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Populismo de derecha en Alemania Un desafío para la socialdemocracia

Cuando (como ya ha ocurrido en el debate socialdemócrata puertas adentro) se critica la negativa de la «centroizquierda» a considerar como fuerzas políticas a los partidos populistas de derecha14, uno se plantea qué se entiende en realidad por «considerar». Así que, en lugar de «rehusar el diálogo», tendríamos que, tal la recomendación evidente, llevar adelante un diálogo con afd. Pero ¿sobre qué temas? ¿Sobre la prohibición de construir minaretes en las mezquitas? ¿Sobre la abolición de los estudios de género? ¿Sobre la orden de disparar a los refugiados? No. afd no es un partido «normal». Y por eso, tampoco es recomendable normalizar el trato con él. afd es el «partido de pegida» (como afirmó Marcus Pretzell). Cuestiona valores fundamentales que deberían estar por encima de cualquier controversia política –precisamente lo que los distingue como valores fundamentales–. afd es uno de los motores de la radicalización política en Alemania. Divide. Y así es como debería ser tratado: no hay que considerarlo, sino desenmascararlo.

Aunque, por cierto, para lograrlo no basta con analizar su programa partidario. El punto de partida del abordaje de afd por parte de las fuerzas progresistas debería ser más bien mencionar cuál es su localización ideológica, por ejemplo, la «revolución conservadora» antidemocrática de la República de Weimar, que le sirve como marco de referencia histórico. También habría que explicar las diversas conexiones transversales que mantiene con la Nueva Derecha (incluido el movimiento identitario) y con la extrema derecha etnonacionalista. Y la instrumentalización que afd hace tanto de amenazas bien reales (por ejemplo, el terrorismo islámico) como de miedos irracionales («Alemania camina hacia su perdición»). En todo caso, al contrario de la imagen de respetabilidad que afd intenta irradiar, basta con indagar un poco en YouTube para hacerse una idea de la retórica agresiva y pletórica de germanidad de Björn Höcke, jefe de afd de Turingia. Olaf Scholz, vicepresidente del spd y primer alcalde de Hamburgo, caracterizó a afd como un «partido del mal humor» y recomendó no demonizarlo ni convertirlo en mártir15.

Luchar contra esa demonización puede funcionar, por ejemplo, si se remarca el rol de afd y la forma en que agrupa y fortalece las posturas populistas de derecha existentes en la población, conectándolas con un extremismo liberal (economización de lo social, pensamiento utilitario, darwinismo social) y legitimando de ese modo la desvalorización de ciertos grupos sociales. Es así como se abren puertas de entrada al racismo. Esta lucha contra el fenómeno de afd debe basarse en posiciones muy claras, cuya credibilidad reposa en la defensa de nuestros propios valores y principios y en la formulación de objetivos políticos esenciales de la socialdemocracia: superar las fracturas sociales, asegurar la igualdad de oportunidades en la educación y volver a generar entusiasmo por el proyecto de una Europa unida, una conquista histórica pacífica sin parangón histórico. De ese modo y con un discurso que también apele a las emociones, sí se puede volver a persuadir a cada vez más votantes de los proyectos políticos socialdemócratas y dejar en claro que los populistas de derecha no tienen una sola respuesta convincente.

La izquierda política debería reencontrarse con su propia tradición

Toda forma de concesión, apertura o adaptación frente al populismo de derecha sería fatal y en modo alguno adecuada para volver a atraer a antiguos votantes del spd. Lo único que haría es volver a afd cada vez más respetable en la sociedad. Además: ¿por qué habrían de regresar a la socialdemocracia los antiguos votantes del spd con un pensamiento populista de derecha si ahora tienen la posibilidad de votar a afd? De ahí que resulten desconcertantes propuestas como la de Michael Bröning, quien aboga por una síntesis que conjugue una política social y económica socialdemócrata con «normas parcialmente más conservadoras en materia identitaria»16. ¿Qué se supone que quiere decir exactamente con eso? Seguramente, no se refiere a fortalecer a los partidarios de pegida y de afd en su nostalgia respecto de un «pueblo alemán» homogéneo ni en su percepción de la crisis de «extranjerización cultural». Tampoco se referirá a que les digamos que en realidad sí pueden sentir algún temor por una islamización de Occidente en vista de que en el estado libre de Sajonia el porcentaje de población musulmana asciende a casi 1%. ¡No! En materia «identitaria», la izquierda política también debe remontarse a su propia tradición: ilustración, emancipación, movimiento obrero, internacionalización. Para la socialdemocracia, esto implica tomar partido de manera consecuente y empática en favor de los socialmente más desfavorecidos, independientemente de su origen. Queremos un Estado en el que el futuro y la creatividad se basen en la diversidad, un Estado que proteja a las minorías, que sea secular y que al mismo tiempo garantice la libertad religiosa. La socialdemocracia debe permanecer fiel a sus propias convicciones en vez de buscar el remedio en las normas de los adversarios en la competencia política.

Igualmente desconcertante resulta que desde el campo de la izquierda se empiece a hablar de repliegue sobre el Estado nacional como reacción al populismo de derecha. Por supuesto que también en el futuro al Estado nacional le corresponderá ejercer funciones de control importantes. Y claro que Peter Brandt tiene razón cuando señala que en la historia del spd el internacionalismo jamás se contrapuso a un concepto de nación que aludiera a la «autodeterminación nacional y el autogobierno democrático»17.

También está claro que justamente los problemas de los cuales se alimentan en gran medida el hartazgo de los seguidores del populismo de derecha y su alienación social no pueden resolverse únicamente desde el Estado nacional: los cambios sociales profundos que resultan de la globalización y la crisis financiera, por ejemplo, o las causas mundiales que llevan a las personas a huir de sus países de origen. Podríamos preguntarnos –dice Habermas en la entrevista ya citada– «por qué los partidos de izquierda no quieren dirigir la lucha contra la desigualdad social desde una postura ofensiva, apuntando a domesticar los mercados desregulados de forma coordinada y supranacional». Según Habermas, la única alternativa razonable –tanto al statu quo del capitalismo financiero salvaje como al repliegue etnonacional de la derecha o al repliegue nacionalista de la izquierda hacia la supuesta soberanía de unos Estados nacionales hace rato vaciados de sentido– sería una cooperación supranacional «que persiga el objetivo de una organización socialmente compatible de la globalización económica»18.

En otros términos: de lo que se trata es de recuperar la primacía de la política, de una política lo más social posible. «Tenemos que oponer algo a esa sensación de pérdida de control», dijo el ministro de Relaciones Exteriores Frank-Walter Steinmeier en un discurso sobre los fundamentos de la política exterior pronunciado en septiembre de 2016 en la fes. ¿Y eso cómo se logra? Sin dudas, se debe mejorar la comunicación política sobre diferentes cuestiones. Pero con ello tampoco bastará. También es necesario proponer vías de identificación afectiva. Y una desaceleración de la vida política no vendría mal. Es que la política es «perforar lenta y vigorosamente unas tablas duras con pasión y sensatez al mismo tiempo». Esta famosa frase de Max Weber sigue vigente incluso en tiempos de globalización y digitalización, más allá de cuántos votantes respondan a esa concepción de la política.

  • 14.

    Michael Bröning: ob. cit., p. 57.

  • 15.

    O. Scholz: «Die Partei der schlechten Laune – Zum Umgang mit der rechtspopulistischen Alternative für Deutschland (afd)» en blog de Olaf Scholz, spd, 8/5/2016.

  • 16.

    M. Bröning: ob. cit.

  • 17.

    P. Brandt: ob. cit., p. 58.

  • 18.

    J. Habermas: ob. cit., p. 37.