Tema central

Los brasileños leen Facebook Izquierdas y cultura política digital

En el discurso contemporáneo ordinario, sin embargo, se incluye también una afirmación de la autoridad de la experiencia directa, es decir, la idea de que, al contrario de lo que se deriva del prejuicio, que descalifica a quien habla desde abajo de la jerarquía social, es justamente esa condición subalterna la que califica el discurso sobre la opresión, porque lo hace con conocimiento de causa, con la autoridad de quien experimentó la situación, sin mediación:

Estamos indignados porque nos cansamos de ver a personas blancas, heteronormativas y de clases pudientes discutiendo con supuesta propiedad sobre cuestiones completamente ajenas a su realidad, cuestiones sobre las cuales solo pueden teorizar, toda vez que no sienten en la piel la real cara de la discriminación, la desigualdad y la necesidad de políticas públicas. (…) Estamos indignados porque estamos cansados de ser tachados de «negros rabiosos» y disminuidos en nuestros discursos siempre que reivindicamos nuestro lugar de enunciación.14

Aquí también, mientras el debate académico transitó una ruta propia, por ejemplo, apuntando a problemas epistemológicos en la afirmación de la autoridad de la experiencia15, el debate ordinario diseminó el concepto a su modo, afirmando la fuerza y la autenticidad de quien discute aquello que vivió directamente.

Privilege

Un caso con menos mediaciones y desplazamientos semánticos es el concepto de «privilegio», que emergió en el sentido político corriente en un artículo corto de Peggy McIntosh de 198916 y se difundió en los últimos años como un abordaje invertido17 de la cuestión de la opresión, tratando las asimetrías sociales como «ventajas no merecidas» y no como desventajas o restricción de derechos.

Tanto en el artículo de McIntosh como en el uso corriente, el término se utiliza para resaltar los beneficios muchas veces no percibidos que son usufructuados por quien ocupa posiciones dominantes. Es una especie de denuncia de la alienación de aquellos que viven la vida cotidiana sin percibir que muchas de las cosas que dan por sentadas son vividas como grandes dificultades y obstáculos por quien se encuentra debajo en la jerarquía social.

Reconocer sus privilegios es el primer paso para luchar por un mundo más justo.

Hoy los blancos dejaron de hablar de apropiación cultural con discurso raso y deshonesto, deslegitimando la lucha del movimiento negro. No quieren discutir privilegios ¿no?

Sé que reconocer mi privilegio es fundamental para el fin del racismo y sé que en algunos espacios es importante posicionarme, pues viviendo lo políticamente correcto, los blancos construyeron su identidad encima del racismo, si somos lo que somos, si tenemos esta autoestima, es porque otros tuvieron rasgada su identidad, y reconocer estos privilegios es uno de los pocos papeles que los blancos tienen para la eliminación del racismo.18

En el artículo que lanzó el concepto, McIntosh se coloca en el lugar de una mujer negra y se mira a sí misma colocándose en esta posición subalterna, elaborando una larga lista de los privilegios que usufructúa como mujer blanca y que no percibe en la vida cotidiana: hacer compras sin causar desconfianza o ser perseguida, comprar juguetes para los hijos sabiendo que los muñecos representarán a su raza o ir a reuniones con la convicción de que no se va a sentir aislada porque es la única persona de su raza en aquel ambiente.

El discurso sobre los privilegios mira hacia la normatividad social desde abajo de la jerarquía social. Para acompañar la experiencia de quien es oprimido, rebaja la regla normativa a partir de la cual la normalidad del derecho es vista como un privilegio excepcional. Todo lo que para el hombre blanco heterosexual es una normalidad habitual, para quien vive en la parte inferior de la escala aparece como una prerrogativa especial, como una «ventaja inmerecida». Tratar estos acontecimientos de manera invertida, no como restricción de derecho sino como privilegio, sería una especie de alerta para la normalización de la opresión, que produce una incomodidad que debería generar empatía y urgencia.

La difusión de los conceptos de «empoderamiento», «lugar de enunciación» y «privilegio» por medio de debates cotidianos y multitudinarios en Facebook no es una simple vulgarización del debate académico. Aunque sea más o menos posible determinar la génesis inmediata de los conceptos en los textos de McIntosh, Alcoff y Rappaport, el debate político en Facebook no es una simplificación con atraso del debate norteamericano de los años 1990, sino un proceso vivo de apropiación y resignificación, en el cual el origen y la definición de los conceptos se perdieron y todo lo que los hablantes pueden hacer es inferir el sentido por el uso, y este se va modificando y adaptando a las condiciones de la lucha política.

Justamente por eso, parece útil rescatar estos textos originarios cuyos ecos y desdoblamientos los brasileños de izquierda están leyendo todos los días. Como en esos textos las definiciones, los presupuestos y las consecuencias son presentados explícitamente, el rescate, por un lado, permite aclarar el sentido de los conceptos, y por otro lado, facilita la necesaria reflexión sobre los innumerables problemas involucrados en sus usos.

  • 14.

    Colectivo NegraSô, 17 de septiembre de 2015.

  • 15.

    Joan W. Scott: «The Evidence of Experience» en Critical Inquiry vol. 17 No 4, 1991.

  • 16.

    P. McIntosh: «White Privilege: Unpacking the Invisible Knapsack» en Peace and Freedom, 7-8/1989.

  • 17.

    «Se trata de ver el privilegio, la ‘cara superior’ de la opresión y la discriminación. Se trata de la ventaja inmerecida, que también puede describirse como exención de la discriminación». P. McIntosh: Some Notes for Facilitators on Presenting My White Privilege Papers, 2010, disponible en https://nationalseedproject.org/white-privilege-unpacking-the-invisible-knapsack.

  • 18.

    Publicaciones también sacadas de su contexto, solo a modo de ilustración.