Tribuna global

La policía como objeto de estudio Entrevista con Didier Fassin

¿Cómo explica los recientes sucesos de brutalidad policial en Estados Unidos? ¿Qué nos dicen acerca de la discriminación y el racismo en las fuerzas del orden en ese país?

Pensar que la violencia policial es un fenómeno reciente en Estados Unidos sería un error. Ha habido cientosde Ferguson por año antes de 2014 cuando, en esta ciudad del estado de Missouri, un policía blanco mató a un joven negro disparándole mientras huía. Estos homicidios eran ignorados por los medios, los políticos y el público, a excepción, por supuesto, de las comunidades afroamericanas e hispanas, que tenían amplio conocimiento sobre estos sucesos. Lo que sí es novedoso es la toma de conciencia sobre esta problemática y el conteo de las víctimas: 1.146 personas muertas a manos de la policía en 2015. Estas cifras abrumadoras pueden ser interpretadas de dos maneras complementarias. En primer lugar, la brutalidad es un hecho generalizado en EEUU: las armas circulan libremente y en algunos estados están incluso admitidas en los campus universitarios; en promedio, hay un tiroteo masivo a diario; y en su entrenamiento, los policías aprenden que deben usar sus armas a la menor sospecha de peligro o resistencia. En segundo lugar, el racismo sigue estando profundamente arraigado en la sociedad y en particular entre los oficiales: eso explica el hostigamiento sistemático de las minorías, que muchas veces da lugar a asesinatos cuando la persona huye o reacciona; este hostigamiento funciona como una forma de control sobre las comunidades negras y, en términos más generales, sobre los pobres, pero además permite extorsiones pecuniarias a través de multas, una práctica que, tal como se ha comprobado recientemente, es común en numerosos municipios y apunta específicamente a personas de color. La combinación de brutalidad y racismo, ambos con una historia de larga data en EEUU, explica el nivel extremo de la violencia policial en este país.

¿Cómo se conecta su investigación en Francia con la recurrencia de la violencia policial en otros países?

Habiendo dado conferencias y presentado mi investigación en todos los continentes, de Fráncfort a Los Ángeles, de Melbourne a Johannesburgo, de Hong Kong a San Pablo, me ha impresionado el eco que recibió: en todos lados, académicos, activistas, ciudadanos y a veces incluso los miembros de las fuerzas de seguridad señalan las similitudes entre mis hallazgos y las experiencias de los policías de sus propios países o ciudades. Por supuesto, en el fenómeno que analizo hay diferencias de intensidad y de forma entre un país y otro, incluso a veces entre una ciudad y otra, y por fortuna no todas las ciudades tienen los mismos niveles de violencia que Río de Janeiro, donde mueren 500 personas por año a manos de la policía en las favelas. Sin embargo, hay patrones en el uso discrecional del poder, en la concentración de las intervenciones en barrios pobres, en el ejercicio discriminatorio de la ley que recae sobre las minorías étnicas y la población de bajosrecursos y exime a la clase media.

Es importante remarcar la existencia de estos patrones porque la etnografía, que lleva a cabo una observación en profundidad de un número limitado de lugares (simplemente porque lleva tiempo conocerlos y construir lazos de confianza con aquellos a quienes se estudia), generalmente es criticada por su falta de representatividad y, por ende, la posibilidad de generalizar los resultados. Lo que se revela sobre el lugar en el que se llevó a cabo la investigación puede ser verdadero e interesante, pero también específico. Como respuesta a esta crítica, he mostrado que si bien la etnografía no permite generalizar horizontalmente, es decir, sus hallazgos no se pueden extender a la totalidad de la población o el territorio, sí puede generalizar verticalmente identificando mecanismos, procesos y lógicas que pueden encontrarse en cualquier lugar. Por ejemplo, concluí que la policía, cuando comete actos brutales, a menudo acusa a sus víctimas de haber insultado a los oficiales y ofrecido resistencia a ser arrestadas; así logra revertir el cargo mediante una acusación que con frecuencia lleva a una condena y una sentencia. Este es un fenómeno general en la medida en que se repite en muchos lugares del mundo, pero no podemos inferir por lo tanto que todos los agentes actúen así. Entender la diferencia entre ambos tipos de generalización es crucial.

De hecho, lo que permite la etnografía es una comprensión más profunda de la sociedad mediante una observación directa y participante, a diferencia de las estadísticas, los documentos y las entrevistas. El etnógrafo presencia, describe y analiza hechos, a menudo en lugares a los que otros, incluso los periodistas, no van. Los periodistas que escriben acerca de la policía generalmente patrullan con ellos durante un día o una noche con un equipo que la institución les asigna. El etnógrafo pasa meses o años con los oficiales. Sus hallazgos son únicos, y cuando refiere a temas de relevancia social como en el caso de la policía, su trabajo puede tener consecuencias importantes para la democracia, al revelar hechos en la esfera pública. Cuando salió mi libro, fue debatido en diarios y revistas, en radio y televisión; fue criticado por el ministro del Interior y por algunos sindicatos policiales; fue apropiado y utilizado por organizaciones no gubernamentales pero también por empleados públicos; contribuyó modestamente al reconocimiento de la violencia policial y la discriminación sobre ciertos grupos poblacionales. Creo que las ciencias sociales juegan un papel importante en la esfera pública y que la etnografía ocupa un lugar especial. Ha sido así recientemente en Francia y en EEUU en el caso de la policía, y estoy seguro de que también es así en América Latina.