Tribuna global

La policía como objeto de estudio Entrevista con Didier Fassin

¿Qué elementos componen lo que usted define como la «economía moral del trabajo policial»?

Propuse definir la economía moral (o redefinirla, ya que se trata de un concepto propuesto inicialmente por el historiador británico E.P. Thompson) como la producción, circulación y apropiación de normas, valores y afectos. Esta economía moral caracteriza cierto campo de actividad social y, a menudo, un cierto tipo de problema. La relevancia de este concepto es mostrar que las normas, los valores y los afectos son objetos de movilización, competencia, adaptación y disputa. En el caso de la actuación policial, las normas de profesionalismo, los valores de justicia y el resentimiento se combinan de manera equívoca. Por ejemplo, el resentimiento contra su público puede llevar a los oficiales a desacreditar su ética profesional y a distorsionar los principios de justicia desarrollando castigos extrajudiciales. Por supuesto, entre los policías hay diferencias, y algunos agentes se sienten incómodos cuando advierten el trabajo sucio que se espera que hagan. He descrito situaciones de conflicto y dilemas éticos con los que se enfrentan algunos agentes. En esos casos, cabe hablar de subjetividades morales (utilizando un concepto que propuso Michel Foucault) para dar cuenta de estos conflictos y dilemas, de la manera de enfrentarlos y resolverlos. Sin embargo, dada la solidaridad de clan que une a la policía, generalmente es muy difícil que aquellos que rechazan las prácticas desviadas de su profesión puedan expresarlo, debido a la respuesta esperable de sus pares, que se traducirá en exclusión, y al posible castigo por parte de los superiores. La mayor parte del tiempo hacen silencio o, en algún momento, abandonan la institución. El resultado es que, a largo plazo, la policía tiende a conservar a sus miembros más duros.

¿Cómo caracterizaría la actitud de la sociedad francesa hacia las fuerzas del orden?

La relación es ambigua y diferencial. Ambigua, porque la policía goza de un amplio reconocimiento y las encuestas muestran altos niveles de confianza, pero las historias de violencia policial aparecen todo el tiempo y generan protestas callejeras. Diferencial, porque la popularidad de la policía proviene principalmente del público mayoritario, mientras que las minorías étnicas, los inmigrantes del Tercer Mundo, los habitantes de complejos de viviendas sociales y especialmente los jóvenes tienen la experiencia frustrante y humillante de ser constantemente abusados por la policía. Luegode los ataques terroristas de noviembre de 2015, la declaración del estado de emergencia y su renovación permanente desde entonces –que implicaba poderes especiales para la policía y una reducción del control por parte del sistema judicial– iluminaron esta tensión. Esta política fue apoyada por la vasta mayoría de la población, porque no sintió los efectos de su aplicación. Pero afectó profundamente a los musulmanes y árabes, que padecían la discriminación sistemática en las detenciones y cacheos y en los allanamientos de viviendas.

¿Qué entiende por violencia policial?

La violencia policial tiene una definición legal: implica el uso ilegítimo o desproporcionado de la fuerza física. En regímenes democráticos, siempre hay una posibilidad –indudablemente limitada– de que los ciudadanos hagan una denuncia e incluso la posibilidad de una condena. Durante mi trabajo de campo, casi no presencié violencia policial en términos legales, como podría ser una golpiza. Esos casos existen, por supuesto, sobre todo en barrios de bajos recursos, donde los habitantes son violentados, pero también en protestas callejeras, donde los manifestantes pueden ser golpeados. Pero una hipótesis general que propuse es que en las últimas décadas, al menos en Francia, se ha reducido la violencia policial, dado que la institución ha comprendido que los accidentes y muertes pueden generar disturbios; y los agentes temen las potenciales, aunque infrecuentes, consecuencias administrativas o judiciales. Al mismo tiempo, sin embargo, ha habido una generalización de prácticas de acoso, humillación, hostigamiento, insultos, denigración, etc., que podríamos reunir bajo el denominador común de violencia moral. Esta violencia no es reconocida como tal por el sistema judicial y, de manera más general, por la sociedad, a pesar de que a menudo afecta a las víctimas más que el uso de la violencia física. Aunque invisible en la sociedad, la violencia moral es extremadamente efectiva a la hora de mostrar el poder de la policía y su impunidad a aquellos sobre los que se ejerce. Un hallazgo importante de mi investigación es que la principal función de la policía en los complejos de viviendas sociales y barrios pobres no es la reducción de la criminalidad, sino la demostración de fuerza. No es mantener el orden público, sino imponer un orden social, en el que todos tienen un lugar.

En Argentina –y en general en América Latina–, los miembros de las fuerzas de seguridad tienen prohibido realizar reclamos colectivos y, por lo tanto, no pueden organizarse en sindicatos. En La fuerza del orden usted hace referencia a los sindicatos de la policía francesa. ¿Cuál es su función? ¿Cuáles son sus reivindicaciones y reclamos más frecuentes?

Los sindicatos de la policía tienen mucho poder en Francia. Agentes, oficiales y comisionados tienen distintos sindicatos y, en cada caso, hay dos o tres sindicatos principales, que se supone cubren el espectro político, desde la extrema derecha hasta la izquierda. Esta representatividad, sin embargo, da una perspectiva sesgada del nivel de politización de la policía. De hecho, si bien el sindicato de la extrema derecha obtuvo solo 5% de los votos, en las últimas elecciones nacionales más de 50% de la policía votó por el Frente Nacional, el partido de Marine Le Pen. La mayoría de los policías adhiere a los programas de la derecha o la extrema derecha, pero sus sindicatos desarrollan lazos con diversos partidos políticos por razones de índole más pragmática que ideológica. Sus demandas son fundamentalmente de dos tipos: un aumento de los recursos humanos y materiales (más personal, mejores patrulleros, etc.) y una expansión del poder (menor control judicial de su accionar, mayor capacidad de uso de las armas y una definición más amplia de lo que se considera legítima defensa). Dada su influencia en los sucesivos gobiernos, su popularidad social y los recientes ataques terroristas, la policía se ha beneficiado con una considerable extensión de su autonomía, prerrogativas y derechos gracias a nuevas leyes votadas en los últimos años. Esta evolución se ha convertido en una amenaza para la democracia, ya que normaliza el estado de emergencia. Cuando se termine, apenas se sentirá la diferencia respecto de lo que la policía puede hacer. Como Walter Benjamin escribió en otro contexto, la excepción se volverá en regla.