Tema central

La «posverdad» en el plebiscito por la paz en Colombia

Pero todos estos argumentos se vinieron abajo con las polémicas e ingenuas declaraciones del gerente de campaña del «No», Luis Carlos Vélez, quien aseguró al diario La República que la estrategia no fue realmente contrarrestar los argumentos del gobierno sino más bien centrarse en las emociones negativas:

Descubrimos el poder viral de las redes sociales. Por ejemplo, en una visita a Apartadó, Antioquia, un concejal me pasó una imagen de Santos y [el comandante guerrillero] Timochenko con un mensaje de por qué se les iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba en la olla. Yo la publiqué en mi Facebook y al sábado pasado tenía 130.000 compartidos con un alcance de seis millones de personas. (…) Unos estrategas de Panamá y Brasil nos dijeron que la estrategia era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación.8

El objetivo de este artículo es presentar un análisis de algunos de los principales argumentos en favor del «No» esgrimidos durante la campaña y que fueron difundidos y publicados en internet. El estudio, basado en la metodología de análisis de estadística textual, recogió un importante volumen de textos que fueron analizados estadísticamente con el fin de caracterizar el lenguaje, estudiar minuciosamente los contenidos expresados por los principales líderes del «No» y encontrar nuevas luces para entender la batalla de ideas implícita y explícita en el plebiscito por la paz. El corpus incluye comunicados, entrevistas y discursos entre el 24 de junio, día de celebración del cese bilateral del fuego, y el 2 de octubre. Los análisis muestran que los mensajes del «No» mezclaron argumentación y manipulación, lo que no es nuevo en las campañas pero asume una dinámica particular en el mundo de las redes sociales.

El argumento inicial: la «traición»

Uno de los argumentos que cobran mayor fuerza contra el presidente colombiano Santos y que fue esgrimido ampliamente antes, durante y después de la campaña por el senador y ex-presidente Álvaro Uribe es el del engaño. Desde el restablecimiento de las relaciones con Venezuela y el inicio formal de las conversaciones de paz, Uribe ha asegurado que Santos ha hecho todo lo contrario de su gobierno. En sus múltiples intervenciones de campaña, el mensaje de Uribe fue el mismo: Santos «engañó» a los colombianos y a Uribe al haberse desmarcado de la política de seguridad democrática. En el debate se mezclaron puntos de vista y argumentaciones con cierta manipulación.

En una gira que hizo por Europa en el mes de julio de 2016, el ex-presidente conversó con los medios más cercanos a su corriente ideológica. Uribe afirmó que, de llegar al poder el uribismo en la próxima contienda electoral, «la plataforma nuestra se opondrá a lo que viene fraguando Santos, porque él les entrega el país a las farc, que son el castrochavismo»9. Más adelante, refiriéndose a los acuerdos, insistía en que el gobierno de Santos estaba manipulando a los colombianos y a la comunidad internacional: «No hay una política de seguridad que apoye a los colombianos, todo se le concede al terrorismo, y a los sectores sociales y económicos del país se los maltrata (…) Es un gobierno manipulador de la opinión internacional, de los medios»10. En Colombia, Uribe afirmaba:

Yo hago una reflexión: este gobierno prometió mantener y fortalecer las políticas de seguridad democrática, confianza de inversión y cohesión social; las pudo mejorar, [pero] las abandonó. Ahora nos chantajea, ahora nos dice que si gana el «No», en lugar de darse el gobierno a la tarea de reorientar los acuerdos, se abandona la paz. Este gobierno nos pasa del engaño al chantaje, del chantaje al engaño. Por eso, no a estos acuerdos, sí a la paz como lo manda la Constitución.11La primera pregunta es entonces: ¿hubo realmente traición hacia el gobierno anterior? Ciertamente, el ex-ministro de Defensa llegó a la Presidencia con la camiseta del uribismo. A pocos días de la primera vuelta en la campaña de 2010, el candidato no ocultaba su apego al ex-presidente y contaba esencialmente con los votantes del uribismo para llegar al poder. No se puede olvidar que Uribe dejó la Presidencia con un no despreciable 72% de popularidad después de dos mandatos. Así, en sus discursos, el candidato Santos reiteraba: «El destino de Colombia no está en manos de Juan Manuel Santos; está en manos de todos los uribistas, de todos los que creemos que el presidente hizo un buen trabajo. De todos los que no queremos arriesgar lo logrado probando fórmulas sacadas de un sombrero. Lo que está en juego ¡no es mi candidatura: es el legado del presidente Uribe!»12.

Si bien la campaña de 2010 estuvo marcada por la herencia del uribismo, una mirada al programa político indica que los temas allí expuestos reposan en la visión del santismo: la educación y su obsesión por el bilingüismo, la creación de la Unidad Nacional como proyecto para reagrupar a todas las fuerzas políticas incluida la izquierda, el paso de la «seguridad democrática» a la «prosperidad democrática» y, sobre todo, la recomposición de las relaciones diplomáticas con Venezuela, rotas con el uribismo. En el discurso de victoria, Santos ya lo anunciaba: «No reconozco, ¡oigan bien!, no reconozco enemigos de la política nacional ni en ningún gobierno extranjero. Nuestros enemigos son comunes y solo podremos enfrentarlos y derrotarlos si obramos unidos como nación»13.

La recomposición de las relaciones con Venezuela y el fin del conflicto fueron desde su llegada la carta de navegación de Santos. Ya en el discurso de posesión, insistía: «Yo he enviado a nuestros soldados, infantes de marina y policías a combatir el terrorismo; yo he consolado a sus viudas y a sus huérfanos, y sé lo doloroso que es esto. Por eso quiero ser muy claro en este punto tan delicado. Porque, antes que soldado, he sido diplomático»14.

Valdría la pena recordar la frase célebre del socialista Georges Clémenceau, quien afirmaba que solo los hombres absurdos son los que no cambian nunca de opinión. Y recordar también cómo, en política, los grandes líderes como el inglés Winston Churchill o el francés François Mitterrand, entre otros, tuvieron que dejar sus posiciones ideológicas o hicieron cambios a sus programas políticos. En el caso de Churchill, cambió de partido varias veces, y Mitterrand, quien llegó al poder con un mandato del Frente de Izquierda, a los dos años impuso una «política del rigor» para enfrentar la grave crisis económica del momento.

  • 8.

    Juliana Ramírez: «El ‘No’ ha sido la campaña más barata y más efectiva de la historia» en La República, 5/10/2016.

  • 9.

    Alberto D. Prieto: «Álvaro Uribe: ‘Santos es indulgente con el terrorismo e indiferente con el pueblo colombiano’», entrevista en OkDiario, 8/7/2016.

  • 10.

    Ibíd.

  • 11.

    Noticiero cm&, 22/8/2016.

  • 12.

    Cit. en M.F. González: El poder de la palabra: Chávez, Uribe, Santos y las farc, Semana Libros, Bogotá, 2016, p. 185.

  • 13.

    Cit. ibíd., p. 188.

  • 14.

    Cit. ibíd., p. 190.