Tema central

Los ambientalismos frente a los extractivismos

En los planos político y económico, los extractivismos se organizaron de distinto modo: por un lado, bajo los gobiernos conservadores persistió una importante liberalización en favor del mercado y un Estado subsidiario; por otro lado, bajo los gobiernos progresistas tuvieron lugar intentos de un mayor control estatal (lo que se discutirá más abajo). En pocos años, el término «extractivismo» se popularizó y se lo aplicó a toda clase de situaciones (tales como extractivismos urbanos, financieros, epistémicos, etc.). Aunque eso reforzó la difusión de la problemática, a la vez se perdió precisión en las discusiones. Sin embargo, el debate con gobiernos y empresas requería precisar el concepto, ya que desde esos espacios se insistía con que todo uso de los recursos naturales era una forma de extractivismo. El ambientalismo respondía, por ejemplo, que no es lo mismo ni tienen los mismos impactos un agricultor que provee al mercado nacional que los monocultivos de exportación.

Algo similar ha ocurrido con el concepto de neoextractivismo. En su sentido original hacía referencia a un «nuevo extractivismo progresista», diferente de aquellos propios de los gobiernos conservadores. Pero la palabra también se popularizó, y no faltan los casos en que incorrectamente se supone que ese prefijo «neo» refiere a cualquier extractivismo reciente. También es importante advertir que la crítica ambientalista no puede ser descripta como antiminera o antipetrolera. El calificativo «anti», con toda su carga peyorativa, es muy usado por gobiernos, empresas y académicos que defienden esos emprendimientos pero no por los grupos ciudadanos. La rigurosidad de la definición es otra vez clave, ya que los cuestionamientos ciudadanos son, por ejemplo, contra los extractivismos , y esto no es necesariamente un sinónimo de minería o agricultura.

Finalmente, otra particularidad es que la crítica a los extractivismos en muchos sitios maduró en propuestas de alternativas de salida a ese tipo de desarrollo (conocidas como postextractivismo). Esto ha tenido un gran desarrollo especialmente en Perú, donde se discuten transiciones postextractivistas desde hace una década.

Los extractivismos y la divergencia izquierda/progresismo

Como se adelantó arriba, en algunos países el cuestionamiento ambiental a los extractivismos ocurrió bajo el tránsito político desde gobiernos conservadores hacia una nueva izquierda. Es importante recordar que algunos sectores del ambientalismo apoyaron y participaron de esos cambios6. Muchos militantes verdes ocuparon posiciones en los nuevos gobiernos, se fortaleció la atención política a algunos problemas ambientales e incluso se lograron innovaciones. Entre las más destacadas están la aprobación de los derechos de la naturaleza en la Constitución de Ecuador o la apelación a otra lógica al denunciar el cambio climático que esbozó el gobierno boliviano; también hubo gestos emblemáticos, como el nombramiento de Marina Silva, una mujer militante y mestiza, como ministra del Ambiente en Brasil.

Sin embargo, rápidamente asomaron dificultades en el frente ambiental. Los nuevos gobiernos no solo mantuvieron los extractivismos, sino que los reforzaron, la institucionalidad y gestión ambiental quedaron relegadas, y se repetían conocidos problemas (como débiles evaluaciones ambientales o incumplimientos de las consultas ciudadanas). Incluso se pusieron en entredicho los avances ambientales que la izquierda había anunciado. Por ejemplo, en Ecuador el propio gobierno pasó a sostener que los derechos de la naturaleza eran «derechos supuestos», para así permitir la explotación petrolera en sitios amazónicos; en Bolivia, el gobierno tenía posiciones muy radicales sobre el cambio climático, pero sus medidas en el ámbito nacional seguían alimentando la emisión de gases de efecto invernadero; y en Argentina, Brasil y Uruguay se liberaron las semillas transgénicas para promover los monocultivos. En todos esos países se seguían acumulando casos e información sobre los impactos locales de los extractivismos y, en especial, sobre la afectación de aguas y suelos, y como ocurría en la década de 1970, desde los gobiernos se minimizaba la evidencia del deterioro ambiental y se insistía en pretendidas soluciones tecnológicas.

Puede argumentarse que aquella izquierda que apostaba inicialmente por la justicia ambiental, junto con otras ideas como la radicalización de la democracia o la profundización de los derechos humanos, una vez en el gobierno abandonó varios de sus objetivos originarios para mantenerse dentro de un desarrollismo basado en el crecimiento económico a cualquier costo, y para ello, las exportaciones extractivistas eran el combustible. Quedó en evidencia que izquierda y progresismo son proyectos políticos diferentes, y el ambientalismo jugó un papel importante en poner en claro esa divergencia.Esa distinción es uno de los resultados de una renovación entre algunos ambientalistas, ya que muchas críticas convencionales no eran efectivas ante los progresismos. No se podía denunciar que los extractivismos progresistas eran, por ejemplo, dependientes de empresas transnacionales, ya que bajo esos gobiernos las compañías estatales cobraron un enorme papel en algunos sectores. Es más, los progresismos insistían en que los extractivismos eran indispensables para poder revertir la pobreza. Este tipo de discursos simplistas tienen un fuerte apoyo ciudadano, especialmente en las grandes ciudades, donde no se padecen los impactos locales de los extractivismos.

Todo esto obligó a que la crítica ambientalista se adentrara más en sus revisiones sobre las estrategias de desarrollo, el papel del Estado y sus implicancias políticas. Aunque las aristas de los debates más recientes no pueden detallarse aquí, sí debe señalarse que quedaron en evidencia distintas limitaciones en las estrategias estatales progresistas; que el desempeño social y ambiental de las empresas estatales casi siempre era negativo; que, salvo excepciones, no existía un nexo directo entre exportaciones de recursos naturales y asistencia social; y que los impactos ambientales, territoriales y sociales eran muy graves, especialmente en los grandes proyectos. Por si fuera poco, se desnudó el papel del Estado en recortar la participación ciudadana y en tolerar, o incluso promover, violaciones a los derechos de las personas. Más recientemente se sumó el desenmascaramiento de casos de corrupción en marcos legales o en proyectos extractivistas. De esta manera, la crítica ambientalista a los extractivismos tuvo efectos multiplicadores, y no solo ante cuestiones ecológicas, ya que dejó en claro que, aunque con otras justificaciones, los progresismos volvieron a caer en roles subordinados como proveedores de materias primas y externalizaron sus impactos ambientales y sociales.

  • 6.

    Distintas figuras del ambientalismo apoyaron a Alianza País de Ecuador, el Movimiento al Socialismo (mas) de Bolivia, el Partido de los Trabajadores (pt) de Brasil, el Frente Amplio (fa) de Uruguay y el presidente Fernando Lugo en Paraguay.