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¿No hay alternativa? Lecciones de la caída del populismo de derecha alemán

Con seguridad, muchos de esos pasos han despertado controversia, y algunos, como el hecho de etiquetar a los países norafricanos como «países de origen seguros», fueron revertidos con posterioridad por el Senado alemán. Algunos estados federales alemanes (Bundesländer) cogobernados por el Partido Verde se negaron a dar el apoyo necesario para aprobar la ley en forma definitiva. Sin embargo, aunque las medidas eran polémicas, al mismo tiempo redujeron en forma significativa el número de refugiados llegados a Alemania. Mientras que en 2015 entraron aproximadamente 1,1 millones de migrantes y refugiados, un año más tarde la cifra bajó a 321.000. Para este año, la tendencia continúa: en Baviera se registraron 10.000 personas hasta mayo de 2017; hace un año el número había sido 15 veces más alto. Este descenso abrupto en el número de refugiados que ingresan en Alemania explica el hecho de que, en términos de percepción pública, la crisis de los refugiados de 2015 haya llegado en gran medida a su fin, al menos por el momento.

La reducción en las cifras –de acuerdo con lo prometido por la canciller alemana en su discurso de vísperas de Año Nuevo de 2016– no es una mera coincidencia. No se debe a las condiciones meteorológicas en el Mediterráneo ni a la pacificación en el Gran Oriente Medio. Más bien es el resultado de la política –es decir, del acuerdo sobre los refugiados con Turquía, el cierre de la ruta de los Balcanes por parte de Austria y otros países, y los intentos de Berlín de celebrar acuerdos similares con países de África del Norte, tales como Egipto, Libia y Túnez–. Todas estas medidas han sido malas noticias para afd, que como es sabido declaró que la crisis de los refugiados de 2015 era un «regalo de Dios». Y no es difícil adivinar por qué. Ahora, esas medidas privaron a afd de lo que alguna vez fue uno de los argumentos de venta característicos del partido: la promesa de reducir el flujo de inmigrantes y refugiados. Es interesante mencionar que, al menos por ahora, las medidas implementadas por Berlín han desactivado lo que por mucho tiempo se anticipó como el factor determinante en las elecciones federales alemanas de septiembre de 2017. De hecho, aunque quizás sorprenda, el de la inmigración y los refugiados no parece ser un tema dominante en las próximas elecciones. Por cierto, al público alemán todavía le importan la migración y la integración. En consecuencia, cuando hoy se les pregunta por los temas más apremiantes que enfrenta la política, entre 30% y 40% de los votantes creen que la «migración» es el mayor desafío y, como tal, esta preocupación se encuentra al tope de la lista. Sin embargo, aunque el porcentaje es sin duda alto, el tema aparece como mucho menos urgente que en 2015 y 2016, cuando más de 80% de los votantes lo consideraban el mayor desafío. Dado que el electorado alemán se divide en general entre los defensores y los detractores de la Wilkommenskultur, los líderes de los principales partidos están más que contentos de enfocar sus campañas en otros temas (menos controversiales). Después de todo, la división entre los votantes cosmopolitas y los comunitaristas es visible en los principales partidos representados en el Bundestag.

¿Qué otra cosa ha complicado a afd? La aparición de Martin Schulz como candidato del Partido Socialdemócrata Alemán (spd, por sus siglas en alemán) para el cargo de canciller. El ingreso de Schulz a la política alemana ha vuelto a poner en el centro de una aletargada escena política la posibilidad del cambio y eso le quitó a afd parte de su apoyo. Schulz, ex-presidente del Parlamento Europeo, ha electrizado la base del psd al autoproclamarse proeuropeo por naturaleza y contrapeso del presidente estadounidense Donald Trump. Schulz ha utilizado su pedigrí como forastero en la política –nunca ocupó un cargo surgido de elecciones en el nivel nacional– para atraer a los votantes insatisfechos y sin privilegios. Quizás sea sorprendente ver que este grupo incluye a antiguos simpatizantes del populismo de derecha y de izquierda que consideran a Schulz como una alternativa a afd, a los verdes y a la izquierda radical de Die Linke. Schulz fue elegido jefe del spd y candidato a canciller por un impactante 100% de los delegados partidarios, con lo que logró nivelar al menos parcialmente el campo de juego con Merkel. Mientras que su apoyo en las encuestas ha caído a alrededor de 26% en los últimos tiempos –desde 35% inmediatamente después de su nominación–, los votantes desafectos todavía lo ven como una opción viable frente a afd. Finalmente, afd ha minado su propia capacidad de ser elegido al exponer al público algunas de sus contradicciones internas. Desde su fundación en 2013, el partido ha intentado equilibrar provocaciones políticas cuidadosamente guionadas con intentos de sostener la apariencia de respetabilidad conservadora. Este enfoque ha sido crucial para el atractivo del partido, que apela a votantes de centroderecha descontentos con el statu quo, pero reacios a adoptar posiciones extremistas radicales. Hasta ahora, en mayor o menor medida la estrategia había funcionado. Muchos conservadores que criticaban a Merkel por la adopción de la energía verde, las reglas de doble nacionalidad, el fin del servicio militar obligatorio y la apertura de facto de las fronteras en 2015 sintieron que afd era al menos una alternativa política más o menos respetable. Esto explica por qué cerca de la mitad de los actuales miembros de las legislaturas estaduales que son parte de afd estaban políticamente activos en el pasado como miembros de la Unión Demócrata Cristiana de Merkel, de acuerdo con un estudio reciente publicado por Wissenschaftszentrum Berlin (wzb).

En los últimos meses, sin embargo, esta crucial ambigüedad estratégica se derrumbó. En una reunión de afd de mediados de enero, Björn Höcke, ex-profesor de historia y uno de los líderes regionales del partido, provocó un revuelo internacional al desafiar lo que describió como un abordaje «vergonzoso» de Alemania respecto de su pasado nazi. «Lo que necesitamos es un cambio de orientación de 180 grados en nuestro enfoque político de la historia», sostuvo Höcke1. Sus comentarios atacaron de raíz un consenso fundacional de la política alemana, cuestionaron la compatibilidad del partido con una piedra fundamental de la identidad de posguerra alemana y alejaron a muchos de los simpatizantes de afd más cercanos al centro. Hasta Petry se sintió obligada a regañarlo por sus comentarios e intentó expulsarlo del partido.

  • 1.

    «Populistas alemanes buscan expulsar a dirigente tildado de ‘nazi’» en dw, 13/2/2017.