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¿No hay alternativa? Lecciones de la caída del populismo de derecha alemán

Hasta hace poco tiempo, el auge populista de derecha se corporizaba en Alternativa para Alemania (AFD), cuyos votos le permitieron ingresar en parlamentos regionales. AFD pasó del euroescepticismo a un discurso antiinmigración de naturaleza xenófoba. No obstante, el partido parece estar perdiendo apoyo. Esto ocurre en parte debio al endurecimiento de la política migratoria de la canciller Angela Merkel y también a la popularidad del candidato socialdemócrata Martin Schulz, quien pese a haber retrocedido desde su mejor medición reconectó en alguna medida al partido con los «de abajo». Con todo, la migración sigue estando en la agenda y el peligro de la derecha no ha desaparecido.

¿No hay alternativa? / Lecciones de la caída del populismo de derecha alemán

Hace solo unos pocos meses, Alternativa para Alemania (afd) parecía imparable. Alimentado por el descontento popular por la crisis del euro y la crisis europea de los refugiados, el partido se había establecido como la segunda fuerza en sectores de Alemania del Este y había logrado una serie de triunfos electorales en las elecciones en los estados del este y el oeste del país. A dos años de su fundación en 2013, había ingresado en un total de 13 parlamentos estaduales alemanes y ganado hasta 25% de los votos en algunas de estas elecciones. A escala nacional, en 2016 afd logró más de 15% en varios sondeos de opinión. Esto era un éxito sin precedentes para un partido populista de derecha de la Alemania de posguerra, y una causa de preocupación en Alemania y más allá.

En enero, la dirigente de afd Frauke Petry, confiada en la aparente fortaleza de su movimiento, invitó a otros populistas de derecha de Europa a participar en una cumbre en la ciudad alemana de Koblenz. Allí, subió al escenario con los demás líderes de la revuelta populista del continente. Aclamada por la multitud, la entonces candidata francesa a la Presidencia y líder del Frente Nacional Marine Le Pen declaró: en 2017, «la gente de Europa continental se despertará».

Hoy, al menos en Alemania, parece que los votantes se están despertando, en efecto, pero no del modo en que Le Pen preveía. Para mediados de 2017, afd había perdido más de un tercio del apoyo popular que tenía en enero. Se espera que el partido obtenga entre 7% y 8% de los votos en las elecciones federales alemanas que tendrán lugar en septiembre de este año, una caída abrupta respecto de estimaciones anteriores. A primera vista, este colapso de afd parece ser parte de una tendencia actual en la política europea, en la que las fuerzas populistas están perdiendo apoyo electoral. En junio, en Francia, el Frente Nacional solo recibió 13% de los votos en la primera ronda de las elecciones parlamentarias, mientras que en Holanda, a comienzos de este año, el tan esperado triunfo del Partido de la Libertad de Geert Wilders no se materializó. En las elecciones adelantadas británicas de junio, el Partido de la Independencia de Reino Unido (ukip, por sus siglas en inglés), un partido populista de derecha, alcanzó cifras poco significativas, mientras que en las elecciones regionales de Italia, en junio, el movimiento populista Cinco Estrellas del comediante devenido en político Beppe Grillo fue abandonado por los votantes en forma masiva. Ninguno de los candidatos de Cinco Estrellas logró pasar a la fundamental segunda vuelta.

Sin embargo, pese a que en la actualidad esta tendencia es sin duda ostensible en los países europeos, es demasiado temprano para hablar del fin de la amenaza populista. Después de todo, en Francia y hace unas pocas semanas, la candidata Marine Le Pen del Frente Nacional logró llegar a la segunda ronda de las elecciones presidenciales y solo resultó derrotada a último momento por un cierre de filas del electorado francés alrededor de un centrista recién llegado: Emmanuel Macron. Del mismo modo, en Holanda, el ascenso de Wilders solo pudo ser detenido por un drástico desplazamiento hacia la derecha del candidato de la democracia cristiana, quien repitió muchas de las posturas de los populistas de derecha sobre la inmigración. Al mismo tiempo, el freno a Wilders también resultó en la pulverización de la izquierda holandesa y en una fragmentación total del sistema político. Al momento de escribir este texto, los intentos de formar un gobierno en La Haya habían fracasado. Y en Italia, el movimiento Cinco Estrellas perdió las elecciones regionales, pero los votantes lo abandonaron solo para darle su voto a otros dos partidos populistas de derecha: el de Silvio Berlusconi, Fuerza Italia, y el separatista Liga Norte. Ambos partidos salieron fortalecidos de la votación. Más aún: en las encuestas nacionales, el Movimiento Cinco Estrellas permanece en una trabada competencia con los socialdemócratas que dirigen el gobierno por ver cuál es el partido más fuerte. Este desarrollo se ve reflejado en Austria, donde el derechista Partido de la Libertad de Jörg Hofer goza de un gran apoyo luego de ser derrotado por un escaso margen en las elecciones presidenciales del año pasado. Esto, por no mencionar también a los gobiernos de derecha en Europa del Este, donde el partido Ley y Justicia (pis, por sus siglas en polaco) en Polonia y el húngaro Fidesz de Viktor Orbán parecen seguros de encaminarse a la reelección. Y, en Gran Bretaña, los votantes le quitaron su apoyo a ukip, pero no sin antes aceptar la convocatoria partidaria a abandonar la Unión Europea. En este contexto, hablar con liviandad de un «pico del populismo» parece bastante prematuro. Al mismo tiempo, la constante amenaza de una oleada populista en muchos países europeos señala hacia Alemania como la excepción.

¿Pico del populismo en Alemania?

Al tiempo que sería prematuro proclamar el deceso de afd, pareciera que al menos por ahora el partido ha perdido gran parte de su atractivo. ¿Por qué? Cuatro dinámicas estructurales han alimentado la crisis de afd, y cada una de ellas promete tener consecuencias en un futuro inmediato. La primera y probablemente la más importante es la adopción por parte del gobierno alemán de políticas migratorias más duras. Aunque haya pasado inadvertido para los comentaristas internacionales que continúan elogiando a Angela Merkel como la defensora del humanitarismo, de hecho, el gobierno de Merkel ha tomado numerosas medidas antiinmigratorias. Combinadas, esas políticas implementadas desde el «verano de la bienvenida» de 2015 significan un cambio fundamental, que en la práctica ha puesto fin a la Wilkommenskultur de Alemania en todo menos en el nombre.Así, en 2016 y 2017 el Bundestag alemán aprobó una serie de leyes antiasilo en el lapso de unos pocos meses. Mientras que la primera normativa (Asylpaket i) requiere que los solicitantes de asilo mantengan residencia en un área geográfica definida y declara a Albania, Kosovo y Montenegro «países de origen seguros», la segunda (Asylpaket ii) etiquetó a países norafricanos como Túnez, Marruecos y Argelia como países de origen seguros. El Bundestag también aprobó una ley que restringe seriamente la reunificación familiar de los solicitantes de asilo ya residentes en Alemania y facilitó la aceleración de los procedimientos para lograr el asilo en casos de refugiados individuales y grupos de refugiados.