Entrevista

«Los modelos de turismo deben ser sostenibles para ser exitosos» Entrevista a Alfonso Vargas Sánchez

En distintas ciudades se ha puesto en discusión el modelo de turismo. ¿Es realmente sostenible la estructura turística vigente?

«Los modelos de turismo deben ser sostenibles para ser exitosos» / Entrevista a Alfonso Vargas Sánchez

En los últimos tiempos se han producido una serie de debates en relación al papel del turismo en la economía. Teniendo en cuenta el proceso de globalización y el auge del sector de servicios, muchos han puesto la lupa en las políticas turísticas. ¿Cómo ha aportado históricamente el turismo al crecimiento económico? ¿Cuál es la situación actual en términos de creación de trabajo genuino a partir de las políticas turísticas que se desarrollan en las ciudades?

Afirmar que la industria turística es una de las más importantes a escala global es una obviedad, dadas sus implicaciones en términos de actividad económica y empleo. E insistir sobre cifras y previsiones es innecesario, porque la conclusión general es conocida: la movilidad, los viajes, el turismo seguirán creciendo, y cada ciudad, región y país se esfuerza por atraerlo, hoy más que nunca, con destinos tradicionales que intentan no perder el paso y otros nuevos que buscan hacerse su hueco. En este contexto, el gran desafío es cómo gestionar ese crecimiento, a la par que trabajar sobre los problemas endémicos de la actividad turística como su estacionalidad.

El turismo necesita diversificarse del mismo modo que la economía. Por ello, la llamada «turismo dependencia» o «monocultivo del turismo» es desaconsejable. En tal sentido, el turismo debe:

-Diversificar su oferta para poder atraer distintos segmentos de demanda y paliar eficazmente su estacionalidad y concentración espacial.

-Diversificar los perfiles profesionales, añadiendo a los tradicionales (de bajo valor añadido) otros relacionados a la tecnología. En el siglo XXI el turismo no es sólo un sector intensivo en mano de obra (generalmente poco cualificada), sino una industria intensiva en conocimiento.

-Diversificar las medidas del éxito de las políticas turísticas, de forma que a los indicadores cuantitativos tradicionales (número de viajeros, pernoctaciones) se agreguen otros de carácter cuantitativo que tengan en cuenta la rentabilidad económica y social, así como la sostenibilidad ambiental vinculada a los impactos que el turismo genera sobre el territorio. Sólo un turismo sostenible (económica, social y ambientalmente) puede considerarse un turismo de éxito.

¿Cómo evalúa, en términos generales, la situación de América Latina en torno a la sostenibilidad del turismo? ¿Creé que los patrones de políticas turísticas de esta región han favorecido el desarrollo?

En América Latina podemos encontrar ejemplos de sostenibilidad muy interesantes. Países como Costa Rica han desarrollado un modelo en el que el aprovechamiento y respeto a sus enormes valores naturales se coloca en el centro de su arquitectura estratégica. Un turismo sostenible, en las tres dimensiones antedichas, no se improvisa: se planifica. Y esa planificación ha de partir de la definición de un modelo de desarrollo para el territorio de que se trate, teniendo en cuenta sus recursos y las tendencias del mercado turístico. En este último aspecto, la búsqueda de la autenticidad es un patrón esencial: América Latina tiene que ofreer al turista del siglo XXI su autenticidad. Si lo hace huyendo de patrones de masificación caducos, se situará en la senda de la sostenibilidad, no sólo ambiental, sino también social, con modelos en los que los beneficios del turismo llegan a las comunidades receptoras de la forma más amplia posible. En Nicaragua, por ejemplo, pude conocer modelos de participación de las comunidades locales muy interesantes que operan en este sentido.

En algunos países, tanto latinoamericanos como europeos, los paisajes urbanos y rurales han sido modificados por el desarrollo de las políticas turísticas desarrolladas no solo por los Estados Nacionales sino también por el mercado. ¿Cuáles han sido los rasgos más característicos de esa modificación del espacio? ¿Qué tipo de efoque se expresa no solo en términos de América Latina sino que tiene un carácter global? ¿Hay países que hayan adoptado políticas de turismo sustentable que puedan ser estudiadas y tenidas en cuenta para mejorar la situación de la región?

El turismo no es una actividad neutra en sus impactos sobre el territorio. Por el contrario, si no se planifica adecuadamente, puede generar una presión y alteraciones indeseables. Cuando el paisaje urbano o rural se desnaturaliza, se pierde parte de la identidad del lugar, de la idiosincrasia que lo define y que, precisamente, es la que concita la atención y atrae a muchos turistas. Es una manifestación de esa pérdida de autenticidad a la que me refería anteriormente. Cuando esto ocurre, los destinos tienden a convertirse en productos turísticos indiferenciados. Esta suele ser, en general, una mala apuesta en el largo plazo.

Un cambio de giro muy interesante es el que ha adoptado la ciudad de Copenhague, capital de Dinamarca, con su nueva estrategia conocida como «El fin del turismo tal como lo conocemos». Siguiendo este ejemplo, en lugar de hablar de gestión del turismo quizás debiéramos hablar de gestionar núcleos de población en los que coexisten locales y turistas, es decir, residentes permanentes y residentes temporales, a los que hay que prestarles servicios en función de sus necesidades. Si empezamos a entender al turista como un residente temporal, seguramente la manera de enfocar el turismo se altera en alguna medida.

Uno de los grandes debates que se manifiestan en la actualidad es el de los beneficiarios de las políticas turísticas. Tanto en América Latina como en Europa se ha puesto de manifiesto que hay sectores económicos que se ven fuertemente privilegiados por las estrategias imperantes. ¿Qué tipo de poder tiene el mercado en la definición de los parámetros con los que se desarrolla esta actividad?

La gestión del turismo se ha venido desarrollando en una suerte de partenariado público-privado, entendiendo por privado a las empresas que ofician como operadoras turísticas. Este es un modelo insuficiente porque deja fuera un elemento esencial cuya voz es imprescindible a la hora de definir el modelo de desarrollo turístico que se desea: las comunidades locales receptoras de los flujos turísticos. El modelo de las «tres p» (public-private partnership) debe dar paso a uno nuevo, o de las 4ps (public-private-people partnership). Es decir, no debe ser solo una asociación pública y privada, sino una asociación pública, privada y que tenga encuenta a los pueblos concretos. No se trata de desarrollar el turismo para las comunidades locales sino con las comunidades locales. El turismo necesita imperiosamente de una alianza con la sociedad.

En diversas ciudades europeas se han desarrollado movimientos llamados «turismofóbicos» que se han manifestado contra la «turistificación» de las ciudades y han hecho eje en la falta de políticas de planificación de esta actividad. ¿Qué opinión tiene de estos procesos que ponen en tela de juicio el exceso de esta actividad? ¿Hay alguna posibilidad de que se desarrollen movimientos similares en América Latina?

Efectivamente la «turismofobia» es un «virus» fácilmente propagable. Sin embargo, estas experiencias deberían facilitar el aprendizaje en destinos hasta ahora ajenos a este fenómeno y ayudar a sus respectivas autoridades a tomar medidas para evitar sus efectos en la mayor medida posible. Estos episodios de turismofobia están relacionados con algunos aspectos ya señalados: el crecimiento incontrolado del turismo, la planificación, el papel de quienes viven en los destinos turísticos. La turismofobia parece ser el precio a pagar por el éxito, un éxito que si no se digiere bien puede convertirse en un fracaso ulterior.

El crecimiento exige mayores capacidades de gestión, e incluso a veces (por cuestiones de capacidad de carga) establecer ciertos límites. A este respecto, las nuevas tecnologías pueden ser de gran ayuda, en el marco de lo que se conoce como Destinos Turísticos Inteligentes, entre los que España, por ejemplo, es un país pionero. Un destino turístico sólo podrá avanzar en ese camino si traza planes a largo plazo, con los correspondientes programas de inversiones en esas capacidades tecnológicas y de gestión. Por último, es esencial articular mecanismos para que quienes allí residen permanentemente participen y tengan capacidad de influencia en las decisiones que les afectan, y el turismo les puede afectar mucho, tanto positiva como, a veces, negativamente. Hay que asumir, de verdad, que el turismo es cosa de todos.


Alfonso Vargas Sánchez es especialista en turismo. Es catedrático en la Universidad de Huelva. Es Doctor en Ciencias Empresariales por la Universidad de Sevilla y Especialista en Planificación de Destinos Turísticos por la Universidad Abierta de Cataluña (UOC). En la actualidad es Director de I+D en el International Institute for Research and Development of Special interest Tourism. Asimismo, es profesor visitante en el Reino Unido en la York St John Business School.

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