Coyuntura

¿Populismo o narcisismo? Donald Trump versus el periodismo

Estas percepciones de los populistas latinoamericanos tienen su anclaje en rasgos histórico-estructurales de los sistemas de medios regionales que contrastan fuertemente con el estadounidense. La concentración de propiedad y audiencias es un fenómeno global, pero América Latina exhibe los mayores niveles del mundo. Por ejemplo, en el mercado de la televisión abierta –aún la principal fuente informativa de la ciudadanía en la región–, las cadenas líderes concentran entre un tercio y la mitad de las audiencias, lejos, en general, de sus seguidores. En eeuu, por contraste, el líder del mercado televisivo no supera el 25%15. Además de concentrada, la propiedad es predominantemente familiar o de individuos controlantes, a diferencia de eeuu, donde predomina la propiedad corporativa en forma de sociedades de acciones sin insider controlante por encima de los directorios16. Estos patrones divergentes son afines, a su vez, a culturas mediáticas diferentes. En América Latina persiste una cultura instrumental en la que los controlantes tienden a fijar la línea editorial en detrimento de la autonomía profesional del periodismo. Esta lógica se asemeja más a la época de los grandes barones norteamericanos de principios del siglo xx, que ponían sus redacciones al servicio de sus agendas corporativas, políticas o personales. Sin embargo, los cuestionamientos públicos a este instrumentalismo condujeron a un paulatino avance de las reglas de la ideología profesional del periodismo en el funcionamiento real de las redacciones.

Así, en contraste con los populistas latinoamericanos de izquierda, Trump no cuestiona la estructura de propiedad, el comercialismo, ni la concentración mediática. Su problema son los periodistas a los que, en su autonomía, cuestiona por cómo lo cubren y representan. Su única propuesta de reforma regulatoria en campaña en el ámbito mediático-periodístico se centró en «revisar [las] leyes de difamación (libel laws)» para relajar exigencias probatorias –como la doctrina de la «real malicia»– y facilitar la persecución legal contra quien «escriba artículos deliberadamente negativos, horribles y falsos».17

Esta obsesión con la difamación solo es compartida con Correa, cuya reforma legal regula contenidos difamatorios mediante figuras polémicas como el «linchamiento mediático». Más allá de posibles intenciones subyacentes y de posteriores implementaciones selectivas en función retaliatoria, los populistas de izquierda enfatizaron reformas vinculadas a la estructura de propiedad y a alterar el balance Estado-mercado en el sector. Por caso, el año que en Argentina se sancionó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, se modificó la ley que tipificaba las calumnias e injurias como delito para ajustarla al estándar constitucional que la Corte Suprema argentina y la Corte Interamericana de Derechos Humanos habían tomado del fallo «New York Times vs. Sullivan».

En términos regulatorios, los primeros pasos del gobierno de Trump muestran una orientación opuesta. El antagonismo central identificado por los populistas latinoamericanos y por Trump, respectivamente, es consistente con sus orientaciones contrapuestas en política de comunicación. A contracorriente de la orientación de política dominante a escala global durante las últimas décadas, los populismos de izquierda promovieron el rol del Estado y de lógicas alternativas al mercado en el ámbito de los medios. Motivados por sus confrontaciones con los grandes actores privados-comerciales, pero recogiendo demandas sociales preexistentes en torno de la democratización mediática, estas experiencias gubernamentales reforzaron y crearon medios estatales, legalizaron y subsidiaron medios comunitarios y promovieron regulaciones como cuotas de pantalla, límites a la concentración, reservas de espectro y otras disposiciones contrarias a la lógica mercantil dominante.

La política sectorial bajo Trump marcha en sentido contrario. El presidente colocó al frente de la agencia regulatoria federal, la Comisión Federal de Comunicaciones (fcc, por sus siglas en inglés), a un miembro republicano del directorio ligado a las telecomunicaciones (Verizon) y declarado defensor del libre mercado para el sector: Ajit Pai. Este, alegando que la regulación impide la inversión y la innovación, ha iniciado el desmantelamiento de políticas de la administración Obama, como la clasificación del acceso por banda ancha como servicio público y las reglas de neutralidad en la red que obligan a los proveedores a tratar el tráfico en forma igualitaria. La agencia ha dado el visto bueno, a su vez, a la fusión de los gigantes at&t y Time Warner y, argumentando que la vieja industria del broadcasting debe competir con los nuevos actores online, ha relajado las normas sobre cuotas de audiencia, lo que ha disparado una nueva ronda de fusiones en el mercado de la televisión18.

Frente a los medios públicos, la orientación es igualmente opuesta. El borrador de presupuesto utilizado por el Ejecutivo, elaborado por la conservadora Heritage Foundation, contempla eliminar el financiamiento a la Corporación para la Radiodifusión Pública (cpb, por sus siglas en inglés) y la eliminación del Fondo Nacional para las Artes y las Humanidades. Ambas entidades son las que sustentan desde el Estado federal la televisión y la radio públicas de cobertura nacional (Public Broadcasting Service y National Public Radio), además de una miríada de emisoras públicas locales19. Más allá de las eventuales desilusiones posteriores, importantes movimientos reformistas y sectores de la sociedad civil latinoamericana, movilizados por agendas de democratización, acceso y promoción del interés público en el sector comunicativo, se sintieron interpelados por gobiernos que abrieron espacio político a esas agendas. Por el contrario, las organizaciones de la sociedad civil de eeuu, vinculadas a agendas análogas, están en alerta por el giro regresivo de la nueva administración.

Las diferencias relevadas hasta aquí refieren al discurso y la política hacia medios y periodismo. Las divergencias aparecen también al observar las trayectorias de esas relaciones y el timing de la confrontación. Al igual que la mayoría de los populistas latinoamericanos, Trump llegó a la Presidencia sin una carrera político-partidaria significativa. Sin embargo, este outsider de la política se diferencia por su origen empresarial y su pasado de celebridad multimediática.

  • 15.

    Taylor Boas: «Mass Media and Politics in Latin America» en Jorge Domínguez y Michael Shifter (eds.): Constructing Democratic Governance in Latin America, The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 2013.


  • 16.

    Ibíd.

  • 18.

    Michael J. de la Merced y Cecilia Kang: «TV Station Owners Rush to Seize on Relaxed FCC Rules» en The New York Times, 1/5/2017

  • 19.

    Brian Naylor: «Trump’s Budget Plan Cuts Funding for Arts, Humanities And Public Media» en NPR, 16/5/2017; Callum Borchers: «Trump’s Budget Will Probably Slash Public Media, But the Biggest Losers Won’t be PBS and NPR» en The Washington Post, 15/3/2017.