Tema central

Los populismos refundadores Promesas democratizadoras, prácticas autoritarias

Instituciones débiles y autoritarismo competitivo

Cuando políticos populistas llegaron al poder en Europa, los sistemas parlamentarios los obligaron a entrar en pactos y las instituciones supranacionales de la Unión Europea limitaron sus acciones. En ciertos sistemas presidencialistas latinoamericanos en los que las instituciones estaban en crisis, los populistas concentraron el poder y atacaron a las instituciones que garantizan el pluralismo. Los ataques sistemáticos al pluralismo, a la división de poderes y a la libertad de expresión al principio desfiguran la democracia y poco a poco llevan a lo que Guillermo O’Donnell caracterizó como una muerte lenta de aquella y su transformación en autoritarismos9.

Steven Levitsky y James Loxton señalan que el populismo lleva a que democracias débiles decanten en regímenes competitivos autoritarios por tres razones10. La primera es que los populistas son outsiders sin ninguna experiencia en la política parlamentaria del pacto y de los compromisos. Segundo, fueron elegidos con promesas de refundar todas las instituciones políticas y, más precisamente, el marco institucional de las democracias liberales. Por último, los populistas se enfrentaron al Congreso, al Poder Judicial y a otras instituciones controladas por los partidos. Para ganar elecciones usaron fondos públicos, silenciaron a los medios críticos, usaron los medios estatales a su favor, en algunos casos intimidaron a sectores de la oposición y presionaron a los organismos electorales, al Poder Judicial y a las instituciones de control social y rendición de cuentas. Si bien el momento de votar fue libre, el proceso electoral los favoreció de manera descarada y les dio ventajas, y así se transformó la democracia en regímenes legitimados en la lógica electoral, pero que no garantizan que las elecciones se den en canchas equilibradas y con instituciones imparciales.

Una vez en el poder, Chávez, Maduro, Morales y Correa usaron el legalismo discriminatorio, entendido como el uso discrecional de la autoridad legal formal11. Para poder utilizar las leyes a su antojo, controlaron las cortes y las pusieron en manos de sus partidarios o de jueces atemorizados. Chávez se apropió de todos los poderes del Estado12. Tuvo mayoría en el Legislativo y puso el Tribunal Supremo de Justicia en manos de jueces leales. Cientos de jueces de cortes menores fueron reemplazados por personajes de la confianza del régimen. Chávez además manipuló el poder electoral y todas las instituciones de control social. Correa puso a incondicionales a cargo del poder electoral y de los organismos de control y «tomó» el Poder Judicial13.

El control y la regulación de los medios fue una de las prioridades de la lucha populista por la hegemonía14. En 2000, la Ley Orgánica de Telecomunicaciones permitió al gobierno de Chávez suspender o revocar las concesiones de frecuencias cuando era conveniente a los intereses de la nación. La Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión de 2004 prohibió transmitir material que pueda promover el odio y la violencia15. Estas leyes son ambiguas y se pueden interpretar de acuerdo con los intereses del Estado. El gobierno de Correa aprobó en 2013 la Ley Orgánica de Comunicación, que creó un organismo estatal a cargo de regular los contenidos que los medios pueden transmitir.

Chávez clausuró y estatizó medios privados críticos. El Estado se convirtió en el comunicador principal al controlar 64% de los canales de televisión. En Bolivia, la propiedad de los medios está dividida entre el Estado, el sector privado y las organizaciones populares e indígenas16. En Ecuador, el Estado es propietario de los dos canales de televisión de mayor sintonía y tiene un emporio de estaciones de radio, televisión y prensa escrita17. En países sin una tradición de medios públicos y en manos de gobiernos que no distinguen lo estatal de lo partidista, los medios públicos y en menor medida los medios comunitarios están al servicio de los gobiernos populistas.

Estos gobiernos crearon legislación con lenguaje ambiguo para controlar y regular a las organizaciones no gubernamentales (ong). Chávez fue el primero y, en 2010, la Ley de Defensa de la Soberanía Política y Autodeterminación Nacional prohibió que las ong que defienden los derechos políticos o monitorean a los organismos públicos reciban asistencia internacional. Tres años después, Correa pasó el decreto 16 que sanciona a las ong que se desvíen de los fines para los que fueron creadas o que interfieran en las políticas públicas atentando contra la seguridad interna y externa18. En 2013, Morales también legisló para controlar y regular a las ong señalando que se revocarán los permisos de organizaciones que tengan actividades distintas de las que listaron en sus estatutos, o si los representantes de las organizaciones son sancionados por llevar a cabo actividades que atenten en contra de la seguridad y del orden público19.

Para contrarrestar el poder de los sindicatos, de los movimientos indígenas, de los maestros y estudiantes, en Venezuela y Ecuador se crearon movimientos sociales paralelos. La protesta fue criminalizada en ambos países. Algunos líderes sindicales fueron acusados de terrorismo, aun si en un principio habían apoyado a Chávez20. Cientos de dirigentes indígenas y campesinos fueron acusados de terrorismo y sabotaje en Ecuador21. Se usaron discrecionalmente las leyes para perseguir a algunos opositores. El caso más notorio se dio durante el gobierno de Maduro, que condenó al opositor Leopoldo López por incitar a la violencia en un juicio plagado de irregularidades.

La lógica populista: construir al pueblo y sus enemigos

Ernesto Laclau escribió que la lógica populista crea sujetos populares que están en una relación de antagonismo con un enemigo22. Argumentó que la división de la sociedad en dos campos antagónicos era necesaria para la ruptura de sistemas institucionales excluyentes y la creación de un orden alternativo. Si bien para Laclau y sus seguidores el populismo es el único camino para dar fin a sistemas excluyentes y para frenar a los populismos de derecha23, su argumento, que se basa en la teoría de Carl Schmitt de lo político, puede justificar o promover autoritarismos populistas. Si lo político se concibe como la lucha entre amigo y enemigo, es difícil imaginarse rivales con espacios institucionales o normativos legítimos. Dentro de la lógica de Schmitt, es imposible que existan populismos light que construyan identidades colectivas agonísticas, como propone Chantal Mouffe. Los populistas, desde Juan Domingo Perón hasta Chávez, manufacturaron enemigos en el sentido existencial en que los caracterizó Schmitt, enemigos que tenían que ser destruidos. Perón dijo que, cuando los adversarios políticos se transforman en enemigos de la nación, «ya no son caballeros con los que uno debe luchar siguiendo las reglas, sino serpientes a las que uno tiene que matar de cualquier manera»24.

  • 9.

    9. G. O’Donnell: «Nuevas reflexiones acerca de la democracia delegativa» en G. O’Donnell, Osvaldo Iazzetta y Hugo Quiroga (eds.): Democracia delegativa, Prometeo, Buenos Aires, 2011.

  • 10.

    10. S. Levitsky y J. Loxton: «Populism and Competitive Authoritarianism in the Andes» en Democratization vol. 20 No 1, 2013.

  • 11.

    11. K. Weyland: «Latin America’s Authoritarian Drift: The Threat from the Populist Left» en Journal of Democracy vol. 24 No 3, 7/2013, p. 23.

  • 12.

    12. Kirk Hawkins: «Responding to Radical Populism: Chavism in Venezuela» en Democratization vol. 23 No 2, 2016.

  • 13.

    13. C. de la Torre y Andrés Ortiz Lemos: «Populist Polarization and the Slow Death of Democracy in Ecuador» en Democratization vol. 23 No 2, 2016.

  • 14.

    14. Silvio Waisbord: Vox populista. Medios, periodismo, democracia, Gedisa, Buenos Aires, 2013, p. 44.

  • 15.

    15. Javier Corrales: «Autocratic Legalism in Venezuela» en Journal of Democracy vol. 26 No 2, 2015, p. 39.

  • 16.

    16. S. Waisbord: ob. cit., p. 121.

  • 17.

    17. C. de la Torre y A. Ortiz Lemos: ob. cit., p. 231.

  • 18.

    18. Ibíd., pp. 229-230.

  • 19.

    19. Human Rights Watch: World Report 2015: Bolivia: Events of 2014, www.hrw.org/world-report/2015/country-chapters/Bolivia.

  • 20.

    20. Consuelo Iranzo: «Chávez y la política laboral en Venezuela 1999-2010» en Trabajo vol. 5 No 8, 2011.

  • 21.

    21. C. Martínez Novo: ob. cit.

  • 22.

    22. E. Laclau: La razón populista, fce, Buenos Aires, 2005.

  • 23.

    23. Íñigo Errejón y Chantal Mouffe: Construir pueblo. Hegemonía y radicalización de la democracia, Icaria, Madrid, 2015.

  • 24.

    24. Cit. en Federico Finchelstein: The Ideological Origins of the Dirty War, Oxford University Press, Oxford, 2014.