Tema central

¿Podrá la democracia sobrevivir al siglo XXI?

La erosión democrática se produjo de manera notable bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, y bajo Daniel Ortega en Nicaragua; en menor medida, bajo Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia. En perspectiva histórica, la orientación ideológica de estos líderes resulta un dato circunstancial. No se produjo una erosión similar en otros países gobernados por partidos de izquierda, como Brasil bajo el Partido de los Trabajadores (pt) y Uruguay bajo el Frente Amplio (fa), mientras que se esbozó un proceso de erosión bajo Álvaro Uribe, un presidente de derecha, en Colombia. El elemento común en los casos de erosión democrática fue la adopción de un discurso radicalizado por parte del presidente y su núcleo gobernante. Por radicalización entiendo una estrategia discursiva que, si bien se coloca generalmente en los extremos del espectro político (ya sea a la derecha o a la izquierda), se distingue por expresar intransigencia e impaciencia para alcanzar los objetivos de política pública propuestos. Los líderes radicalizados no reconocen límites y muestran una actitud intolerante con quienes cuestionan sus proyectos. Esta estrategia intolerante ofrece cierta confianza a los votantes que ven su supervivencia amenazada en un contexto de crisis; ellos no pueden darse el lujo de esperar14.

Nuestra comprensión de estos procesos de erosión está todavía en una etapa temprana, pero la evidencia sugiere que la estrategia radicalizada produce un efecto secuencial: los líderes «incontaminados» adoptan un discurso intransigente que moviliza a los votantes frustrados con la democracia; su éxito electoral les asegura el control de las instituciones electivas y los recursos fiscales; los recursos del Estado a su vez permiten ganar influencia sobre instituciones no electivas como el Poder Judicial y la burocracia; y la acción (o inacción) de estas instituciones finalmente resulta decisiva para silenciar a los medios críticos y socavar a la oposición política.

¿De la república a la monarquía de masas?

La experiencia latinoamericana sugiere que el principal desafío para la democracia en el siglo xxi no serán los proyectos explícitamente autoritarios, sino los líderes que, en un intento por reformar las repúblicas liberales de masas, socaven sus cimientos. Los proyectos radicales exitosos producen regímenes de poder personal –representados por figuras populares como Chávez, Erdoğan o Viktor Orbán– que parecen invertir el acuerdo que dio nacimiento a las monarquías parlamentarias en el siglo xix. Estas preservaron la forma monárquica para operar en los hechos como repúblicas de masas. Los liderazgos radicales, por el contrario, preservan la forma republicana de masas para operar en los hechos como regímenes de poder concentrado.

Los partidos de las democracias industrializadas confrontan hoy en día un desprestigio similar al enfrentado por los partidos latinoamericanos en los años 90, y los votantes del «Primer Mundo» se muestran cada vez menos identificados con el ideal democrático15. Sin embargo, las democracias industriales presentan tres ventajas frente los países latinoamericanos de los años 90: mejores políticas de protección social, una mayor fortaleza institucional y una estructura económica más diversificada. Estos factores reducen el atractivo del discurso radical, ofrecen espacios de poder autónomo para la oposición y facilitan la resistencia frente a un gobierno radicalizado.

Resulta peligroso confiar hoy en cualquier forma definitiva de consolidación democrática. La capacidad de la democracia para subsistir en el siglo que viene dependerá de su poder para dar respuesta a los desafíos sociales creados por la relocalización industrial, resistiendo al mismo tiempo la tentación del radicalismo. Como nunca antes en la historia moderna, los dilemas de los países centrales se acercan hoy a los dilemas de la periferia.

  • 14.

    Sobre el concepto de radicalismo y su impacto en los procesos de democratización, v. S. Mainwaring y A. Pérez-Liñán: Democracies and Dictatorships in Latin America: Emergence, Survival, and Fall, Cambridge University Press, Cambridge, 2013.

  • 15.

    Hacia 2011, casi 25% de los entrevistados por el World Values Survey en eeuu y más de 10% de los entrevistados en Europa aseguraban que un sistema político democrático es «malo» o «muy malo» para el país. Roberto Foa y Yascha Mounk: «The Democratic Disconnect» en Journal of Democracy vol. 27 No 3, 2016.