en Trinidad y Tobago: gracias al hábil papel que desempeñó, el presidente obtuvo elogios casi unánimes de los líderes latinoamericanos.

¿Por qué el nuevo gobierno estadounidense demuestra un interés tan fuerte en América Latina y el Caribe? ¿Cuáles son las razones más importantes de este nuevo enfoque? ¿Será posible estructurar, implementar y sostener en el tiempo estas iniciativas? ¿O esta atractiva etapa declamatoria terminará en la práctica reducida a una vuelta a los enfoques anteriores?

La importancia de América Latina para EEUU

Aunque la V Cumbre de las Américas figuraba en el calendario desde antes de la asunción de Obama, la principal razón que explica esta temprana decisión de mejorar las relaciones con América Latina es una percepción del flamante equipo de funcionarios: ellos consideran que, aunque los países latinoamericanos y caribeños no implican cuestiones urgentes para EEUU, serán cada vez más importantes para el futuro del país. Esta percepción fue tempranamente instalada en EEUU en los meses finales de 2008, cuando México experimentó una ola de homicidios y violencia entre el gobierno y los carteles del narcotráfico. Esto despertó una creciente atención en los medios y los decisores políticos estadounidenses y generó nuevas especulaciones acerca de las consecuencias directas que producen en EEUU los problemas mexicanos.

El caso de México muestra que la importancia cotidiana de América Latina para EEUU no se debe a los antiguos axiomas sobre la seguridad de Occidente, las amenazas extrahemisféricas y la solidaridad panamericana, sino a cuatro motivos mucho más actuales y concretos.

El primero es el de las fronteras, cada vez menos precisas, entre EEUU y algunos de sus vecinos más cercanos, especialmente México y los países de América Central y el Caribe, como resultado de la migración masiva y sostenida y de la creciente integración económica. Esta interdependencia económica y demográfica ha dado lugar a problemas complejos, que involucran aspectos nacionales e internacionales, denominados «intermésticos» (intermestic): de la educación bilingüe al cuidado de la salud, de las remesas a las licencias de conducir, de las pandillas de jóvenes a las jubilaciones transferibles y del tráfico de drogas al tráfico de armas y personas. El gobierno de Obama sabe que no puede pasar por alto estos problemas pues resultan prioritarios para los habitantes de su país.