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Política 2.0 Internet y el trabajo de los partidos

Además del uso de internet con fines informativos, la participación online juega un rol cada vez más importante para los partidos. Estos han reaccionado frente a los cambios en la disposición de la ciudadanía a involucrarse y han creado formatos de participación de duración limitada y específicos para cada tema valiéndose de las posibilidades online. La dificultad que encuentran aquí los partidos radica en que la participación online no se traduce automáticamente en un compromiso (duradero en el tiempo) con los partidos. Un like se da fácilmente, pero no significa un apoyo duradero. Si se sigue la idea de la participación política en partidos como un proceso de dos niveles, con la decisión de afiliarse como primer nivel, los partidos usan internet para facilitar el acceso. Un ejemplo de ello puede ser la posibilidad, desde los primeros años de este siglo, de afiliarse por internet. Además, de un tiempo a esta parte los partidos están intentando, por medio de portales especiales para seguidores, vincularse a ciudadanos dispuestos a comprometerse temporalmente, sobre todo durante las campañas electorales, que es cuando más recursos se necesitan. Pero las opciones online, como segundo nivel de participación partidaria, han modificado también las posibilidades de acceso al trabajo activo en los partidos. En este caso, los afiliados y los no afiliados participan sobre todo en el trabajo programático. Las opciones van desde reunir ideas y dialogar sobre el futuro, pasando por presentar mociones en congresos partidarios, hasta tomar parte en la elaboración de programas electorales. Los partidos deben estar aquí atentos a no socavar la afiliación formal. Por tal motivo, en la participación online y, en general, en la comunicación online de los partidos, se sigue una estrategia de dos vías: como regla, los afiliados formales cuentan con opciones de participación de mayor alcance que los no afiliados y, por ejemplo, se les da participación regular a través de las redes virtuales. Por lo demás, los afiliados a veces tienen a su disposición opciones de participación distintas de las de los no afiliados, como el caso de los chats o las videoconferencias con políticos especializados.

Una mirada al uso que hacen los partidos de internet deja la sensación de que sigue faltando una clara estrategia, o de que recién se la está diseñando. Los partidos tienden más a seguir modas que a imponer tendencias. Es una lástima, pues esto hace que se desperdicie la posibilidad de sacar provecho del potencial de los nuevos medios para el trabajo partidario. También se acusa a las opciones de internet de ser más una apariencia que posibilidades de interacción serias. Las señales de apertura y modernidad así enviadas pierden también poder de movilización y, en el peor de los casos, provocan que los ciudadanos se distancien de los partidos. Estos deberían intentar apropiarse mejor de los nuevos medios. Deben emanciparse de las grandes plataformas, como Facebook o Twitter, y desarrollar aplicaciones que estén hechas más a la medida de la elaboración de políticas y la toma de decisiones intrapartidarias. Solo de ese modo podrán armonizarse mejor las estructuras online y offline. Se están observando los primeros intentos para lograrlo. Pero todo esto no quiere decir que los partidos no tengan que tener presencia en las grandes redes sociales; muy por el contrario: es precisamente en tiempos de fake news cuando se necesita la voz de los partidos democráticos.