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Los laberintos de la Revolución Ciudadana en Ecuador

Algunas personas dudan de que el candidato oficialista tenga capacidad para liderar el gobierno. Moreno parece estar consciente del desafío que tiene como sucesor de Correa, tal como manifestó en una de sus declaraciones: «He respetado al señor presidente de la República mientras ha ejercido su mandato, exigiré igual que todos los ecuatorianos respeten mi mandato»19. Esta capacidad es la que tendrá que demostrar en caso de llegar a la Presidencia, pues es evidente que la designación de Glas como integrante del binomio implica la permanencia del círculo que se ha fortalecido bajo la conducción de Correa.

Un factor clave en la hegemonía de la Revolución Ciudadana ha sido el manejo de la maquinaria comunicativa del gobierno y de su estrategia mediática. Este ha sido un elemento decisivo en el mantenimiento de la popularidad de Correa, quien logró su punto más alto en torno de 75% en marzo de 201320, aunque desde entonces ha declinado. Habría que ver si Moreno logra renovar el liderazgo, ampliar alianzas y refrescar el discurso de la Revolución Ciudadana, que se ha desgastado en estos últimos años.

Por otra parte, la disputa en el campo político implica la construcción de un discurso contrahegemónico. La derecha ha levantado las banderas de la defensa de las libertades, la división de poderes y el cuestionamiento de la corrupción, tiene a su favor los medios privados de información y cuenta con un grupo de periodistas e intelectuales que ha golpeado en varios puntos débiles de la Revolución Ciudadana. Sin embargo, la oposición aún no logra quebrar las banderas nacionalistas, de redistribución y contra la vieja partidocracia de Alianza pais, ni unificar un bloque social y político tras sus planteamientos.

Dada esta situación, es posible que Moreno sea el próximo presidente. En este caso, el plan b de las corrientes de derecha es fortalecerse en el Parlamento, acumular fuerzas –tanto en la institucionalidad como en la calle– para propiciar el desgaste del régimen e intentar una maniobra posterior que desbanque a Alianza pais21. Es posible que la oposición no haya tenido suficiente tiempo para articular a los diversos sectores y constituir una fuerza que facilite el cambio de régimen. Pero lo está intentando y espera su turno, seguramente, una vez que se posesione el nuevo presidente.

El segundo escenario es el del triunfo de Alianza pais bajo el nuevo liderazgo de Moreno, con la posibilidad de que se realicen cambios en las políticas gubernamentales. El núcleo duro de la base social del movimiento gobernante se ha mantenido en torno de 30% del electorado durante la década de gobierno y a este porcentaje se debe sumar el de quienes simpatizan con Moreno. Para ganar en la primera vuelta, el ex-vicepresidente necesita 40% de los votos y una ventaja de diez puntos porcentuales sobre el segundo. Si pasa a la segunda vuelta, el escenario se le puede complicar, en la medida en que se unan tras el otro candidato todas las fuerzas de la oposición.

Para el análisis hay que tomar en cuenta que, si bien la derecha triunfó en 20 ciudades, Alianza pais se mantiene como la primera fuerza a escala nacional. El movimiento gobernante tiene gran capacidad de convocatoria y sostiene un aparato electoral con múltiples recursos desde el Estado. Hay, sin embargo, obstáculos que deberá superar el oficialismo: en primer lugar, están los grados de libertad del candidato, pues debe diferenciarse de la fuerte imagen que proyecta el actual presidente y mostrar que es un personaje capaz de abrir nuevos rumbos, sumar aliados y atender nuevas demandas de la población. Un segundo factor es la debilidad de Alianza pais para integrar las listas parlamentarias debido al enquistamiento de caciques locales que hasta hoy han sido su sostén, pero que se han desgastado en estos años. Un tercer factor se vincula a las cartas bajo la manga que tiene la derecha y que puede soltar en campaña, como denuncias de corrupción, la propia crisis económica, etc. El cuarto factor es el discurso defensivo del oficialismo, que insiste en que Ecuador ha vivido «la década ganada» y no logra renovar su mensaje.

Pero los problemas de Alianza pais no se ubican solo en el corto plazo. El oficialismo tiene un buen candidato y puede ganar en los comicios, pero a mediano plazo tiene el reto de administrar el Estado en un periodo de vacas flacas, lo que conlleva presiones de múltiples actores, desde los grupos populares que quieren mantener las políticas sociales hasta el poder transnacional y los empresarios que exigen un ajuste más radical, que puede afectar la inversión pública.

A esto hay que sumar las tensiones internas de la fuerza gobernante: Moreno ha planteado en la campaña una «mano tendida» y es probable que, de ser necesario, desde la Presidencia quiera ampliar alianzas o desarrollar un estilo menos confrontativo que su antecesor. No le será fácil, empero, conciliar con el heredero de Correa: un Jorge Glas que tiene el poder de las áreas estratégicas.

Cabe destacar que el gobierno ya dio un giro hacia el pragmatismo en las políticas económicas. El propio Correa se distanció del horizonte poscapitalista planteado en la Constitución de 2008 y en la primera fase «nacional popular» de la Revolución Ciudadana. Desde hace varios años y cada vez con más fuerza, se fue afirmando una política que busca la alianza del Estado con el gran capital. Esto implica que ya hemos asistido a una reforma dentro de la revolución para que esta resulte más confiable a los grupos empresariales. Hay sectores destacados de las clases dominantes que tienen puentes y negocios con el Estado y que seguramente no están interesados en desestabilizar a un gobierno que les ofrece orden y seguridad a sus inversiones. Habrá que ver si este esquema de alianzas público-privadas es sostenible en el futuro.

Comentarios finales

En resumen: es probable que el segundo escenario se imponga y que Alianza pais tenga posibilidades de mantener el gobierno, aunque con dificultades. Algunos hablan de un «fin de ciclo» de los regímenes progresistas, con una connotación fatalista del «fin de la Historia», pero este enfoque es más un deseo que una categoría que ayude a entender el proceso y los cambios en la correlación de fuerzas.No hay por ahora un sujeto popular movilizado que tenga potencialidades de enfrentarse al gobierno progresista22, ni una elite empresarial unificada, ni una derecha que haya logrado articular una estrategia de cambio de régimen con resultados a corto plazo. Las fuerzas rivales de la Revolución Ciudadana aún no logran conciliar las banderas ecologistas radicales de la izquierda y las banderas de la democracia liberal que plantea la derecha.

Aparece una Alianza pais adaptada a las circunstancias, abierta de manera pragmática al capital privado, negociando con intereses transnacionales, con un fuerte aparato político y económico a su servicio y que busca mantener la hegemonía con un candidato que tiene un alto capital electoral. Los beneficios logrados por la población en una década de movilidad social ascendente hacen que las banderas de la redistribución que levanta la Revolución Ciudadana sigan teniendo recepción. Lenín Moreno podría asegurar un cambio de estilo de gobierno, pero no está claro si tendrá la capacidad de renovar un proyecto que ya reveló limitaciones.

  • 19.

    «Enrique Ayala Mora: ‘En mayo se debe convocar a una Asamblea Constituyente’» en Ecuador-inmediato, 16/8/2016.

  • 20.

    Fuente: Habitus Investigación Quantum: «Informe de estudio de opinión pública», boletín periódico mensual, 3/2015.

  • 21.

    El periodista opositor José Hernández recalca que un obstáculo a la unidad de la oposición es la necedad y la nostalgia de las corrientes de izquierda, que no asumen una postura «democrática moderna» para adherirse a la derecha. J. Hernández: «Moncayo, líder de otro frankenstein criollo» en Cuatro Pelagatos, 19/10/2016.

  • 22.

    M. Modonesi y M. Svampa: ob. cit.