Coyuntura

No es lo mismo ser borracho que cantinero México, el librecambio y la Gran Muralla de Donald Trump

Desde entonces, las corporaciones estadounidenses han integrado las condiciones mexicanas de producción–salarios, condiciones de trabajo, política macroeconómica, régimen tributario, legislación de medio ambiente, etc.– a sus espacios económicos. La medición de la importancia de la inversión extranjera directa (IED) en las manufacturas, los comercios y los servicios financieros en México es el pan de cada día de los economistas. Las corporaciones de EEUU son responsables de más de la mitad de los 400.000 millones de dólares de ied que recibió México entre 1999 y 2012. El ex-presidente Carlos Salinas justificó históricamente esta incorporación al territorio económico de EEUU. Para el principal defensor del TLCAN, los acontecimientos de finales de la década de 1980 –desplome del bloque socialista y consolidación de la hegemonía estadounidense20– destruyeron las condiciones económicas y geopolíticas que sustentaban las pretensiones neoporfirianas21 de la diplomacia económica mexicana durante el siglo XX. Por otra parte, la internacionalización de las inversiones acompañó las grandes olas de privatizaciones de los años 90 y fue aparejada con una recomposición de las clases dominantes en México. En particular, este proceso catalizó el surgimiento de una «nueva oligarquía», cuyo campo de acumulación rebasa los límites nacionales y cuyos intereses están muy íntimamente entrelazados con los capitales extranjeros22. EEUU constituye el principal destino de las IED de las corporaciones mexicanas. Este entrelazamiento de intereses foráneos y nacionales define el alfa y omega de la política macroeconómica mexicana: la reproducción de las condiciones de la libre circulación de mercancías y de capitales, independientemente de cualquier alternancia electoral.

Tras haber denunciado al fenómeno de las deslocalizaciones a México como causa de la conversión del viejo manufacturing belt en el actual rustbelt (cinturón de óxido), Trump amenaza con aranceles a la producción offshore destinada al mercado estadounidense, como lo hizo con varias automotrices. Esas presiones van acompañados

de promesas de disminución de los impuestos sobre las corporaciones. Pero en EEUU, como en todos los países desarrollados, las deslocalizaciones solo explican una parte de la disminución de empleos industriales, un fenómeno que obedece a causas endógenas más complejas y que, generalmente, remiten a la automatización de la producción23. Hasta ahora, el anuncio de la victoria electoral de Trump no parece trastornar a Wall Street ni a las grandes corporaciones que invierten en México. Desde la elección de Trump-el-sepulturero- de-la-globalización, la Bolsa de Nueva York alcanza máximos históricos24. A su vez, los grandes conglomerados estadounidenses –como Citigroup o Wal-Mart, entre otros– que dominan diferentes sectores de la economía mexicana ya anunciaron nuevas inversiones25. La guinda es la industria petrolera mexicana, semiprivatizada desde 2013. Exxon Mobil ya anunció una inversión de más de 6.000 millones de dólares en México (junto con el grupo francés Total). Con dos altos banqueros de Wall Street nombrados para la Secretaría del Tesoro y el Consejo Económico Nacional respectivamente, un director de fast food en la Secretaría de Trabajo y el patrón de Exxon Mobil en el puesto de secretario de Estado, el gabinete Trump refleja y revalida el poder de los intereses sociales que definen la forma estatal del capitalismo financiarizado26. La corporate class (clase corporativa)27 que se está reinstalando en la Casa Blanca ha sido, precisamente, la principal impulsora de la diplomacia económica de EEUU en las últimas décadas. Ahora bien, todas las consideraciones de Trump sobre el empleo desembocan en la cuestión migratoria.

La inmigración y la diplomacia trumpista

Carlos Salinas de Gortari argüía que era preferible que los trabajadores mexicanos produjeran mercancías con capitales norteamericanos a que se marcharan a producir en EEUU28. Las condiciones de producción del TLCAN catalizaron ambos fenómenos. La crisis de la década de 1980 y las transformaciones del mundo rural latinoamericano29 impulsaron un éxodo hacia las ciudades maquiladoras del norte de México y hacia EEUU. El Departamento de Seguridad Nacional estadounidense estima hoy que más de 50% de los 11 millones de inmigrantes indocumentados son mexicanos. Los datos de la sociología electoral del 8 de noviembre confirman parte de la estrategia de campaña de Trump: maximizar los votos que pueden asociarse, en grados diversos, con un sentimiento patriotero y antiinmigrante30.

En ese sentido, supo lucrar con las fobias que cada ola migratoria infunde en ciertos sectores, sobre todo entre los anglosajones y protestantes del mundo rural. La forma moderna de esa reacción atávica remonta a la gran ola migratoria eslavo-latina (1890-1920) que conformó el núcleo del proletariado estadounidense durante la formación del capitalismo monopolista.

El fin de la Primera Guerra Mundial destapó una sensación de amenaza a la integridad cultural y racial de los «100% americanos», en particular entre descendientes rurales de los primeros colonos. Las leyes de 1921 y 1924 restringieron la inmigración eslavo-latina y prohibieron la asiática31. De tal modo que las groseras amalgamas y las propuestas antiinmigrantes de Trump se inscriben en una tradición de la historia social y demográfica de la «patria de los inmigrantes». Sin embargo, el carnaval xenófobo de Trump y sus guiños a cierta Amerikkka-agobiada-de- Obama no agotan la explicación del protagonismo de la cuestión migratoria en la pasada campaña electoral.

Además de Perot, Trump cuenta con otro precursor: Patrick Buchanan, exdirector de campaña y consejero del presidente Richard Nixon y autor intelectual de la contundente expresión que nombró a la «mayoría silenciosa».

Buchanan fue también el principal propagandista de la construcción de una Gran Muralla en la frontera con México durante los años 90. Sus diatribas antiinmigrantes reflejan una contradicción consustancial a la globalización.

  • 20.

    C. Salinas de Gortari: México. Un paso difícil a la modernidad, Plaza y Janés, Barcelona, 2000.

  • 21.

    La brújula de la diplomacia económica porfiriana era impedir graves desequilibrios entre las inversiones y el poder de influencia de las potencias imperialistas. Ver Friedrich Katz: La guerra secreta en México. Europa, Estados Unidos y la revolución mexicana, Era, Ciudad de México, 1982.

  • 22.

    Arturo Guillén: «Oligarquía y Estado en el México de hoy» en Memoria No 260, 2016.

  • 23.

    Sandro Pozzi y David Marcial Pérez: «Trump obliga a Ford y General Motors a dejar México» en El País, 4/1/2017; «Trump amenaza a Toyota con ‘gran impuesto’ si construye planta en México» en El Universal, 5/1/2017.

  • 24.

    Max Ehrenfreund: «Why Wall Street Still Isn’t Taking Donald Trump Seriously» en The Washington Post, 9/12/2016.

  • 25.

    «Citi Could ‘Re-Pace’ Mexico Investment over Trump Uncertainty» en LatinFinance, 7/12/2016.

  • 26.

    M. Pierre: «La forma estatal del capital financiero» en Memoria No 255, 2015.

  • 27.

    Noción que designa a los accionistas, altos ejecutivos y directores de las corporaciones industriales y financieras que dominan la economía en EEUU.

  • 28.

    C. Salinas de Gortari: ob. cit.

  • 30.

    «Election 2016: Exit Polls» en The New York Times, 8/11/2016, <www.nytimes.com/interactive/2016/11/08/us/politics/election-exit-polls.html?smid=fb-share&_r=1>.

  • 31.

    Ver André Siegfried: Los Estados Unidos de hoy, Compañía Iberoamericana de Publicaciones, Madrid, 1931.