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La «posverdad» en el plebiscito por la paz en Colombia

El referéndum realizado en Colombia en 2016 para ratificar los acuerdos de paz no solo tuvo un resultado sorpresivo –contra todo pronóstico, se impuso el «No»–, sino que abrió un debate sobre el impacto de algunos argumentos eficaces pero que llegaron a ser inverosímiles, como los riesgos de que se implantarael «castrochavismo» en Colombia. En cualquier caso, los partidarios del rechazo fueron más hábiles para utilizar las redes sociales y merece atención el tipo de discursos que se utilizaron, las fibras que tocó la campaña encabezada por el ex-presidente Álvaro Uribe y la forma en que se conectó con cuestiones coyunturales de la política colombiana.

La «posverdad» en el plebiscito por la paz en Colombia

La llegada de las redes sociales a la política ha generado una verdadera revolución en la comunicación. La forma de transmitir y difundir información ha cambiado sustancialmente. La posibilidad de seguir los pormenores de una campaña electoral, de conocer los contenidos de los programas, de escuchar los discursos de los candidatos y de vivir el desplazamiento de los diferentes actores gracias a las redes sociales ha demostrado la potencia de instrumentos como Twitter o Facebook, entre muchos otros. En su libro Parties de campagne [Partidos en campaña], el editorialista del periódico Le Monde Gérard Courtois da cuenta de la evolución de la comunicación en las campañas francesas durante las nueve elecciones de los presidentes de la v República desde 19651. Durante los últimos 50 años, el proselitismo evolucionó con la revolución tecnológica. Mientras los presidentes de la iv República (1946-1958) utilizaron la radio para difundir sus mensajes, durante la v República, desde el general Charles de Gaulle, se dio paso a la televisión.

Este cambio marcó el encuentro entre los presidentes y los franceses, quienes a partir de un referéndum en 1962 decidieron elegir al presidente por sufragio universal directo. Los cambios beneficiaron sobre todo a los candidatos más hábiles para comunicar en televisión. En la campaña de 1974, recuerda Courtois, el candidato Valéry Giscard d’Estaing logró cautivar al electorado a pesar de su timidez y de su conocida distancia con los electores. Sobre esto, escribió Courtois:

sus contrincantes son hombres de la iv República y de la radio, él es un hijo de la v República y de la televisión, es quien maneja a la perfección los códigos. Durante su primera emisión de la campaña oficial, el 19 de abril, instalado en su sillón y no en el escritorio, parece entablar una conversación con los franceses. La segunda, tres días más tarde, está consagrada a un autorretrato sabiamente elaborado, que concluye con una confidencia: «Me hacen el reproche de ser alguien frío. No creo que esto sea cierto. Soy alguien reservado como muchos de ustedes, sin duda».2

La simplicidad de sus mensajes y su elocuencia le permitieron llegar más fácilmente al Elíseo. Pero si la televisión fue el gran instrumento de las campañas, la última década recibió el impacto de internet y la revolución de las tecnologías. Sin embargo, el cambio no fue tan solo del instrumento sino del contenido de los mensajes y, más complejo aún, de la veracidad de estos. A pesar de los grandes beneficios que las redes sociales han aportado, como la masificación de la información, existen diversos estudios que exponen la preocupante mala calidad de lo que allí se publica. Y esto no solo se debe a la rapidez con que se conocen los acontecimientos, sino a la poca importancia que se da a la veracidad de lo que allí se difunde, a punto tal que el Diccionario de Oxford decidió elegir «posverdad» como palabra del año 2016. Allí se define post-truth como el momento en que «los hechos objetivos tienen menos influencia en la formación de la opinión pública que las invocaciones a la emoción y a las creencias personales»3. El malestar de los votantes con los políticos tradicionales y las crisis económicas y sociales tanto en Reino Unido como en Estados Unidos se mezclaron con estas formas de «posverdad», y fue en el marco de este entrelazado donde se produjo el «Brexit», en el primer caso, y la elección de Donald Trump, en el segundo caso. En una entrevista de Le Monde, el profesor de comunicación Jayson Harsin asegura que la poca confianza de los ciudadanos en los medios tradicionales y la utilización reciente en las campañas del rumor son tan solo algunos elementos de la posverdad4. Asegura también que los asesores de las campañas electorales han buscado más «coquetear con la opinión» y decir lo que los electores quieren escuchar que difundir lo que realmente piensan los candidatos.

De Londres a Bogotá

Los resultados del Brexit y la utilización de una campaña del miedo fueron la antesala de los resultados del plebiscito por la paz en Colombia celebrado el 2 de octubre de 2016. Meses antes de la firma del acuerdo de paz, el presidente Juan Manuel Santos ya daba cuenta en el debate de las enseñanzas del Brexit. En un discurso ante jóvenes beneficiarios de apoyos financieros por parte del Instituto Colfuturo, el 7 de julio, Santos aseguraba:

Estamos próximos a firmar un acuerdo de paz definitivo con las farc [Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia], espero que pronto ese acuerdo será refrendado por los colombianos. ¿Se han preguntado cómo participarán ustedes de esta decisión? Y no me refiero a si votarán a favor o en contra del acuerdo, sino a su nivel de conciencia sobre la importancia de este tema. Miren lo que acaba de pasar en Reino Unido: allí votaron por abandonar la Unión Europea. Y solo después de haberlo decidido así, la gente empezó a informarse sobre el tema.5

Como un profesor, Santos preguntó, siguiendo la estela de los acontecimientos británicos: «¿Vamos a enterarnos de las consecuencias de seguir en guerra después de que se vote? ¿Vamos a dejar que otros decidan por nosotros y nos impongan el regreso del conflicto armado?»6.

Estas palabras serían premonitorias de uno de los momentos más difíciles de su mandato. Por un leve margen –de tan solo 58.000 votos– y contra todo pronóstico, se impuso el «No»7. Los primeros análisis frente a este resultado constataban que el voto oculto no pudo ser realmente encuestado y, por ende, no estuvo presente en los diferentes sondeos. Los analistas también aseguraron que las endémicas fallas de comunicación del presidente y su escasa sintonía con los colombianos se vieron reflejadas en los resultados. En ese sentido, arguyeron que este fue un voto esencialmente contra el gobierno y que expresaba el desgaste del sexto año de un mandato ya en su ocaso. Por su parte, el gobierno, que muy rápidamente reconoció la derrota, constató otra variable que pudo haber influido: el huracán Matthew, que golpeó las costas del Caribe, no permitió que ese fin de semana los ciudadanos de esta zona, considerada como uno de los bastiones santistas, concurrieran masivamente a las urnas (con una diferencia tan pequeña, muchas variables circunstanciales podían cambiar el resultado).

Pero todos estos argumentos se vinieron abajo con las polémicas e ingenuas declaraciones del gerente de campaña del «No», Luis Carlos Vélez, quien aseguró al diario La República que la estrategia no fue realmente contrarrestar los argumentos del gobierno sino más bien centrarse en las emociones negativas:

Descubrimos el poder viral de las redes sociales. Por ejemplo, en una visita a Apartadó, Antioquia, un concejal me pasó una imagen de Santos y [el comandante guerrillero] Timochenko con un mensaje de por qué se les iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba en la olla. Yo la publiqué en mi Facebook y al sábado pasado tenía 130.000 compartidos con un alcance de seis millones de personas. (…) Unos estrategas de Panamá y Brasil nos dijeron que la estrategia era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación.8

El objetivo de este artículo es presentar un análisis de algunos de los principales argumentos en favor del «No» esgrimidos durante la campaña y que fueron difundidos y publicados en internet. El estudio, basado en la metodología de análisis de estadística textual, recogió un importante volumen de textos que fueron analizados estadísticamente con el fin de caracterizar el lenguaje, estudiar minuciosamente los contenidos expresados por los principales líderes del «No» y encontrar nuevas luces para entender la batalla de ideas implícita y explícita en el plebiscito por la paz. El corpus incluye comunicados, entrevistas y discursos entre el 24 de junio, día de celebración del cese bilateral del fuego, y el 2 de octubre. Los análisis muestran que los mensajes del «No» mezclaron argumentación y manipulación, lo que no es nuevo en las campañas pero asume una dinámica particular en el mundo de las redes sociales.

El argumento inicial: la «traición»

Uno de los argumentos que cobran mayor fuerza contra el presidente colombiano Santos y que fue esgrimido ampliamente antes, durante y después de la campaña por el senador y ex-presidente Álvaro Uribe es el del engaño. Desde el restablecimiento de las relaciones con Venezuela y el inicio formal de las conversaciones de paz, Uribe ha asegurado que Santos ha hecho todo lo contrario de su gobierno. En sus múltiples intervenciones de campaña, el mensaje de Uribe fue el mismo: Santos «engañó» a los colombianos y a Uribe al haberse desmarcado de la política de seguridad democrática. En el debate se mezclaron puntos de vista y argumentaciones con cierta manipulación.

En una gira que hizo por Europa en el mes de julio de 2016, el ex-presidente conversó con los medios más cercanos a su corriente ideológica. Uribe afirmó que, de llegar al poder el uribismo en la próxima contienda electoral, «la plataforma nuestra se opondrá a lo que viene fraguando Santos, porque él les entrega el país a las farc, que son el castrochavismo»9. Más adelante, refiriéndose a los acuerdos, insistía en que el gobierno de Santos estaba manipulando a los colombianos y a la comunidad internacional: «No hay una política de seguridad que apoye a los colombianos, todo se le concede al terrorismo, y a los sectores sociales y económicos del país se los maltrata (…) Es un gobierno manipulador de la opinión internacional, de los medios»10. En Colombia, Uribe afirmaba:

Yo hago una reflexión: este gobierno prometió mantener y fortalecer las políticas de seguridad democrática, confianza de inversión y cohesión social; las pudo mejorar, [pero] las abandonó. Ahora nos chantajea, ahora nos dice que si gana el «No», en lugar de darse el gobierno a la tarea de reorientar los acuerdos, se abandona la paz. Este gobierno nos pasa del engaño al chantaje, del chantaje al engaño. Por eso, no a estos acuerdos, sí a la paz como lo manda la Constitución.11La primera pregunta es entonces: ¿hubo realmente traición hacia el gobierno anterior? Ciertamente, el ex-ministro de Defensa llegó a la Presidencia con la camiseta del uribismo. A pocos días de la primera vuelta en la campaña de 2010, el candidato no ocultaba su apego al ex-presidente y contaba esencialmente con los votantes del uribismo para llegar al poder. No se puede olvidar que Uribe dejó la Presidencia con un no despreciable 72% de popularidad después de dos mandatos. Así, en sus discursos, el candidato Santos reiteraba: «El destino de Colombia no está en manos de Juan Manuel Santos; está en manos de todos los uribistas, de todos los que creemos que el presidente hizo un buen trabajo. De todos los que no queremos arriesgar lo logrado probando fórmulas sacadas de un sombrero. Lo que está en juego ¡no es mi candidatura: es el legado del presidente Uribe!»12.

Si bien la campaña de 2010 estuvo marcada por la herencia del uribismo, una mirada al programa político indica que los temas allí expuestos reposan en la visión del santismo: la educación y su obsesión por el bilingüismo, la creación de la Unidad Nacional como proyecto para reagrupar a todas las fuerzas políticas incluida la izquierda, el paso de la «seguridad democrática» a la «prosperidad democrática» y, sobre todo, la recomposición de las relaciones diplomáticas con Venezuela, rotas con el uribismo. En el discurso de victoria, Santos ya lo anunciaba: «No reconozco, ¡oigan bien!, no reconozco enemigos de la política nacional ni en ningún gobierno extranjero. Nuestros enemigos son comunes y solo podremos enfrentarlos y derrotarlos si obramos unidos como nación»13.

La recomposición de las relaciones con Venezuela y el fin del conflicto fueron desde su llegada la carta de navegación de Santos. Ya en el discurso de posesión, insistía: «Yo he enviado a nuestros soldados, infantes de marina y policías a combatir el terrorismo; yo he consolado a sus viudas y a sus huérfanos, y sé lo doloroso que es esto. Por eso quiero ser muy claro en este punto tan delicado. Porque, antes que soldado, he sido diplomático»14.

Valdría la pena recordar la frase célebre del socialista Georges Clémenceau, quien afirmaba que solo los hombres absurdos son los que no cambian nunca de opinión. Y recordar también cómo, en política, los grandes líderes como el inglés Winston Churchill o el francés François Mitterrand, entre otros, tuvieron que dejar sus posiciones ideológicas o hicieron cambios a sus programas políticos. En el caso de Churchill, cambió de partido varias veces, y Mitterrand, quien llegó al poder con un mandato del Frente de Izquierda, a los dos años impuso una «política del rigor» para enfrentar la grave crisis económica del momento.

Pese a que Santos llegó al poder con un programa santista, una buena parte de la opinión pública tiene la imagen de un presidente traidor. Los logros de su mandato, no solo la paz, sino los avances en el área social, son deslegitimados en gran parte por la propaganda del Centro Democrático (cd).

El gobierno y su argumento de la paz imperfecta

A pesar de la insistencia de Santos en que la paz buscada no es la perfecta, sus contradictores aseguran que el presidente lo considera el mejor acuerdo. Sobre este punto, tanto los negociadores como el mismo presidente insistieron en sus discursos en que no existe un acuerdo perfecto, pero en La Habana se trató de negociar el mejor acuerdo posible.

Humberto de la Calle, jefe negociador, insistía: «La firma de un acuerdo de paz no es un salto al vacío. Seguramente el acuerdo logrado no es un acuerdo perfecto»15. Y agregaba: «Estamos trabajando cada vez con mayor intensidad en La Habana con el único propósito de alcanzar el mejor acuerdo de paz para Colombia. Igualmente, hemos dado comienzo a lo que yo he llamado la maratón pedagógica, con el objetivo de informar de manera neutral a los colombianos sobre lo acordado hasta ahora»16.

Por su parte, Santos, en múltiples discursos y declaraciones, aseguró que todo proceso de paz «es imperfecto por definición», pues una negociación necesariamente consiste en un intercambio de puntos de vista opuestos. Es así como reiteraba: «Pero creo que es la paz posible. Y yo siempre he dicho: hay que buscar el máximo de justicia que nos permita la paz. Entonces, creo que realmente llegamos a ese punto de equilibrio»17. La argumentación del «No» tuvo como bandera la supuesta entrega del país a las farc por parte de Santos y su desinstitucionalización. El ex-presidente conservador Andrés Pastrana llegó incluso a afirmar que el acuerdo representaba un «golpe de Estado». Mediante un comunicado del cd, Uribe insistía: «Nuestra preocupación es con la agenda del socialismo del siglo xxi de Venezuela, que es la agenda de las farc y que infortunadamente está en cuerpo presente en los acuerdos de La Habana. Las farc empezaron en el marxismo leninismo y terminaron en el castrochavismo»18.

El estudio «Intensa ‘guerra’ por el plebiscito en Twitter» muestra hasta qué punto el debate en las redes sociales fue más pasional que racional. El análisis hecho durante un periodo de 30 días mostró que: «[m]ientras Uribe publicó 57 tuits apoyando el rechazo al plebiscito, Santos parece no haberle dado prioridad, al menos por su cuenta de Twitter, ya que solo publicó seis mensajes en esa red social. Por su parte, el líder máximo de las farc ni siquiera escribió un solo tuit, lo que confirma que las farc no tienen en su agenda hacer campaña por la refrendación del acuerdo»19. Los tuits más populares del ex-presidente Uribe exponen el llamado a las emociones negativas. Entre los tuits más seguidos, encontramos que el 7 de septiembre de 2016 el ex-presidente Uribe tuiteó: «Nuestra contradicción No es con los del Sí, es con acuerdos del Gob.-farc para imponer agenda Socialismo Siglo xxi», y logró 1.796 retuits y 1.576 «me gusta». El 18 de septiembre de 2016 hacía referencia a la traición del presidente Santos: «¿Cómo confiar en el Pte. Santos que siempre nos ha mentido? ¡Votemos No en el plebiscito para defender a Colombia!», y obtuvo 1.752 retuits y 1.190 «me gusta». Los temas de impunidad o el aumento de los impuestos también estuvieron presentes en los mensajes; el 23 de agosto, Uribe afirmaba: «Preparados para enfrentar el acuerdo final de impunidad, sabemos el afán del Gbno. para imponer más impuestos después del plebiscito».

El análisis de estadística textual muestra que los discursos del «No» centraron su mensaje en el campo semántico del miedo, la guerra y el comunismo. Es así como las palabras más utilizadas por estos líderes fueron: «guerra», «terrorismo», «impunidad», «delitos», «masacres», «narcotráfico», «atroces», «violación», «chavismo», «Venezuela» y «lesa humanidad». Al tema de la guerra se sumó el discurso del miedo frente a la posibilidad de que las farc llegasen al poder y a que, de ese modo, Colombia se convirtiera en «una nueva Venezuela».

Pero el discurso del miedo incluyó temas aún más inverosímiles, como afirmar que el presidente Santos tenía afinidades con el modelo de Hugo Chávez: «El actual presidente, que fue ministro tres años y medio en nuestro gobierno, aparecía como la voz más radical en América Latina contra la tiranía. ¿Cuál es mi frustración? Que hoy aparece como el gran amigo de la tiranía. Entonces, al ver el fracaso de la tiranía, yo siento pánico por el riesgo de Colombia de seguir ese camino»20.

En varios de los discursos, Santos ha relatado cómo fue su intercambio en Santa Marta el 10 de agosto de 2010 con el presidente Chávez, en el encuentro que dio lugar al restablecimiento de las relaciones con Venezuela y Ecuador. El mandatario colombiano, en un conversatorio con el sector privado, recordó las palabras que le dijo a Chávez en Santa Marta:

Mire, usted y yo nos hemos dicho hasta de que nos vamos a morir, hemos sido enemigos. Usted no cree en lo que yo pienso y creo, y yo no creo en lo que usted piensa y cree, yo nunca me voy a volver un revolucionario bolivariano. Y usted nunca se va a volver un demócrata liberal como lo soy yo, pero podemos convivir para el bien de nuestros pueblos, del pueblo venezolano y del pueblo colombiano, tenemos muchas cosas por las cuales podemos trabajar juntos, entre ellas la paz. Y nos dimos la mano, y eso cambió 180 grados la situación con Venezuela, y después sucedió lo mismo con Ecuador.21

Para Santos, esta conversación le abrió la puerta para mejorar también las relaciones con los demás gobiernos de izquierda.

La argumentación del miedo: del castrochavismo al cambio de modelo económico

La argumentación del «No» difundida en redes sociales mezcló falsas noticias que rápidamente se viralizaron con temas más complejos propios de la negociación en el campo de la justicia, el narcotráfico o la participación política de las farc. Entre las múltiples fake news, se afirmó que el gobierno estaría ofreciendo a los guerrilleros, una vez desmovilizados, un salario mensual de 1.600.000 pesos (aproximadamente 550 dólares), que los pensionados iban a ser sujetos de imposición fiscal para pagar los costos de la paz o que dentro del acuerdo se estaba incluyendo la «ideología de género». Sin embargo, como ya hemos señalado, un análisis de estadística textual confirma que el concepto «ideología de género» no se encuentra en las 297 páginas del documento. Entonces, ¿de qué se habla en el acuerdo? De un total de 111 repeticiones, la palabra «género» tiene diferentes acepciones. Desde un amplio enfoque, se estipula la participación de la mujer en el desarrollo económico, político y social, así como la protección de todos aquellos grupos que han sido victimizados. El acuerdo planteaba la eliminación de cualquier forma de discriminación y valora a la mujer como sujeto político22.

Los equipos del «Sí» debieron desmentir la copiosa falsa información que aparecía sin cesar en las redes sociales, lo cual provocó un desgaste monumental. Pese a que el gobierno desarrolló una pedagogía para explicar los acuerdos, el resultado del «No» pareció demostrar que la campaña no fue tan efectiva. En una entrevista, el negociador De la Calle explicaba de qué modo algunos temas se salieron del contexto y de la realidad del proceso:

Pero es que tampoco nos las tomábamos en serio. Lo del castrochavismo a mí me parecía un chiste: decir que Santos o yo mismo somos ‘castrochavistas’ era algo tan absurdo que parecía que no valía la pena tomárselo en serio. La palabra no quiere decir nada. Pero tal vez por eso pegó, y después vi que se iba quedando. Son eslóganes que, a fuerza de repetirse, van generando un problema.23

El estudio anteriormente mencionado muestra cómo la actividad del gobierno en Twitter fue bastante tímida y poco efectiva en el debate de las redes sociales. En el sitio ColombiaChek se señala, por ejemplo, que «el presidente apenas publicó mensajes sobre el plebiscito durante seis de los 30 días en que le hicimos el seguimiento a su perfil»24. Los mensajes del gobierno apelaban más a la razón que a las emociones. Por ejemplo, uno de los tuits virales del presidente estuvo relacionado con la pregunta del plebiscito. Santos tuiteó el 30 de agosto: «Con firma de decreto para convocar al plebiscito damos un paso más hacia la paz. La pregunta es clara y sencilla», a lo que agregaba la pregunta: «¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?». Consiguió 1.083 retuits y 1.517 «me gusta». Pero el estudio constata que, aunque el mensaje fue viral, los intercambios de los ciudadanos fueron más un cúmulo de «insultos y burlas» que un análisis de fondo sobre la pregunta del plebiscito.

Argumentos y fakes…

Los temas álgidos, como la cárcel para los máximos responsables de delitos atroces y la entrega del dinero que obtuvieron con el narcotráfico o de las armas fueron utilizados con insistencia en los argumentos de los defensores del «No». Los temas allí planteados forman parte de la difícil ecuación en la balanza entre los temas de justicia y paz y de la complejidad de los acuerdos en los diferentes puntos de la agenda: reforma rural integral, participación política, cese al fuego y reincorporación, drogas ilícitas, y víctimas y justicia.

En el marco de la negociación, se creó la «justicia transicional», un modelo de justicia que permite penas alternativas para los delitos atroces y que fue establecido siguiendo tratados internacionales como el Tratado de Roma. En ese sentido, el presidente afirmó frente a los empresarios: «No se va a sancionar a los máximos responsables con 60 años de cárcel (…) Pero va a haber sanción y va a haber aplicación de justicia, y no habrá impunidad y todo eso es aceptable por la comunidad internacional»25. En relación con estas cuestiones sensibles, el gobierno habla de una «paz imperfecta». De la Calle afirmaba: «Nosotros cedimos en esto: la tesis de la cárcel resultó inviable. O más bien se convirtió en privación para los que no reconozcan responsabilidad y no se sometan a la justicia transicional, pero sanciones efectivas para los demás. Sin embargo, también las farc cedieron. Su postura inicial era la de amnistía general e incondicional, y finalmente aceptaron que los delitos internacionales, los delitos más graves, no serán amnistiados26».

El tribunal que juzgará a los miembros de las farc contará con unos mínimos estándares internacionales de justicia. Asimismo, el gobierno explicó que las sanciones que se aplicarán no serán vengativas sino más bien «restaurativas y reparadoras». En el caso de las víctimas, se busca que la guerrilla confiese todos sus delitos y pueda resarcirlas con la verdad. La cuestión de la participación política fue una de las que generó mayor debate. De la Calle aseguraba que este punto podía generar un rechazo comprensible en la opinión pública: «Pienso que la más complicada es la relacionada con la participación en política de las farc. Y creo que los colombianos tenemos que hacer una reflexión sobre este punto porque no es solo un tema de la mesa de conversaciones de La Habana. El propósito final y fundamental del acuerdo es poner fin al uso de las armas y abrir las puertas a la participación política».

Los argumentos del «No» fueron variados. El ex-procurador Alejandro Ordóñez aseguró que este acuerdo se hacía «entre dos elites: la gobernante y la criminal para postrar a la clase media». E insistía: «El gobierno ha accedido a todas las peticiones de las farc. Les han dado impunidad, la no extradición de sus jefes, la protección de su fortuna, funciones constitucionales y la capacidad de gobernar en los lugares donde tiene sus cultivos»27.

Sobre la impunidad de las farc, el senador del cd Iván Duque comparaba el caso de miembros del grupo vasco Euskadi Ta Askatasuna (eta), quienes tienen vetada su participación en política por haber sido parte en actos de terrorismo. Por su parte, Uribe afirmaba en España: «Yo les pido a todas las fuerzas españolas esta reflexión: aquí nunca le hubieran aceptado esta impunidad a eta, ¿por qué debemos aceptarla en Colombia?»28. Frente al tema de los dineros de las farc, Uribe llegó a afirmar que «el dinero le permitirá al grupo desmovilizado comprar las armas que habría entregado y que también podrán comprar votos para ganar las elecciones».

El gobierno que estuvo defendiendo el acuerdo se limitó a informar que será ante el Tribunal para la Paz donde la guerrilla tendrá que contar toda la verdad y reconocer cuáles son las fuentes de su financiación. Luego de la firma de la paz, el fiscal general ha hecho saber a la guerrilla que deberá entregar toda la información sobre los bienes y los recursos porque de lo contrario será investigada por la justicia ordinaria y perderá los beneficios del acuerdo. Las dificultades que tiene la implantación de este último, los grandes desafíos del Tribunal para la Paz, el éxito de la entrega de las armas o la rapidez con que las farc entreguen los dineros ilícitos forman parte de la enorme complejidad de la paz conseguida por Santos.

Pero, más allá del contenido de los argumentos, resultó más fácil traducir al lenguaje de las redes sociales la simplicidad de los argumentos opositores que las complejas razones del oficialismo. En ese marco, la «entrega del país a las farc», el «peligro del socialismo del siglo xxi» y la «ideología de género» pesaron más que los esfuerzos, que implicaban argumentaciones más complejas, de los defensores del «Sí». La propia temática de la paz se mezcló con cuestiones políticas más inmediatas (como la disputa entre Santos y el uribismo) y las redes sociales –ampliamente movilizadas en favor del «Sí» y del «No»– mostraron su ambivalencia.

  • 1.

    G. Courtois: Parties de campagne. La saga des élections présidentielles, Perrin, París, 2017.

  • 2.

    Ibíd., p. 104.

  • 3.

    Martin Le Gros: «Généalogie de la politique post-vérité» en Philosophie Magazine No 106, 2/201, p. 18.

  • 4.

    Valérie Segond: «La post-vérité a radicalement transformé les campagnes électorales» en Le Monde, 2/3/2017.

  • 5.

    Palabras del presidente de la República, Juan Manuel Santos, durante la proclamación de beneficiarios de Colfuturo 2016, Bogotá, 7 de julio de 2016.

  • 6.

    Ibíd.

  • 7.

    El «No» obtuvo 50,21% frente a 49,78% del «Sí».

  • 8.

    Juliana Ramírez: «El ‘No’ ha sido la campaña más barata y más efectiva de la historia» en La República, 5/10/2016.

  • 9.

    Alberto D. Prieto: «Álvaro Uribe: ‘Santos es indulgente con el terrorismo e indiferente con el pueblo colombiano’», entrevista en OkDiario, 8/7/2016.

  • 10.

    Ibíd.

  • 11.

    Noticiero cm&, 22/8/2016.

  • 12.

    Cit. en M.F. González: El poder de la palabra: Chávez, Uribe, Santos y las farc, Semana Libros, Bogotá, 2016, p. 185.

  • 13.

    Cit. ibíd., p. 188.

  • 14.

    Cit. ibíd., p. 190.

  • 15.

    Juan Gabriel Vásquez: «‘Ingreso de farc en política exigirá más a los partidos’: De la Calle» en El Tiempo, 23/8/2016.

  • 16.

    Declaración de De la Calle, 6/8/2016.

  • 17.

    Palabras del presidente Juan Manuel Santos en la firma del decreto del Día Nacional de Libertad Religiosa y de Cultos, 4/7/2016.

  • 18.

    Comunicado de prensa del cd, 2/9/2016.

  • 19.

    Fabio Posada: «Intensa ‘guerra’ por el plebiscito en Twitter» en ColombiaCheck, 29/9/2016.

  • 20.

    Prensa cd, 13/7/2016.

  • 21.

    Palabras del presidente Juan Manuel Santos en el conversatorio «El sector privado de cara a la construcción de paz», 15/9/2016.

  • 22.

    M.F. González: «¿Por qué se confunde ideología de género con equidad de género?» en El Tiempo, 11/11/2016.

  • 23.

    En J.G. Vázquez: ob. cit.

  • 24.

    F. Posada: ob. cit.

  • 25.

    Palabras del presidente Juan Manuel Santos en el conversatorio «El sector privado de cara a la construcción de paz», 15/9/2016.

  • 26.

    J.G. Vázquez: ob. cit.

  • 27.

    Goyo G. Maestro: «Alejandro Ordóñez: ‘No hay que cantar victoria, las farc aún pueden volver a atentar’» en La Razón, 23/6/2016.

  • 28.

    «Uribe: Los referentes de Podemos son tiranos destructivos, protejan la democracia en España. Entrevista a Álvaro Uribe» en OkDiario, 8/7/2016.