Tema central

Los brasileños leen Facebook Izquierdas y cultura política digital

Empowerment

Tomemos como punto de partida el concepto de «empoderamiento». Esta palabra que, entre nosotros, ya no suena como anglicismo, tiene su origen en el debate de la psicología comunitaria norteamericana de la década de 1980 y en la percepción de que había un conflicto entre una acción orientada a la satisfacción de necesidades y una acción que reconocía derechos. En el contexto de este debate se hicieron esfuerzos prácticos y teóricos para sustituir abordajes asistencialistas por abordajes «empoderadores», que conferían más autonomía a los sujetos en la consecución de sus derechos8.El concepto de «empoderamiento» se difundió a partir de entonces hacia todas las ciencias humanas y después hacia los movimientos sociales con el sentido de adquisición de autonomía y autodeterminación. Los entonces denominados «nuevos movimientos sociales», que se caracterizaron por valorar los procesos de democracia interna9, podían verse como experiencias «empoderadoras» y que otorgaban «protagonismo» a quien participaba, pero fue en el contexto del crecimiento de las organizaciones no gubernamentales que actuaban en países periféricos, diez años después, donde el término pasó a ser adoptado para hablar de las cuestiones de las mujeres, sobre todo en un sentido de emancipación económica. Como apunta Srilatha Batliwala con respecto a este fenómeno: «Los movimientos por el empoderamiento de las mujeres no sobrevivieron en regímenes autoritarios basados en la subordinación de género y en las ideologías de la dominación masculina. Los abordajes de Asia austral se concentraron, necesariamente, más en las oportunidades y los servicios que en el poder político»10.

Parece que esa adopción del término por parte de las organizaciones para referirse a la emancipación económica de las mujeres es el puente semántico que lleva el término al corazón del debate feminista en países periféricos como Brasil, solo para que, 15 años después, su sentido sea una vez más desplazado hacia la cuestión de la dominación masculina, en un nuevo ciclo de luchas impulsadas por la difusión de los medios sociales.

En el debate digital reciente, «empoderamiento» refiere, sobre todo entre el movimiento feminista y en particular entre el movimiento feminista negro, a la toma de conciencia de la condición subalterna y el inexorable proceso de lucha que se inicia por medio de ella. Y es en este sentido de un «despertar para la lucha» y, cada vez más, también como el «reconocimiento de la dignidad de la condición propia», como el término ha sido empleado en la cultura política vulgar de los debates cotidianos en Facebook:

¿Dónde están los textos problematizando la salida de la bailarina negra empoderada del bbb [Big Brother Brasil]?¡El primer lugar [para el concurso de la universidad] en Medicina es una Negra, Crespa, Empoderada de 17 años, estudiante de escuela pública!

Empoderamiento es mostrar a millares de personas que puedes ser tú misma y tener orgullo de tus orígenes.11

La genealogía completa del proceso de difusión de esta cultura política ordinaria12 es muy difícil de trazar. Los conceptos normalmente tienen un origen académico, en debates registrados en revistas –en el caso que analizamos, casi todo viene del debate que ocurre en eeuu en las décadas de 1980 y 1990–, pero se van torciendo, adquiriendo nuevos usos y desprendiéndose del sentido y del contexto originales y adquiriendo nuevas acepciones y sentidos. Por eso, aunque la reflexión académica sobre raza, género y sexualidad tenga raíces comunes con el debate ordinario, muchas veces la producción universitaria desarrolló rutas propias de investigación que marchan en paralelo y solo ocasionalmente se entrecruzan con los debates multitudinarios que ocurren en el intercambio diario de centenas de miles de personas. Lo que podemos hacer en este caso es identificar y rescatar aquella génesis bibliográfica y contrastarla con el uso corriente actual, especulando, de manera un poco salvaje, sobre lo que puede haber ocurrido entre una cosa y otra.

Positionality

Otro curioso ejemplo de este desplazamiento es el concepto de «lugar de enunciación». Su génesis puede ser buscada en el concepto de «posicionalidad» de la psicología social y en la antropología (y sus desdoblamientos específicos, en la epistemología feminista), pero en la acepción que adquiere en la cultura política digital actual, aparece por primera vez con más claridad en un artículo de Linda Alcoff sobre el problema de hablar por los otros13.

En el discurso político vulgar, lugar de enunciación es la reivindicación de prioridad y relevancia para hablar de temas relativos a la opresión por quien sufrió directamente la opresión. No es exactamente una reivindicación de representatividad en cualquier tipo de tema, sino una demanda por autorrepresentación discursiva cuando el tema es la opresión. El argumento de Alcoff parte de la constatación de que hay diferentes efectos de verdad dependiendo de quién hable. El motivo es que las jerarquías sociales producen efectos de verdad diferentes: son más intensos, por ejemplo, cuando un discurso es enunciado por un hombre blanco mayor, que cuando es enunciado por una mujer negra más joven, de quien el prejuicio espera ignorancia o irracionalidad.

La constatación de estos diferentes efectos de verdad que varían según el lugar de enunciación hace que un discurso crítico sobre la condición subalterna de la mujer, cuando es enunciado por un hombre, entre en una especie de contradicción performativa, como si él negara, en la práctica, su contenido. Esto ocurre porque el discurso feminista enunciado por el hombre presupone, e implícitamente refrenda, la jerarquía de los efectos de verdad que da más autoridad al hombre que a la mujer. Por ese motivo, dice el argumento, los discursos sobre la condición de la mujer deben ser enunciados por mujeres, aquellos sobre la condición de los negros, por negros, y así sucesivamente, de manera que tanto el contenido como la enunciación sean emancipatorios.

A este argumento relativo a los efectos de verdad se suma otro, no exactamente de experiencia, sino de autoconstrucción de «necesidades, objetivos y de su propia situación», o sea, de autoconstrucción del problema según el propio entendimiento de cómo este se da, desde qué perspectiva debe ser encarado y de lo que es prioritario, en otras palabras, algo como una autoconstrucción epistémica.

  • 8.

    Julian Rappaport: «In Praise of Paradox: A Social Policy of Empowerment Over Prevention» en American Journal of Community Psychology vol. 9 No 1, 1981 y «Studies in Empowerment: Introduction to the Issue» en Prevention in Human Services vol. 3 No 1, 1984.

  • 9.

    Francesca Polletta: Freedom Is an Endless Meeting, University of Chicago Press, Chicago, 2002.

  • 10.

    S. Batliwala: «The Meaning of Women’s Empowerment: New Concepts from Action» en Gita Sen, Adrienne Germain y Lincoln C. Chen: Population Policies Reconsidered: Health, Empowerment, and Rights, Harvard Center for Population and Development Studies, Boston, 1994.

  • 11.

    Todas estas citas fueron extraídas de publicaciones recientes de Facebook y fueron retiradas de su contexto, con propósitos puramente ilustrativos.

  • 12.

    Me refiero a la cultura común u ordinaria en la acepción de Raymond Williams. Ver R. Williams: «Culture is Ordinary» en Resources of Hope, Verso, Londres, 1989.

  • 13.

    L. Alcoff: «The Problem of Speaking For Others» en Cultural Critique No 20, invierno de 1991-1992, pp. 5-32 (se publicó una versión revisada y ampliada en Authority and Critical Identity, University of Illinois Press, Champaign, 1996).