Tema central

La prostitución: debates políticos y éticos

Se suele citar a Simone de Beauvoir, quien en su célebre libro El segundo sexo de 1949 afirma que, desde el punto de vista económico, la prostituta y la mujer casada ocupan posiciones simétricas. «Para ambas, el acto sexual es un servicio; la segunda está comprometida para toda la vida a un solo hombre; la primera tiene varios clientes que le pagan por unidades». Aunque pocas líneas más abajo establece que «[l]a gran diferencia entre ellas consiste en que la mujer legítima, oprimida en tanto que mujer casada, es respetada como persona humana [no siempre ni necesariamente, agregamos nosotros]; y este respeto empieza a dar jaque seriamente a la opresión. Mientras que la prostituta no tiene los derechos de una persona y en ella se resumen, a la vez, todas las figuras de la esclavitud femenina»9. La idea de un continuo entre la casa familiar y el burdel está presente en numerosas autoras, entre ellas la socióloga estadounidense Kathleen Barry10, quien, no obstante, es una de las autoras y militantes más conocidas de la corriente abolicionista y en su trabajo se ocupa de puntualizar las diferencias. En su libro de 1979 Esclavitud sexual de la mujer, asimila la prostitución a una forma de esclavitud y la define de este modo: «La prostitución es a la vez un síntoma de un orden social injusto y una institución que explota económicamente a las mujeres». Pero rechaza que el poder económico sea la variable causal, ya que quedan sin identificar ni impugnar las dimensiones sexuales del poder11. En un segundo libro, publicado en 1995, renombra la prostitución como «industria del sexo» para dar cuenta del proceso por el cual el sexo se constituye «en lo que no era: una mercancía. (…) La prostitución es la forma más extrema y cristalizada de la explotación sexual, condición política y base de la subordinación de las mujeres»12. Asimismo, incluye la participación de diversas industrias relacionadas: cadenas hoteleras internacionales, aerolíneas, bares, sex clubs, locales de masajes, burdeles, etc.13

Confrontar definiciones distintas permite percibir que los modos de acercamiento a esta temática pueden focalizar directamente las prácticas, así como los múltiples y complejos contextos que constituyen el mundo prostibulario. En los últimos años, nuevas miradas, como las perspectivas queer, muestran también que, en medio de diversas confrontaciones, parecieran predominar las posturas a favor de la conceptualizar la prostitución como trabajo sexual, aunque con diferencias, y también existen, por supuesto, posturas abolicionistas.

Las prostitutas «son la carne productiva subalterna del capitalismo global», dice Paul B. Preciado sin que esto colisione con su defensa del derecho al trabajo sexual:

El trabajo sexual consiste en crear un dispositivo masturbatorio –a través del tacto, el lenguaje y la puesta en escena– susceptible de poner en marcha los mecanismos musculares, neurológicos y bioquímicos que rigen la producción de placer del cliente. El trabajador sexual no pone en venta su cuerpo sino que transforma (…) sus recursos somáticos y cognitivos en fuerza de producción viva. (…) Su práctica depende de su capacidad de teatralizar una escena de deseo. Como el publicista, su trabajo consiste en crear formas específicas de placer a través de la comunicación y la relación social. Como todo trabajo, el trabajo sexual es el resultado de símbolos, de lenguaje y de afectos.14

Frente a esta definición eufemística, Andrea Dworkin –escritora y militante feminista estadounidense– se enfoca en lo concreto: Quiero volver a los conceptos básicos. Prostitución. ¿Qué es? Es el uso del cuerpo de una mujer por parte de un hombre para tener sexo, él paga dinero, él hace lo que él quiere. El minuto en el que te alejas de qué es realmente, te alejas de la prostitución y te adentras en el mundo de las ideas. Te sentirás mejor; pasarás un mejor momento; es más divertido; hay muchísimo para discutir, pero estarás discutiendo ideas, no prostitución. La prostitución no es una idea. Es la boca, la vagina, el recto, penetrados usualmente por un pene, a veces por manos, a veces por objetos, por un hombre y luego por otro, y luego por otro, y luego por otro, y luego otro. Eso es lo que es.15

Prostitución y trata

La relación entre prostitución y trata es uno de los ejes presente no solo en los debates actuales sino también a lo largo de los últimos 150 años, tanto a escala nacional como internacional. Desde fines del siglo xix y hasta mediados del xx, el tema dio lugar a intervenciones de organismos internacionales como la Sociedad de las Naciones, Estados y organizaciones de la sociedad civil16 que confluyeron en la aprobación por la Organización de las Naciones Unidas (onu) del Convenio para la Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución Ajena, de 1949.

La separación entre trata y prostitución es destacada por los sectores a favor de la legalización del trabajo sexual, que consideran que la legislación basada en la Convención de 1949 confunde ambos fenómenos17. Esta separación es cuestionada por los sectores abolicionistas, que consideran que trata y prostitución no deben separarse. La diferencia entre ambas corrientes se sustenta en cómo es pensada la trata. Para la corriente pro-trabajo sexual, habría una trata mala y otra que no lo es. Esta corriente rechaza solo aquella trata en la que hay engaños o se utilizan formas coactivas y violentas, pero sostiene que a muchas mujeres que quieren emigrar, tanto a escala nacional como internacional, no les queda otra opción que recurrir a organizaciones clandestinas de tráfico y trata de personas, y lo hacen por decisión propia, sin engaños. Las corrientes abolicionistas, por su parte, arguyen que la trata es la forma de reclutamiento que demuestra el carácter organizado de la prostitución y que esto va más allá de las modalidades –abiertas, engañosas, seductoras o coactivas– que utilizan las organizaciones proxenetas; sostienen que en la práctica no es posible diferenciar a las mujeres víctimas de trata de las que no lo son, ambas son igualmente explotadas sexualmente, los lugares de explotación son los mismos y las redes de trata y de proxenetas también son las mismas. Otro argumento es que la distinción contradice la Convención de 1949 aún vigente.

  • 9.

    S. de Beauvoir: El segundo sexo, Siglo xx, Buenos Aires, 1962, p. 357.

  • 10.

    Fundadora y directora inicial de la ong abolicionista Coalición contra el Tráfico de Mujeres.

  • 11.

    K. Barry: Esclavitud sexual de la mujer, LaSal, Barcelona, 1987, p. 23.

  • 12.

    K. Barry: The Prostitution of Sexuality, New York University Press, Nueva York, 1995, p. 11.

  • 13.

    Ibíd., p. 9.

  • 14.

    Paul B. Preciado: «Droits des femmes au travail… sexuel» en Libération, 20/12/2013.

  • 15.

    A. Dworkin: «Prostitution and Male Supremacy», trabajo presentado en el simposio «Prostitution: From Academia to Activism», University of Michigan Law School, Michigan, 31 de octubre de 1992, cit. en Marcela V. Rodríguez: «Tramas de la prostitución y la trata con fines de explotación sexual» en Investigaciones No 1, 2012, p. 37.

  • 16.

    El primer congreso contra la trata se realizó en 1899, aunque el reconocimiento internacional se había concretado en Ginebra en 1877.

  • 17.

    Dolores Juliano: «El trabajo sexual en la mira. Polémicas y estereotipos» en Cadernos Pagu No 25, 7-12/2005.