Tema central

¿Qué hacer con los sectores medios? Coaliciones sociales, bienestar y socialdemocracia en la periferia capitalista

Desde esta perspectiva, una mayoría puede apoyar a la izquierda en los procesos redistributivos, siempre que considere que los beneficios que obtendrá de la redistribución serán mayores que los costos que se encuentran asociados a ella15. Desde mi punto de vista, la sustentabilidad de la coalición redistributiva depende de articular una mayoría electoral que incluya a algunos individuos pobres y a otros no tan pobres. Esto implica que a veces la izquierda debe nutrirse del apoyo electoral de los sectores medios o medios bajos para alcanzar una mayoría electoral.

En todas las economías capitalistas desarrolladas, para construir una coalición redistributiva mayoritaria es necesario articular los intereses de algunos individuos pobres y de al menos algunos sectores medios y medios bajos. La razón es muy sencilla: como puede apreciarse en el cuadro 3, en las economías capitalistas más desarrolladas existe un diferencial de ingresos bastante importante entre los individuos más pobres (decil 1) y los individuos ubicados en los sectores medios (decil 5).

Esto genera algunos dilemas de acción colectiva. Para asegurar una mayoría ciudadana, es necesario articular bajo la misma propuesta política al menos a los deciles 1 y 5 (y a todos los que se encuentran en el medio). Como las diferencias de ingreso dentro de esta coalición son bastante grandes, puede resultar complicado conformar a todos los intereses: si se propone una redistribución demasiado radical o progresiva, los sectores medios pueden sentirse perjudicados y abandonar la coalición redistributiva; si la redistribución es demasiado moderada, pueden alejarse los más pobres.

Si bien este es un problema notorio en los países más ricos, en algunos países de América Latina las diferencias entre sectores medios y sectores pobres pueden no significar tantas dificultades para la izquierda. Esto podría suceder por dos grandes razones. En primer lugar, puede ocurrir que los beneficios a obtener de la redistribución sean tan grandes que amortigüen las dificultades de articulación. Esto puede suceder cuando existen grandes recursos naturales pasibles de redistribución sin que impliquen costos para la mayoría, como sucede con los hidrocarburos en Bolivia, Ecuador o Venezuela. Por eso caracterizo a la izquierda de estos países como «izquierda nacional rentista»16.

La segunda gran razón por la cual las diferencias de intereses entre los sectores medios y pobres pueden no resultar trascendentes es muy sencilla. Ocurre a veces que las personas en situación de pobreza son tantas que alcanzan para erigirse en sí mismas como una mayoría redistributiva, sin necesidad de coaligarse con los sectores medios. Esto sucede en muchos países de América Latina, sobre todo en aquellos de desarrollo humano más bajo y menor dinamismo económico.

Pero a veces los sectores pobres necesitan coaligarse con los sectores medios o medios bajos para construir una mayoría. Esto sucede sobre todo en los países de desarrollo económico más alto, donde la incidencia de los sectores medios en el reparto del ingreso es más alta y la economía muestra un gran dinamismo. En general, los sectores medios de los países más dinámicos, como por ejemplo Chile, ven mejorar su situación económica con el paso del tiempo, y eso los vuelve reticentes a una redistribución demasiado radical si esta llegara a afectar su situación personal.

En síntesis, en los países latinoamericanos de mayor desarrollo socioeconómico estos dilemas están presentes. Allí existen sectores medios con ingresos bastante mayores que los de los más pobres, y la izquierda necesita integrarlos si quiere redistribuir de forma sustentable el ingreso. Si los sectores medios y medios bajos se volcaran mayoritariamente a la derecha, la izquierda podría encontrar grandes dificultades para acceder al gobierno.

Ahora bien, el riesgo de desarticulación entre los sectores pobres y medios varía según el país, aun dentro del grupo de países de mayor desarrollo relativo. Desde mi punto de vista, este riesgo aumenta cuando el diferencial de ingresos entre los sectores medios y los sectores bajos es muy grande. También cuando la estructura de bienestar público se encuentra segmentada y los grupos medios acuden al sector privado para cubrir sus riesgos, como anotaban Korpi y Palme para el caso de los países desarrollados.

Desde esta perspectiva, la situación de la izquierda y el bienestar en los países de desarrollo humano alto de América Latina no es homogénea. Como puede apreciarse en el cuadro 4, los diferenciales de ingresos entre los sectores medios y pobres son variados. También es muy variable el gasto público social. Creo que ambos factores combinados pueden servir como una primera aproximación para evaluar el potencial que tiene un país para articular una coalición redistributiva que mantenga contenida la desigualdad. Los países con mayor gasto público social parten de una fortaleza importante para articular una coalición redistributiva coherente. En estos casos, el Estado y la lógica redistributiva desempeñan un rol social importante en la vida y el bienestar de un amplio número de individuos. Asimismo, las posibilidades de articular una coalición mayoritaria coherente deberían ser mayores cuando el diferencial de ingresos entre el decil 5 y el decil 1 es más pequeño. Por eso la tercera columna del cuadro 4, que divide el gasto público social por el diferencial de ingresos, nos permite un acercamiento al menos rudimentario al potencial redistributivo socialdemócrata de cada país.

Ambos factores combinados (el diferencial de ingresos entre sectores medios y pobres, y la importancia del gasto público social) brindan, desde mi punto de vista, una idea del potencial para articular una amplia coalición redistributiva, que permita contener la desigualdad en un esquema socialdemócrata. En tal sentido, la izquierda uruguaya parece ubicarse en el mejor contexto: el gasto público social es alto y el diferencial de ingresos entre los sectores medios y pobres es bajo.

  • 15. En general, los economistas coinciden en que las redistribuciones suponen costos para el desempeño global de la economía. Pero estos costos no deberían ser los mismos en todos los países. En una economía cerrada o en sectores productivos con mercados cautivos, que no compiten para ubicar su producción en mercados internacionales, los individuos deberían ser menos temerosos respecto a los costos de un proceso redistributivo radical que en una economía abierta, que debe vender sus productos compitiendo con otros países. Este punto marca diferencias para la izquierda en países como Bolivia, Ecuador y Venezuela, por un lado, y Brasil, Uruguay y Chile, por otro. F. Traversa: «Democracia y redistribución en América Latina» en Stockholm Review of Latin American Studies No 3, 12/2008.
  • 16. F. Traversa: ob. cit.