Coyuntura

Los desafíos de Fernando Lugo

El triunfo de Fernando Lugo en las elecciones de Paraguay es histórico no solo por el hecho de que es la primera vez en el mundo que un ex-obispo se impone en comicios presidenciales, sino también porque marca el fin de la hegemonía del Partido Colorado, en el poder desde hace más de 60 años. Luego de su victoria, Lugo ratificó su decisión de renegociar con Brasil el injusto contrato de la empresa hidroeléctrica Itaipú y anunció su voluntad de gravar con nuevos impuestos a los ricos productores de soja y de mejorar la desigual distribución de la tierra. Pero no será fácil. Paraguay arrastra serios déficits de desarrollo, con una sociedad que descree de la democracia y una clase política corrupta y anquilosada. Además, Lugo deberá gobernar con escaso apoyo parlamentario y frente a la previsible resistencia del Partido Colorado, que aún mantiene una poderosa red clientelar. Palabras claves: elecciones, política, soja, energía, Fernando Lugo, Paraguay.

Los desafíos de Fernando Lugo

La victoria del ex-obispo Fernando Lugo en las elecciones presidenciales del 20 de abril de 2008 marca un punto de inflexión en la atormentada historia política de Paraguay, país sin salida al mar y uno de los más pobres y desiguales de América Latina. Lugo apareció por primera vez en la escena política a principios de 2006 y solo dos años más tarde logró una victoria convincente, con 41% de los votos, en una elección de la que participó 68% del electorado. Este triunfo fue posible a pesar de una feroz campaña de desprestigio llevada a cabo por el gobernante Partido Colorado (PC), que llegó a utilizar a la madre de Cecilia Cubas –la hija del ex-presidente Raúl Cubas secuestrada y asesinada en 2005– para acusar a Lugo de haber participado en la muerte de su hija. Además, el PC intentó vincular a Lugo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) amparándose en las denuncias del gobierno de Estados Unidos acerca de una supuesta red de apoyo a la organización en el Departamento de San Pedro, donde Lugo se había desempeñado como obispo. Blanca Ovelar, la candidata presidencial del PC, que obtuvo 31% de los votos y quedó en segundo lugar detrás de Lugo, fue magnánima y reconoció pronto el resultado, lo que distendió el inestable clima político paraguayo. Lino Oviedo, disidente colorado y ex-jefe del Ejército que acababa de salir de prisión, donde cumplía una condena por el intento de golpe de Estado de 1996, quedó en tercer lugar, con 22% de los votos. Finalmente, como clara evidencia del cambiante clima político, Pedro Fadul, fundador y líder del partido proempresarial Patria Querida, quien posee fuertes vínculos con los sectores conservadores de la Iglesia católica, sufrió una importante caída de sus votos, que disminuyeron de 21% en las elecciones de 2003 a tan solo 2% en estos últimos comicios. Breve reseña histórica

Aunque la región del Paraguay sufrió la primera invasión española en 1530, fue un páramo durante la mayor parte del periodo colonial debido a la ausencia de recursos naturales de importancia para el comercio internacional. Esta realidad tuvo dos consecuencias significativas que hasta hoy marcan una diferencia entre Paraguay y el resto de América Latina. Primero, el relativo aislamiento respecto de la economía mundial ha preservado los valores tradicionales, culturales y políticos paraguayos por mucho más tiempo que en cualquier otro país latinoamericano. Segundo, la inmigración española en pequeña escala tuvo como consecuencia una rápida mezcla étnica y el predominio de los valores culturales y del idioma guaraní precolombinos entre la población mestiza. Como resultado, Paraguay es el único país de América Latina en el que un idioma indígena sigue siendo genuinamente nacional y su uso se mantiene por encima del español a pesar de no contar con un mínimo reconocimiento por parte del Estado, el Poder Judicial o la administración pública.

Por ende, una fuerte sensación de identidad nacional caracterizó a la población paraguaya antes y después de la declaración de independencia en 1811. Lo mencionado, junto con la amenaza evidente de Argentina, que intentaba incorporar a Paraguay a su territorio, produjo la búsqueda consciente de una estrategia centralizada de desarrollo. Sin embargo, la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) contra las fuerzas conjuntas de Argentina, Brasil y Uruguay dejaría una marca definitiva en la memoria histórica colectiva de Paraguay. El país sufrió pérdidas espantosas, que hoy se estiman en 65% de la población. En la posguerra, los líderes de la nación vencida vendieron gran parte de la tierra a compradores extranjeros y sentaron las bases de un sistema de tenencia caracterizado por la flagrante desigualdad, que sorprendentemente no ha experimentado cambios importantes hasta hoy.

El desarrollo avanzó a paso de tortuga durante gran parte del siglo XX, periodo marcado por la turbulencia política y los regímenes autoritarios. La victoria paraguaya en la Guerra del Chaco (1932-1935) librada contra Bolivia derivó en una mayor participación militar en la vida política del país, que culminaría con el régimen autoritario más extenso de la historia paraguaya, protagonizado por Alfredo Stroessner (1954-1989). Desde el fin del gobierno de Stroessner, la transición a la democracia ha estado obstruida por la interferencia militar.

Al mismo tiempo, la Guerra de la Triple Alianza sigue grabada a fuego en la psique nacional y marca una clara línea divisoria en la cultura política del país. Por una parte, están aquellos que ven a Francisco Solano López, el entonces líder de Paraguay, y a su compañera irlandesa, Elisa Lynch, como los únicos responsables de la guerra y de sus devastadoras consecuencias. Desde este punto de vista, Solano López es considerado un pionero de la tradición autoritaria que obstaculizó el arraigo de la democracia. Otros analistas ven a Solano López como la personificación de una nación pequeña y valiente en su lucha heroica contra las fuerzas externas empeñadas en exterminar a la orgullosa raza guaraní. Estas opiniones diametralmente opuestas son fundamentales para comprender la cultura política contemporánea de Paraguay. Influyeron –y hasta determinaron– las actitudes frente a las Fuerzas Armadas, la inmigración, la inversión extranjera, la privatización y la reforma del Estado.

El legado colorado

Los comicios de 2008 marcan la primera vez en el mundo en que un ex-obispo es elegido para ocupar la presidencia de un país. Pero el resultado de las elecciones fue histórico también por motivos de carácter nacional. Sorprendentemente, es la primera vez desde 1887, cuando se crearon los dos partidos tradicionales de Paraguay (el PC y el Partido Liberal, hoy Partido Liberal Radical Auténtico –PLRA–), que una fuerza política le cede el poder a otra en una elección pacífica, en lugar de tomar el poder mediante un golpe militar. Las elecciones, además, marcaron el fin de 61 años de gobierno ininterrumpido del PC, el mandato más largo de la historia mundial de un mismo partido político: el PC controlaba el gobierno sin interrupciones desde el 13 de enero de 1947, incluyendo el régimen dictatorial de Alfredo Stroessner y un sombrío proceso de democratización posterior, durante el cual hubo tres episodios de inestabilidad militar, además del asesinato del vicepresidente Luis Argaña y la acusación formal con cargos de corrupción contra dos ex-presidentes. Pero no se trata solo de episodios del pasado, pues bien podrían presentarse cargos similares cuando el actual presidente, Nicanor Duarte Frutos, deje el poder.