Tema central

Leer el chavismo Continuidades y rupturas con la historia venezolana

Aunque ambas ideas minusvaloran lo que tiene el chavismo de identidad propia y sus antecedentes, también es cierto que Pérez no estuvo del todo desencaminado cuando se refirió a una alianza de todos los sectores que durante años se opusieron, desde la derecha y desde la izquierda, al sistema democrático y que entonces, ante su crisis estructural, aprovechaban la coyuntura para hacerse con el poder. Lo que parece sostener esta idea es que la reunión de comunistas y desafectos con el sistema que estaban a la derecha forma el primer chavismo. En efecto, si ensayamos una especie de «genealogía» de las convicciones señaladas en el apartado anterior, encontramos al menos dos de estas fuentes: el pensamiento de la izquierda comunista guerrillera de la década de 1960, en especial del sector más radical que no se pacificó en 1968; y el bolivarianismo nacionalista tradicional del Ejército. El segundo fue un dispositivo que se fue estructurando en torno de lo que el filósofo e historiador Luis Castro Leiva llamó el «historicismo político bolivariano», que unía la nacionalidad al culto a Bolívar9, pero que en el sector militar adquirió una connotación particular al presentarse a sí mismo como el heredero directo del Ejército Libertador. Fue, por supuesto, una manipulación introducida cuando realmente se crearon las modernas fuerzas armadas a principios del siglo xx y se buscó inspiración en la Independencia para darles un asidero doctrinal.

Este bolivarianismo, que encajaba muy bien con las ideas desarrollistas impulsadas durante la dictadura militar de la década de 1948 a 1958, pronto se unió a otro venido de la izquierda guerrillera. En el esfuerzo por «nacionalizar» el marxismo tras el fracaso de la lucha armada, un sector disidente del Partido Comunista, el Partido de la Revolución Venezolana (prv), fundado en 1966 y liderado por el comandante Douglas Bravo, alineó los objetivos de una revolución socialista con la versión de izquierda del bolivarianismo. Es una versión que se propulsó con la Revolución Cubana y especialmente por la Conferencia Tricontinental de La Habana, aunque venía de la década de 1920 y ya había tenido portavoces tan importantes como Augusto César Sandino. Denominado «neobolivarismo» por el historiador Ricardo Melgar Bao, básicamente veía a Bolívar como antecesor del antiimperialismo y el latinoamericanismo. Cuando los dos partidos de izquierda venezolanos que llevaban adelante la guerra de guerrillas, el Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (mir)10, decidieron regresar a la vida democrática, Cuba centró su apoyo en el prv. Cuando el grupo de Chávez era una logia militar, el Movimiento Bolivariano-200, Bravo entró en contacto con él, influyó en su doctrina y lo apoyó en la conspiración para derrocar al gobierno de Pérez a través de la fachada legal denominada Frente Patriótico, en el que actuaban muchas figuras públicas.

De esta manera, en el chavismo se unen dos corrientes inicialmente contradictorias: la del nacionalismo bolivariano militar, que sueña con hacer de Venezuela una potencia, y el socialismo de los guerrilleros, en la versión de sus sectores más radicales que siguieron en la clandestinidad. Su versión de la historia (lo de la Cuarta República y sus males, la glorificación de la guerrilla de la década de 1960, la abominación de la democracia «puntofijista», la necesidad de acabar con el capitalismo) es la de la extrema izquierda; pero muchos de los símbolos, metas y medios (la idea de patria, el deseo de ser potencia, la convicción de que los militares pueden intervenir en la política e incluso gobernar) son los de la tradición del Ejército. Chávez los asumió, ya que expresaban muy bien su proceso de una revolución fundamentada en dos pilares, el popular y el militar, que lo tenía a él en el centro; pero no significó un compromiso mayor.

Continuidades y rupturas

Leído en esta clave, el chavismo se insertó en algunas tradiciones venezolanas de larga data, como la del bolivarianismo, y en otras que, si bien no eran mayoritarias, tenían gran presencia en muchos sectores, sobre todo académicos, intelectuales y políticos, desde hacía medio siglo. Por otro lado, también hay que resaltar que la democracia venezolana del periodo 1958-1998 no fue, al menos hasta la etapa llamada «neoliberal», un régimen de derecha, en el sentido dado a la palabra como una política antipopular y permeable a los intereses foráneos. Más bien al contrario. Si la guerrilla y los golpes militares fracasaron en la década de 1960, se debió a que los principales partidos llevaron adelante importantes reformas sociales que beneficiaron a buena parte de la población y tuvieron una actitud tan antiimperialista como les fue posible en medio de la Guerra Fría (y con Cuba armando una insurrección armada). La creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (opep), impulsada por el gobierno adeco de Rómulo Betancourt en 1960, y la nacionalización del petróleo decretada por el también adeco Carlos Andrés Pérez en 1976 son dos ejemplos claros de ello. Otro tanto puede decirse del hecho de que algunos de los grandes promotores y héroes de la democracia, en particular de ad, como el educador Luis Beltrán Prieto Figueroa y el especialista petrolero y artífice de la opep Juan Pablo Pérez Alfonzo, fueran asumidos también como héroes en el discurso chavista11.

Por eso, si bien en la honda crisis de la década de 1990 los ciudadanos optaron por la propuesta «antisistema» de Chávez, esto se debió en gran medida a que no hablaba un lenguaje del todo desconocido: revolución, antiimperialismo, ataque a la oligarquía, de eso se venía hablando en todo el espectro político desde la década de 1930. Es más, el primer Chávez fue en gran medida la reacción de una tradición contra el neoliberalismo que la ciudadanía identificaba como la causa del empeoramiento de sus condiciones de vida. La ruptura vino cuando en 2005 comenzó a hablarse de «socialismo». Pero nunca rompió tajantemente con ideas ya presentes en Venezuela, al menos en los sectores antisistema (los «náufragos»), a las que las nuevas circunstancias y la gran influencia de un líder muy carismático llevaron al poder.

  • 9.

    Ver L. Castro Leiva: De la patria boba a la teología bolivariana, Monte Ávila, Caracas, 1991.

  • 10.

    El mir se conformó con un ala disidente del socialdemócrata ad.

  • 11.

    Hay que admitir que Prieto Figueroa se separó de ad en 1968 y se desplazó hacia la izquierda en los años siguientes. Su partido, el Movimiento Electoral del Pueblo (mep), forma parte de la alianza chavista. Pérez Alfonzo fue también muy crítico en sus últimos años, aunque no renunció a su militancia.