Tema central

La prostitución: debates políticos y éticos

¿Sexo comercial o identidad sexual?

Para las teóricas que han pensado la prostitución desde la perspectiva de la sexualidad, el tema en tensión es si la prostitución es una forma de sexualidad, una identidad sexual y/o un trabajo. En su muy difundido texto de 1985 sobre la sexualidad femenina, la antropóloga estadounidense Gayle Rubin considera que la prostitución –que nombra como «sexo comercial»– es una de las formas de la sexualidad y, al mismo tiempo, la incluye junto con otras sexualidades devaluadas, «perversas» –homosexualidad, sadomasoquismo, sexo intergeneracional, etc.– frente a la relación heterosexual monogámica, considerada normal. Sin embargo, y en contradicción o al menos con cierta ambigüedad frente a esta afirmación, establece que «las prostitutas y otros trabajadores sexuales difieren de los homosexuales y demás minorías de este tipo. El trabajo sexual es una ocupación, mientras que la desviación sexual es una preferencia erótica»30.

Si la prostitución es una forma de identidad o una identidad sexual, ¿sería igual a otras identidades sexuales? Plantear que la prostitución es una identidad ¿no llevaría a admitir que ciertas personas nacen para ser prostituidas? Pensarla como identidad es plantearla solo en el terreno de la libertad sexual, dejando fuera la dimensión económica.

En una línea que subraya la asimetría entre prostituta y prostituyente (o quien paga por sexo), la politóloga australiana Carol Pateman considera que «el sexo implica atracción sexual mutua, satisfacción sexual mutua, mientras que la prostitución es la utilización del cuerpo de la mujer por un varón para su propia satisfacción; es la utilización unilateral por un varón del cuerpo de la mujer a cambio de dinero»31. La existencia de subordinación sexual de las mujeres es aceptada por muchas autoras que admiten que la prostitución es un trabajo. Juliano y Tabet reconocen que la sexualidad de las mujeres prostituidas es un sexualidad dominada, al servicio de quien paga. Así, por ejemplo, Juliano afirma que la prostitución «puede llegar a ser un campo de experimentación y libertad sexual, [pero] esa ventaja es principalmente para el cliente»32. Incluso Gail Pheterson, autora del conocido libro Nosotras las putas y militante por el reconocimiento del trabajo sexual, sostiene que tanto en la prostitución de mujeres como en la de homosexuales o trans no cambia la relación sexo-género, porque estos últimos, al igual que las mujeres, «sirven a los varones»33.

Las luchas de gays y lesbianas, y más recientemente de algunos sectores de la diversidad sexual, son consideradas luchas por afirmar una identidad sexual. Sin posibilidad de profundizar, es necesario decir que hay una tensión entre pensar la prostitución como identidad o como trabajo, lo que conduce a la necesidad de reflexionar acerca del rol que la sexualidad tiene en la construcción de las subjetividades para no caer en reduccionismos y desconocimientos de la complejidad, así como de la importancia que tienen en la autodefinición e identidad personal y política la identidad de género, de clase, etc. La construcción de las identidades no solo se basa en la esfera sexual, como tampoco se puede reducir la subjetividad de las mujeres prostituidas a sus conductas sexuales. El mismo texto de Rubin, como hemos visto, es ambiguo en ese punto.

¿Trabajo? ¿Trabajo sexual?

No siempre resulta evidente cuál es el concepto de trabajo que subyace a las posturas que consideran la prostitución como trabajo sexual. Hay quienes acuden a Karl Marx para justificar el trabajo sexual y también se acude a él para lo contrario. Entre quienes tienen una mirada economicista de la prostitución hay marxistas, sectores del feminismo, liberales y neoliberales. Cuando la izquierda u otras corrientes afirman que la prostitución es un trabajo, lo único que consideran es la explotación económica. No contemplan la explotación sexual. Ya el socialista argentino Alfredo Palacios utilizaba El capital de Marx para afirmar que la prostitución es una institución inherente al régimen económico actual34. Para Marx, «la prostitución es solo una forma específica de expresión de la prostitución general de los trabajadores»35, es decir que no le concede una entidad propia. Sin embargo, hace dos referencias específicas: la primera, al establecer una distinción entre otras mercancías y las prostitutas, a quienes considera «mercancías delicadas» –aunque las pone en el mismo plano que aperos de labranza o pieles–; la segunda, cuando sostiene que la mercantilización generalizada convierte en objetos de cambio aquellos que antes «se donaban pero nunca se vendían; se adquirían pero nunca se compraban: virtud, amor, opinión, conciencia»36. Para Marx –como para muchos autores de las corrientes más diversas–, el trabajo es pensado como una actividad socialmente necesaria para la supervivencia (sin relación con el ocio o el placer).

Las corrientes críticas a la legalización plantean que si bien Marx puso al descubierto la lógica del capital, no hizo lo mismo con la lógica patriarcal estructurada; así lo demostró Claude Lévi-Strauss a partir del intercambio de mujeres por parte de los varones, que no es lo mismo que la prostitución, dado que la prostitución es una forma de acceso sexual a las mujeres a través de un pago. Y solo es posible «cuando existen simultáneamente Estados, el comercio, distintas formas de artesanos e industrias, colectivos más amplios, un principio de vida urbana»37. Frente a lo que dice Marx, es pertinente la pregunta que se formula Pateman sobre el carácter del contrato sexual. En el capítulo «¿Qué hay de malo en la prostitución?» de su conocido libro El contrato sexual, desarrolla varios argumentos que refutan que el contrato sexual sea un contrato comercial. «La historia del contrato sexual dice que la prostitución es parte del ejercicio de la ley del derecho sexual masculino, uno de los modos en que los varones se aseguran el acceso al cuerpo de las mujeres. (…) La historia del contrato sexual revela también que hay buenas razones para que ‘la prostituta’ sea una figura femenina»38. Frente a la crítica de que las prostitutas muchas veces engañan o aun explotan a sus clientes39, sostiene que esas situaciones «deben distinguirse de la prostitución como institución social. Dentro de la estructura de la institución de la prostitución, las ‘prostitutas’ están sometidas a los ‘clientes’ así como las ‘esposas’ están subordinadas a los ‘esposos’ en la estructura del matrimonio»40.

  • 30.

    G. Rubyn: «Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad» en Carole Vance (comp.): Placer y peligro. Explorando la sexualidad femenina, Revolución, Madrid, 1989.

  • 31.

    C. Pateman: El contrato sexual, Anthropos, Barcelona, 1995, p. 273.

  • 32.

    D. Juliano: «El trabajo sexual en la mira», cit.

  • 33.

    G. Pheterson: «Prostitution» en Helena Hirata et al.: Dictionnaire critique du féminisme, puf, París, 2000, p. 167.

  • 34.

    Actas de la Cámara de Diputados, 17 de septiembre de 1913, pp. 330-331. Palacios mostró su sexismo al afirmar que «la prostitución es necesaria», ya que sin ella «las pasiones desenfrenadas trastornarían al mundo».

  • 35.

    K. Marx: Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, cit. por C. Pateman: ob. cit., p. 278.

  • 36.

    K. Marx: Miseria de la filosofía, Cartago, Buenos Aires, 1972, p. 72.

  • 37.

    Françoise Héritier en F. Héritier et al.: La plus belle historie de femmes, Seuil, París, 2011.

  • 38.

    C. Pateman: ob. cit., pp. 265-267.

  • 39.

    Solo como ilustración del discurso de quienes pagan por sexo, v. los siguientes fragmentos extraídos de S. Chejter: Lugar común: la prostitución, Eudeba, Buenos Aires, 2011: «Vos sos una billetera (…). No viene a otra cosa, no importa si tenés sentimientos, qué pensás de… no les importa nada, es terrible, es terrible». «Para ellas sos un gil, quieren la guita y nada más». «Yo veo mucho los informes sobre el tema de prostitución y eso, y veo que están muy lejos de la realidad. En realidad las mujeres, acá, lo que vos ves es que lo usan al hombre». «Y los dos tienen un poder distinto. Ella tiene el poder de… de… fingir, digamos… Tiene ese ancho en su manga. O de disfrutar cuando le quepa. Y uno tiene el poder de la plata. Lo que pasa es que a vos te despojan del poder (…). Todas las putas cobran antes, entonces vos perdés tu poder automáticamente, antes de tocarla».

  • 40.

    C. Pateman: ob. cit., p. 267.