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Populismo de derecha en Alemania Un desafío para la socialdemocracia

¿Qué es el populismo de derecha?

El populismo es un fenómeno de las crisis de modernización social y, principalmente, un estilo político. En ese sentido, su fortalecimiento constituye un efecto colateral de los procesos de profundas transformaciones sociales a los que asistimos: globalización, digitalización, aceleración. Un mundo cada vez más ininteligible en el que las personas, no sin razón, perciben una pérdida de control de la política y se sienten sobreexigidas. A los populistas les gusta salir al cruce de la complejidad política demandando más democracia directa. Porque esa demanda permite llevar al extremo, simplificar, exigir la «rotura de tabúes» y presentar teorías conspirativas para explicar déficits efectivos y supuestos. Si al reflejo antielitista del «nosotros los de abajo» contra «los de arriba» se le suma el «nosotros» contra una alteridad identificada como «los otros», el populismo se convierte en populismo de derecha. La delimitación cultural frente al «extraño» puede dirigirse contra minorías nacionales o refugiados, contra judíos o musulmanes.

El hecho de que sus representaciones del enemigo sean en cierta medida intercambiables es una característica del populismo de derecha que lo distingue del extremismo de derecha, ideológicamente más obsesionado, más reaccionario. Pero el populismo de derecha pone siempre el acento en lo nacional y en la supuesta «voluntad popular», que se dirige contra los «partidos tradicionales», la «prensa mentirosa» o los «burócratas de Bruselas» y que se usa para ir contra el orden constitucional democrático, alimentando de ese modo el desconcierto, instrumentalizando prejuicios, fortaleciendo resentimientos. Esa pretensión de ser representantes únicos y absolutos de un «pueblo» definido en forma homogénea es lo que se expresa en los gritos «Nosotros somos el pueblo» en las manifestaciones en Dresde y en otros sitios y transforma al populismo de derecha en un antagonista de la democracia liberal, pluralista, social.

El populismo de derecha expresa esa polarización social que hoy se percibe en Alemania, pero de ningún modo únicamente allí: a comienzos de mayo de 2016, en Polonia se manifestaron cientos de miles de ciudadanos proeuropeos que veían amenazada la democracia en su país, aunque no lograron torcer el rumbo del gobierno ejercido por el partido Ley y Justicia (pis, por sus siglas en polaco) y la mitad de la sociedad a la que este representa. Al mismo tiempo, la movilización exitosa de la sociedad civil democrática en Alemania contra pegida no hace más que reafirmar a sus simpatizantes en sus posiciones desacopladas del debate democrático. Las frases sexistas pronunciadas por Donald Trump no impidieron que muchas mujeres lo apoyaran en la campaña presidencial estadounidense. Evidentemente, fue más importante formar parte de un fuerte movimiento «antisistema» liderado por alguien que –esto es típico del populismo de derecha– no proviene de un ambiente precisamente muy desfavorecido. Todo este desarrollo se ve impulsado por el hecho de que –gracias a internet– hasta las discusiones de café se han globalizado: una comunicación online endogámica que lleva a la radicalización y el embrutecimiento de los modales.

En Alemania, la situación actual es ambivalente. Porque justamente afd ha logrado aquello que los partidos tradicionales vienen intentando hace rato: incrementar la participación electoral. Esta movilización en sí reconfortante termina por fortalecer a un partido que se mueve en un terreno de límites difusos hacia la extrema derecha y que busca «una ruptura de tabúes montada, calculada» (palabras de Ralf Stegner, vicepresidente del spd). Simultáneamente, la entrada de afd en los parlamentos regionales dificulta la formación de los gobiernos en los estados federados, lo cual en muchos casos acaba en una «gran coalición» (cdu/csu-spd) o incluso en una «megacoalición» (cdu/csu-spd y los Verdes): pero una coalición socialdemócrata-demócrata cristiana o una socialdemócrata-demócrata cristiana-verde, como la que actualmente gobierna en el estado de Sajonia-Anhalt, acaba por fortalecer los extremos del arco político, invisibiliza las diferencias políticas existentes entre los partidos mayoritarios y les permite a los populistas de derecha presentarse como quienes realmente se preocupan por la gente y como la única oposición verdadera frente a los «partidos del sistema».

Mientras tanto, no sorprende en absoluto que afd –no solo, pero sobre todo– se vea beneficiada por los ex-abstencionistas. La similitud en el esquema de difusión de posturas misántropas y de ultraderecha entre los simpatizantes de afd y los no votantes constituye uno de los resultados más llamativos de las ediciones 2014 y 2016 del estudio «Mitte-Studie» realizado por la fes. En todas las elecciones regionales de los últimos meses, la mayor parte del caudal de votos para afd provino por lejos del grupo de quienes antes no votaban. Alrededor de la mitad del electorado actual de afd está compuesto por ex-abstencionistas. Si se suman las migraciones de votos de las 13 elecciones que tuvieron lugar en Alemania desde 2013, se demuestra que el spd perdió unos 589.000 votantes a manos de afd. Es mucho, pero menos que la cantidad de votos que le cedieron respectivamente la cdu, Die Linke (La Izquierda) y el Partido Democrático Liberal (fdp). El partido que más votos cedió a afd es la cdu (más de 1,2 millones)5. «Esto significa que afd aún no es el principal problema del spd», afirma un estratega partidario desde la sede nacional del partido, la Willy Brandt Haus en Berlín. Agrega que afd es fuerte «porque en este momento nosotros estamos más bien débiles» y concluye que para las próximas elecciones el spd tiene que apostar todo a ganar más votos del sector amplio de los ex-no votantes que de los que ya se pasaron a afd, como sucedió, con muy buenos resultados, en las recientes elecciones regionales de Renania-Palatinado y de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Sin embargo, resulta alarmante el hecho de que en todas las elecciones estatales más recientes (salvo en las de Renania del Norte Palatinado) afd haya ocupado el primer puesto entre los votantes de la clase trabajadora. También es en la actualidad el partido más popular entre los desocupados. Con ello, para la socialdemocracia alemana vale el mismo diagnóstico intranquilizador que en los casos de Francia y Austria: la derecha radical ha logrado calar profundo en el electorado tradicionalmente socialdemócrata.

  • 5.

    Cifras de Infratest.