Tema central

La «posverdad» en el plebiscito por la paz en Colombia

Los equipos del «Sí» debieron desmentir la copiosa falsa información que aparecía sin cesar en las redes sociales, lo cual provocó un desgaste monumental. Pese a que el gobierno desarrolló una pedagogía para explicar los acuerdos, el resultado del «No» pareció demostrar que la campaña no fue tan efectiva. En una entrevista, el negociador De la Calle explicaba de qué modo algunos temas se salieron del contexto y de la realidad del proceso:

Pero es que tampoco nos las tomábamos en serio. Lo del castrochavismo a mí me parecía un chiste: decir que Santos o yo mismo somos ‘castrochavistas’ era algo tan absurdo que parecía que no valía la pena tomárselo en serio. La palabra no quiere decir nada. Pero tal vez por eso pegó, y después vi que se iba quedando. Son eslóganes que, a fuerza de repetirse, van generando un problema.23

El estudio anteriormente mencionado muestra cómo la actividad del gobierno en Twitter fue bastante tímida y poco efectiva en el debate de las redes sociales. En el sitio ColombiaChek se señala, por ejemplo, que «el presidente apenas publicó mensajes sobre el plebiscito durante seis de los 30 días en que le hicimos el seguimiento a su perfil»24. Los mensajes del gobierno apelaban más a la razón que a las emociones. Por ejemplo, uno de los tuits virales del presidente estuvo relacionado con la pregunta del plebiscito. Santos tuiteó el 30 de agosto: «Con firma de decreto para convocar al plebiscito damos un paso más hacia la paz. La pregunta es clara y sencilla», a lo que agregaba la pregunta: «¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?». Consiguió 1.083 retuits y 1.517 «me gusta». Pero el estudio constata que, aunque el mensaje fue viral, los intercambios de los ciudadanos fueron más un cúmulo de «insultos y burlas» que un análisis de fondo sobre la pregunta del plebiscito.

Argumentos y fakes…

Los temas álgidos, como la cárcel para los máximos responsables de delitos atroces y la entrega del dinero que obtuvieron con el narcotráfico o de las armas fueron utilizados con insistencia en los argumentos de los defensores del «No». Los temas allí planteados forman parte de la difícil ecuación en la balanza entre los temas de justicia y paz y de la complejidad de los acuerdos en los diferentes puntos de la agenda: reforma rural integral, participación política, cese al fuego y reincorporación, drogas ilícitas, y víctimas y justicia.

En el marco de la negociación, se creó la «justicia transicional», un modelo de justicia que permite penas alternativas para los delitos atroces y que fue establecido siguiendo tratados internacionales como el Tratado de Roma. En ese sentido, el presidente afirmó frente a los empresarios: «No se va a sancionar a los máximos responsables con 60 años de cárcel (…) Pero va a haber sanción y va a haber aplicación de justicia, y no habrá impunidad y todo eso es aceptable por la comunidad internacional»25. En relación con estas cuestiones sensibles, el gobierno habla de una «paz imperfecta». De la Calle afirmaba: «Nosotros cedimos en esto: la tesis de la cárcel resultó inviable. O más bien se convirtió en privación para los que no reconozcan responsabilidad y no se sometan a la justicia transicional, pero sanciones efectivas para los demás. Sin embargo, también las farc cedieron. Su postura inicial era la de amnistía general e incondicional, y finalmente aceptaron que los delitos internacionales, los delitos más graves, no serán amnistiados26».

El tribunal que juzgará a los miembros de las farc contará con unos mínimos estándares internacionales de justicia. Asimismo, el gobierno explicó que las sanciones que se aplicarán no serán vengativas sino más bien «restaurativas y reparadoras». En el caso de las víctimas, se busca que la guerrilla confiese todos sus delitos y pueda resarcirlas con la verdad. La cuestión de la participación política fue una de las que generó mayor debate. De la Calle aseguraba que este punto podía generar un rechazo comprensible en la opinión pública: «Pienso que la más complicada es la relacionada con la participación en política de las farc. Y creo que los colombianos tenemos que hacer una reflexión sobre este punto porque no es solo un tema de la mesa de conversaciones de La Habana. El propósito final y fundamental del acuerdo es poner fin al uso de las armas y abrir las puertas a la participación política».

Los argumentos del «No» fueron variados. El ex-procurador Alejandro Ordóñez aseguró que este acuerdo se hacía «entre dos elites: la gobernante y la criminal para postrar a la clase media». E insistía: «El gobierno ha accedido a todas las peticiones de las farc. Les han dado impunidad, la no extradición de sus jefes, la protección de su fortuna, funciones constitucionales y la capacidad de gobernar en los lugares donde tiene sus cultivos»27.

Sobre la impunidad de las farc, el senador del cd Iván Duque comparaba el caso de miembros del grupo vasco Euskadi Ta Askatasuna (eta), quienes tienen vetada su participación en política por haber sido parte en actos de terrorismo. Por su parte, Uribe afirmaba en España: «Yo les pido a todas las fuerzas españolas esta reflexión: aquí nunca le hubieran aceptado esta impunidad a eta, ¿por qué debemos aceptarla en Colombia?»28. Frente al tema de los dineros de las farc, Uribe llegó a afirmar que «el dinero le permitirá al grupo desmovilizado comprar las armas que habría entregado y que también podrán comprar votos para ganar las elecciones».

El gobierno que estuvo defendiendo el acuerdo se limitó a informar que será ante el Tribunal para la Paz donde la guerrilla tendrá que contar toda la verdad y reconocer cuáles son las fuentes de su financiación. Luego de la firma de la paz, el fiscal general ha hecho saber a la guerrilla que deberá entregar toda la información sobre los bienes y los recursos porque de lo contrario será investigada por la justicia ordinaria y perderá los beneficios del acuerdo. Las dificultades que tiene la implantación de este último, los grandes desafíos del Tribunal para la Paz, el éxito de la entrega de las armas o la rapidez con que las farc entreguen los dineros ilícitos forman parte de la enorme complejidad de la paz conseguida por Santos.

Pero, más allá del contenido de los argumentos, resultó más fácil traducir al lenguaje de las redes sociales la simplicidad de los argumentos opositores que las complejas razones del oficialismo. En ese marco, la «entrega del país a las farc», el «peligro del socialismo del siglo xxi» y la «ideología de género» pesaron más que los esfuerzos, que implicaban argumentaciones más complejas, de los defensores del «Sí». La propia temática de la paz se mezcló con cuestiones políticas más inmediatas (como la disputa entre Santos y el uribismo) y las redes sociales –ampliamente movilizadas en favor del «Sí» y del «No»– mostraron su ambivalencia.

  • 23.

    En J.G. Vázquez: ob. cit.

  • 24.

    F. Posada: ob. cit.

  • 25.

    Palabras del presidente Juan Manuel Santos en el conversatorio «El sector privado de cara a la construcción de paz», 15/9/2016.

  • 26.

    J.G. Vázquez: ob. cit.

  • 27.

    Goyo G. Maestro: «Alejandro Ordóñez: ‘No hay que cantar victoria, las farc aún pueden volver a atentar’» en La Razón, 23/6/2016.

  • 28.

    «Uribe: Los referentes de Podemos son tiranos destructivos, protejan la democracia en España. Entrevista a Álvaro Uribe» en OkDiario, 8/7/2016.