Tema central

Populismo de derecha en Alemania Un desafío para la socialdemocracia

Nuevos programas para un nuevo desafío

¿Cómo lidiar con esto? ¿Qué planes, enfoques de acción política y estrategias de contraataque están discutiéndose actualmente dentro de la socialdemocracia alemana? En primer lugar, es indiscutible que una pura estrategia de segregación –como la que se practicó con rotundo éxito frente al npd– no funcionará. A pesar de su flanco abierto hacia el extremismo de derecha, afd no es un partido neonazi. Por lo tanto, frente a un nuevo fenómeno se requieren nuevos conceptos, que no pueden sacarse de la galera sino que deben ser elaborados mediante un trabajo riguroso. A esta tarea están abocados no solo la socialdemocracia y otras fuerzas progresistas, sino todos los partidos democráticos, al igual que la sociedad civil, sin olvidar a los medios. En realidad, no podemos sino concordar con el jefe del spd, Sigmar Gabriel, para quien el lugar de afd debería estar en los reportes de los servicios de inteligencia6 más que los estudios de televisión. Pero por fundada y legítima que esta postura sea en sí misma, es imposible de sostener.

Más bien parece lo contrario: sobre todo en los meses del verano boreal de 2016, dio la impresión de que afd había sacado un abono permanente en los talk shows políticos de la televisión alemana. No hubo ya prácticamente ninguna rueda de discusión en la que no se le ofreciera una tribuna, pero incluso desde esa misma tribuna los representantes del partido se las ingenian para mostrarse a sí mismos como víctimas de los «partidos tradicionales» y de la «dictadura de la opinión de la izquierda». Y la crispación es grande si (como sucedió por ejemplo a fines de mayo de 2016 durante el Congreso Católico Alemán) no se invita a las rondas de diálogo a la gente de afd –por el simple hecho de que no puede esperarse de su parte ningún aporte objetivo al debate–. Pero esa atención que concentra afd en forma de presencia (mediática) constante tampoco ayuda. Puede otorgarle legitimidad, valorizarla, normalizarla.

Pero justamente esa es una de las cuestiones centrales: ¿acaso no habría que normalizar también el trato con afd? ¿Conviene entablar un «diálogo» con representantes de ese partido –o incluso con simpatizantes de pegida–? Son cuestiones que generan discusiones muy controvertidas dentro de la socialdemocracia alemana y también dentro de la fes. En la actualidad, en la revista Neue Gesellschaft / Frankfurter Hefte se está llevando adelante un debate acerca de cuál es la manera más conveniente de combatir el populismo de derecha7. También en Vorwärts pueden encontrarse aportes para discutir esta cuestión, en particular en lo que respecta a cómo deberían reaccionar las fuerzas progresistas en Europa frente al fortalecimiento de las derechas radicales. ¿Conviene «tomar en consideración» las posiciones de afd? ¿Deben las fuerzas progresistas «tomar en serio las preocupaciones y los miedos», aunque estén acompañados de un desprecio por la democracia? ¿Conviene «recoger» las preocupaciones en vez de borrarlas, como exige Ernst Hillebrand, entre otros?8 Y, sobre todo: ¿cómo debería abordar la izquierda moderada estos fenómenos? Especialmente cuando estos sentimientos de amenaza son más bien fantasías que provienen no tanto de los que efectivamente se encuentran «dejados de lado», sino más bien de aquellos que se sienten excluidos o temen perder estatus social: ya sea en su propia vida o, sobre todo, respecto de Alemania en su conjunto9. Hace poco, Jürgen Habermas fijó con mucha claridad su posición al respecto. Sostuvo que, en lugar de andar revoloteando alrededor de ellos, los partidos democráticos deberían lisa y llanamente dejar de cortejar a esos «ciudadanos preocupados» y considerarlos como lo que son: el caldo de cultivo para un nuevo fascismo10.

Los «miedos» se convierten en furia, odio y violencia

Lo que está claro es que ya no hay posibilidades de llegar a ese núcleo duro de clientes del populismo de derecha: el círculo más estrecho de los seguidores de pegida y el 47% de los simpatizantes de afd que tiene un pensamiento xenófobo11. No pueden hacerlo ni la socialdemocracia ni los conservadores, aunque estos últimos aún quieran dialogar con ellos. Pero ¿y el entorno? En enero de 2015, Sigmar Gabriel discutió en Dresde (a título personal) con simpatizantes de pegida. Esta iniciativa del jefe de los socialdemócratas fue muy discutida en el seno de su partido. Sin embargo, a la hora de analizar tanto el extremismo como el populismo de derecha, es importante realizar una distinción fundamental: lo que es xenófobo o de extrema derecha no son los temores y los miedos de la gente –sean estos fundados o irracionales–, sino ciertas reacciones que desencadenan. Cuando los «miedos» se convierten en furia, odio o incluso violencia, cuando el temor a perder el estatus personal o a empeorar la situación colectiva lleva a despreciar grupos enteros, allí se acaba cualquier intento de comprensión.

Sin embargo, alrededor de ese núcleo duro que desprecia la democracia hay muchos otros con quienes vale la pena hacer todos los esfuerzos para intentar (volver a) ganarlos, para que participen de forma constructiva en la sociedad democrática. Máxime en vista de que todos los informes especializados demuestran la importancia del factor educación, tanto escolar como extraescolar, en este fenómeno. De manera que tanto los políticos como los responsables de la educación deberían tomar en serio las angustias y los temores de las personas y brindarles ofertas de información y discusión, aunque sin intentar congraciarse con ellas y terminar quizás fortaleciendo sus sentimientos de exclusión y desvalorización12. Con vistas a la educación escolar, se comprueba la importancia de la demanda fundante de la socialdemocracia referida a la igualdad de las oportunidades en la educación con independencia de los orígenes sociales. En ese sentido, la realidad alemana sigue dejando mucho que desear.

¡Desenmascarar en lugar de considerar!

Volviendo a afd: ignorar al partido seguramente no es la solución, y tampoco sería realista hacerlo en vista de su presencia parlamentaria. También el titular del Ministerio Federal de Justicia, Heiko Maas, dejó en claro ya en febrero de 2016 que veía en afd un caso para la Oficina Federal para la Defensa de la Constitución, pero más tarde recalcó asimismo que sería una idea equivocada abordar el problema únicamente de ese modo y en lugar de eso reclamó una confrontación política13. De hecho, hay una serie de cuestiones que reclaman una confrontación conceptual: desde el «error que conlleva la lucha contra el cambio climático», pasando por sus ideas reaccionarias respecto de las políticas de familia, hasta la ausencia total de propuestas en materia de política social. El problema es que el populismo de derecha no funciona de manera racional, sino emocional. Esto también vale para afd. Por eso, los «argumentos de fondo» se topan pronto con sus límites. Quien ya haya hecho el intento de mantener un debate objetivo con la tozuda clientela populista de derecha sabe que «estás mintiendo» es una de las acusaciones más suaves que puede llegar a recibir.

  • 6.

    Se refiere a la Oficina Federal para la Protección de la Constitución [n. del e.].

  • 7.

    Ver Michael Bröning: «Wie man Rechtspopulismus (nicht) bekämpft» en Neue Gesellschaft / Frankfurter Hefte No 6/2016, www.frankfurter-hefte.de/upload/Archiv/2016/Heft_06/pdf/2016-06_broening.pdf; R. Melzer: «Demaskieren statt berücksichtigen! Zum Umgang mit Rechtspopulismus – eine Replik» en Neue Gesellschaft / Frankfurter Hefte No 7-8/2016, p. 77 y ss., www.frankfurter-hefte.de/upload/Archiv/2016/Heft_07-08/pdf/2016-07-08_melzer.pdf, y Peter Brandt: «Identitäre Angebote?» en Neue Gesellschaft / Frankfurter Hefte No 10/2016, p. 55. V. tb. los artículos de Franz Müntefering y Ralf Stegner, entre otros, en Christian Nawrocki y Armin Fuhrer (eds.): afd – Bekämpfen oder ignorieren? Intelligente Argumente von 14 Demokraten, Klaus Kellner, Bremen, 2016.

  • 8.

    E. Hillebrand: «Sorgen aufgreifen – und nicht wegwischen» en Vorwärts, 6/7/2016, p. 8.

  • 9.

    Ver R. Melzer: «afd, Trump und Co.: Wie Rechtspopulismus funktioniert» en Spiegel on line, 2/10/2016.

  • 10.

    J. Habermas: «Für eine demokratische Polarisierung», entrevista en Blätter für deutsche und internationale Politik, 11/2016, p. 39.

  • 11.

    V. el capítulo sobre afd en A. Zick, B. Küpper y D. Krause: ob. cit., p. 167 y ss.

  • 12.

    Esto también lo subraya entre otros el ex-ministro de Cultura Julian Nida-Rümelin en la revista Cicero, 7/2016: «En toda Europa los partidos socialdemócratas se ven desafiados por el populismo. Solo podrán superar esa crisis si vuelven a tener el valor de dar impulsos controvertidos en la sociedad».

  • 13.

    «Justizminister sieht in afd einen Fall für den Verfassungsschutz» en Frankfurter Allgemeine, 22/2/2016; «Entwicklung rechter Gewalt ist besorgniserregend» en Handelsblatt, 3/7/2016.