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Los laberintos de la Revolución Ciudadana en Ecuador

Por su lado, la derecha no logró un acuerdo en las candidaturas. Por una parte está el movimiento creo, que se mueve en torno de Lasso, ex-presidente del Banco de Guayaquil y uno de los hombres más ricos del país. Líder conservador y miembro del Opus Dei, Lasso quiere aparecer como un político moderno, tolerante, democrático y, sobre todo, emprendedor, que va a sacar al país de la crisis económica. En los últimos meses lideró la campaña «Compromiso Ecuador», iniciativa de aglutinación de fuerzas opuestas a Correa y a las enmiendas constitucionales que hubieran facilitado su reelección.

Lasso se hizo conocer en las elecciones de 2013, cuando logró 22% de los votos frente a Correa –quien ganó en la primera vuelta– y obtuvo cierta adhesión en el país al integrar a líderes y movimientos locales y firmar un acuerdo con el movimiento Sociedad Unida Más Acción (suma), del actual alcalde de Quito, Mauricio Rodas. En realidad, Lasso está en campaña desde hace varios años. Su candidatura representa a un sector del empresariado, pero Lasso no tiene experiencia en cargos públicos y presenta una desventaja que puede resultar fatal para sus ambiciones presidenciales: es banquero en un país en el cual la población recuerda el feriado bancario de 2000, el congelamiento de los ahorros y los costos de la dolarización. Hoy Lasso aparece estancado en las encuestas ante la pujante candidatura de Moreno.

Por otro lado está el psc, aliado con el Movimiento Cívico Madera de Guerrero, bajo la conducción de Jaime Nebot, quien ha mantenido una alta popularidad como alcalde de Guayaquil por más de una década. Nebot logró atraer a movimientos como el grupo Concertación, filo demócrata cristiano. Detrás de este frente aparece la mano experimentada de Jaime Durán, el inefable asesor de Mauricio Macri en Argentina y estratega de lides presidenciales.

Esa coalición se está fraguando con la meta de ocupar curules en la Asamblea Legislativa y prepararse para una confrontación con el régimen en una «vía ecuatoriana» de «restauración conservadora», siguiendo los ejemplos de la derecha en Brasil, Argentina y Venezuela, que han tenido estrategias diferentes para sacar al progresismo de los respectivos gobiernos. Pero esta fuerza no tiene proyección ganadora, pues su candidata, la asambleísta Viteri, se mueve en torno de 10% de las preferencias12.

Sectores de oposición de izquierda han confluido en el Acuerdo Nacional por el Cambio. Allí están Unidad Popular, de raíz maoísta, con base en organizaciones de maestros y estudiantes; el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (mupp), vinculado al movimiento indígena13; Centro Democrático, del prefecto de la provincia del Guayas Jimmy Jairala –con base en la Costa– e Izquierda Democrática, partido que recuperó su personería electoral y que tiene raíces socialdemócratas. Este acuerdo presenta como candidato al general Paco Moncayo, quien lideró las tropas ecuatorianas en el último conflicto con Perú y luego fue alcalde de Quito. Si bien el lanzamiento de la candidatura de Moncayo lo ha posicionado en torno de 10%, no está claro si tiene capacidad de crecer en el futuro inmediato14. También hay que preguntarse si esta coalición tiene un proyecto coherente que garantice su unidad para intervenir a mediano plazo en el escenario político.

Escenarios

Como se señaló inicialmente, se pueden establecer dos escenarios15: el primero, una transición poscorreísta, y el segundo, la continuidad de Alianza pais, aunque esta puede darse con cambios en la orientación política del régimen. La condición para el primer escenario es que la oposición gane las elecciones y muestre capacidad para desplazar el entramado institucional erigido por la Revolución Ciudadana y cambiar de régimen político. Tiene a favor su triunfo electoral en las 20 ciudades más importantes en las elecciones regionales de 2014, los efectos posibles de la crisis económica y un relativo agotamiento del modelo neodesarrollista centrado en el Estado. Hay también síntomas de desgaste del discurso revolucionario16. Para varios analistas, la salida del líder del proceso es un hito clave que apunta a la transición poscorreísta17.

En varias ocasiones los actores impulsaron iniciativas para desgastar al gobierno: la derecha buscó un camino «a la venezolana» con las marchas de las banderas negras contra la ley de impuestos a las herencias en abril de 2015. Pero, aunque hizo retroceder al gobierno sobre este proyecto tributario, ese camino de confrontación no cuajó, entre otros factores, por la llegada del papa Francisco, quien bendijo el camino de justicia social practicado por el gobierno. Luego, líderes de izquierda como el socialista Enrique Ayala lanzaron la propuesta de convocar a una nueva Asamblea Constituyente para derogar la Constitución, pero tampoco tuvieron respaldo, pues ello implicaría un ambiente de desestabilización del gobierno actual. Posteriormente, creo impulsó la oposición a las enmiendas que buscaban abrir el camino para la reelección de Correa, pero esta iniciativa quedó neutralizada con el retiro del presidente como candidato.

La crisis económica aún no se ha convertido en una bandera política que provoque un vertiginoso desgaste del gobierno, entre otras razones porque convertir un hecho económico en una causa de lucha contra presuntos responsables es un proceso complejo. Sectores de la población sienten preocupación por la economía, pero no necesariamente atribuyen al gobierno la responsabilidad sobre la coyuntura actual. Si bien el gobierno ha realizado un ajuste, Correa ha logrado, con crédito interno y externo, solventar los baches en la balanza de pagos y en el déficit fiscal. Como se dijo antes, pese a la crisis, el gobierno no se desgastó catastróficamente en estos dos últimos años; entre otros factores, porque revirtió los efectos del terremoto de abril de 2016 y porque la oposición tuvo dificultades para impulsar sus iniciativas y unirse en un solo frente.El otro factor que podría entrar en juego es la salida de Correa. Generalmente, los autores críticos del populismo leen de una manera unilateral el decisivo papel del «caudillo» en la conformación del movimiento político18. En este caso, lo que no toman en cuenta es la popularidad de Lenín Moreno, la vigencia de algunas banderas de la Revolución Ciudadana y la cultura política de la población en la que encuentra un respaldo fuerte el actual presidente.

  • 12.

    C.A. Sosa y M. Orozco: ob. cit.

  • 13.

    El gobierno ilegalizó al gremio de maestros –la Unión Nacional de Educadores (une)– e intentó desalojar de su sede a la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (conaie), además de haber desmantelado las instancias «corporativas» donde tenían influencia las dos organizaciones en el Estado.

  • 14.

    P. Recalde: ob. cit.

  • 15.

    A cinco meses de los comicios y sin que varias coaliciones hayan completado los binomios presidenciales y las listas parlamentarias, es difícil dibujar escenarios más precisos.

  • 16.

    S. Ortiz Crespo: «La Revolución Ciudadana: límites de la hegemonía», ponencia presentada en el iii Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales, Flacso, Quito, 26 a 28 de agosto de 2015.

  • 17.

    Ver F. Burbano de Lara: ob. cit.

  • 18.

    V. ibíd.; Carlos de la Torre: De Velasco a Correa. Insurrecciones, populismos y elecciones en Ecuador, Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador / Corporación Editora Nacional, Quito, 2015. Una crítica a esta visión puede encontrarse en José Villaroel: «La intermediación como práctica sociopolítica de los sectores urbano marginales de Guayaquil en el contexto de la Revolución Ciudadana», tesis de maestría en Sociología, Flacso-Ecuador, Quito, 2015.