Tema central

¿Qué hacer con los sectores medios? Coaliciones sociales, bienestar y socialdemocracia en la periferia capitalista

Asimismo, los datos analizados en la sección anterior muestran que el gasto en componentes regresivos, como la seguridad social, no está correlacionado negativamente con el resto del gasto público social. De hecho, entonces, no es cierto que gastar más en los sectores medios esté asociado en la práctica a la reducción de otros gastos sociales, sino todo lo contrario: ambos gastos se encuentran asociados en la práctica en América Latina.

El segundo contrafactual que sustenta el razonamiento de Huber et al. parece aún más improcedente que el primero. Incluso si aceptáramos que la estructura de gasto en los sectores medios perjudica a los sectores pobres, todavía tenemos que demostrar que es posible, sustentable y recomendable desvestir a un santo para vestir a otro.

La primera duda es evidente. Recortar el gasto social entre los sectores medios no resulta nada fácil, pues dado que América Latina es una región pobre, no sería de extrañar que, al redirigir el gasto, se produjeran efectos indeseados. En efecto, dada la situación ajustada de ingresos reales de, por ejemplo, el tercer quintil, no sería de extrañar que un exceso en el recorte terminara por desplomar algunos sectores también vulnerables a situaciones de pobreza y marginalidad12.

Aun así, supongamos que este procedimiento de recorte pudiera realizarse sin problemas. ¿Cuáles serían los efectos dinámicos en el largo plazo? Aquí es donde el argumento de Korpi y Palme entra a tallar en el análisis, como se procura demostrar a continuación.

Cuatro motivos por los cuales no es deseable «cortar amarras» con los sectores medios. El primero es puramente electoral. Puede afirmarse que, si se concentrara el gasto en rubros progresivos, de inmediato se producirían dos efectos. El primero de ellos es que el gasto se volvería más redistributivo, como afirman Huber et al. Los que más lo necesitan se verán favorecidos. El segundo efecto inmediato es que se restringiría la amplitud de la coalición redistributiva. En efecto, los sectores medios se verían menos beneficiados por las políticas redistributivas y sus incentivos para apoyar a la izquierda serían menores.

Esto tiene una consecuencia electoral inmediata: la izquierda se arriesgará a restringir tanto sus apoyos electorales que podría verse derrotada. Así, la derrota electoral es el primer motivo por el cual «soltar amarras» con los sectores medios puede ser negativo. Creo que este es un factor importante para explicar la derrota de la izquierda chilena en la última elección.

El segundo motivo es el expuesto por Korpi y Palme13. Si se restringe la coalición redistributiva, los grupos de clase media acudirán al sector privado para atender sus necesidades. Como el sector privado tiende a redistribuir menos que el público, entonces el efecto sería un aumento en la desigualdad global. Huber et al. afirman sin más que esto no se aplica a América Latina, pero creo que un vistazo a los índices de Gini en Chile, comparados con los de Costa Rica, Uruguay y Venezuela, muestra que la afirmación es apresurada. A iguales condiciones de cobertura, allí donde el sector público se retira dejando su espacio al privado la desigualdad parece mayor.

El tercer motivo tiene que ver con procesos de microalianzas que pueden desatarse una vez que se sueltan amarras de los sectores medios, tal como analiza Pedro Narbondo14. En efecto, si los sectores medios comienzan a recurrir al sector privado para cubrir algunos riesgos y servicios, esto hace que nazcan y se tejan nuevas redes de intereses entre proveedores y compradores. La salida de los sectores medios puede transformarse entonces en un proceso de ida, pero de difícil retorno. Y entonces la desigualdad promovida por el sector privado puede transformarse en un problema «endémico».

El cuarto motivo tiene que ver con las dinámicas del capitalismo en el largo plazo. Un análisis rápido de la distribución del ingreso en más de 500 economías capitalistas muestra que, cuanto más rico es un país, mayor es el diferencial entre los ingresos del decil 5 (sectores medios) y el decil 1 (los más pobres). Esto es, los sectores medios aumentan sus ingresos más que los más pobres conforme una economía capitalista se desarrolla. Las diferencias absolutas de ingresos entre sectores medios y pobres no disminuyen con el desarrollo: ¡aumentan!

Si las diferencias de ingresos entre los sectores medios y los pobres se incrementan con el correr del tiempo, articular estos intereses en una coalición social amplia parece cada vez más difícil. El objetivo de la igualdad se encuentra así en un serio riesgo. Esto no es ninguna novedad, pues los últimos informes a escala mundial revelan retrocesos en esta materia.

En este sentido, la última globalización ha implicado uno de los reveses más notables para la izquierda. Los cambios técnicos y la competencia económica internacional generaron algunos sectores ganadores y otros perdedores, aun entre los propios trabajadores y sectores medios. Los asalariados son hoy un actor social y político mucho más heterogéneo que durante las décadas del consenso keynesiano. En un entorno cambiante, las capacidades y los saberes de los trabajadores afectan sensiblemente sus ingresos, y esto favorece más el individualismo que la acción colectiva.

Si la dinámica natural del capitalismo corta los lazos entre los sectores medios y pobres, y nosotros avivamos esta tendencia reduciendo el interés de la clase media en el sector público, entonces el efecto puede ser muy nocivo. Descuidar o desmontar la estructura de bienestar entre los sectores medios constituye un error estratégico grave en términos dinámicos y de largo plazo.

Coaliciones redistributivas en América Latina: viabilidad de una socialdemocracia periférica

El éxito de la izquierda para reducir las desigualdades en una economía capitalista depende de su capacidad para articular coaliciones redistributivas sustentables y efectivas. Múltiples obstáculos pueden surgir en la construcción de estas coaliciones. Pero desde un punto de vista muy abstracto, puede afirmarse que el éxito de la redistribución depende de la capacidad de conseguir una mayoría de ciudadanos que consideren que los beneficios que obtendrán del proceso redistributivo serán mayores que los costos asociados a este.

  • 12. En tal sentido, una simulación realizada por Cepal alrededor del año 2000 muestra que el gasto en seguridad social no tiene casi incidencia en la reducción de la pobreza en los países de menor cobertura. Pero en países de alta cobertura, como Uruguay y Argentina, si no existiera la seguridad social la pobreza aumentaría en 8 y 12 puntos porcentuales respectivamente.
  • 13. Ob. cit.
  • 14. «Reflexiones críticas sobre el universalismo básico» en Revista Uruguaya de Ciencia Política No 15, 2006.