Tribuna global

La Gran Marcha china hacia el oeste El megaproyecto de la nueva Ruta de la Seda

Está por verse si realmente se ha logrado fusionar el cúmulo de expectativas dispersas presentes en los distintos estamentos, sectores y regiones chinas. La lista de motivos para unirse a la ifr es larga, contradictoria y hasta ahora no hay priorizaciones, ponderaciones y responsabilidades claras: se quiere fortalecer la economía de las provincias conflictivas en el oeste; se quiere impulsar la integración en Asia central y mitigar así los conflictos en la región; se quiere abrir nuevas fuentes de crecimiento, estabilizar la debilitada industria de la construcción; se quiere, a su vez, sacar provecho geoestratégico del superávit crónico de la balanza de pagos y de las enormes reservas en moneda extranjera. Y, sin duda, un motivo fuerte es que China quiere reforzar su liderazgo en Asia.

Tarde o temprano se tendrán que traducir los motivos y objetivos en jerarquías y secuencias de medidas coherentes y definir responsabilidades, así como mecanismos de supervisión. En su defecto, la interacción de los departamentos de ifr que hay en todas las provincias, en un sinnúmero de organismos estatales y en muchas de las empresas grandes producirá una tremenda confusión. De las necesarias coordinaciones con posibles socios extranjeros se hizo mención arriba.

Del discurso al hecho hay mucho trecho

No cabe duda de que el mundo necesita urgentemente un impulso fuerte para lograr avances en el desarrollo, especialmente en la parte pobre de Asia. Un estudio de 2009 del Banco Asiático de Desarrollo estima que inversiones en infraestructura de una magnitud de 8.000 millones de dólares en una década generarían ingresos de 13.000 millones de dólares16. Y muchos consideran, precisamente, que el mayor obstáculo para el desarrollo en la parte pobre de Asia es su infraestructura deficiente. Desde una perspectiva más amplia, un impulso de desarrollo sería deseable para alcanzar los grandes objetivos que forman parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. La brecha entre las necesidades de inversión y los compromisos de financiamiento es inmensa. Según cálculos publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (ocde)17, es preciso invertir cada año 2.500 millones de dólares adicionales a lo que se invierte actualmente si realmente se quiere alcanzar los ods.

Las inversiones chinas en el contexto de la ifr no podrán cerrar por completo la brecha de inversión en Asia, pero indudablemente harán una diferencia. No hay ninguna otra iniciativa de una magnitud similar sobre la mesa o a la vista. Aun si la ifr solo tuviera un éxito parcial, generaría importantes ganancias de bienestar. Por lo tanto, la actitud recomendable para Occidente es involucrarse y cooperar para multilateralizar el proyecto y superar sus debilidades. La iniciativa todavía está en su fase inicial y falta definir y desarrollar muchos aspectos. Según investigadores chinos, la fase de planificación estratégica durará hasta 2021 y recién entonces empezará la implementación, que tomará como mínimo de tres a cuatro décadas18. Por consiguiente, el momento actual es propicio para acoplarse.

El Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional que tuvo lugar en Beijing a mediados de mayo de 2017 atrajo a 29 jefes de Estado y de Gobierno y representantes de 130 países. Las grandes potencias económicas mandaron solo emisarios de menor rango y cedieron el centro del escenario a personajes como Vladímir Putin, Recep Tayyip Erdoğan y una serie de gobernantes autoritarios asiáticos.

Por otro lado, la Unión Europea, los gobiernos de varios países miembros y los think tanks de eeuu han empezado a procesar y comentar de manera exhaustiva la ifr. Por la ausencia de visiones políticas para el futuro de la globalización y del desarrollo en otras partes, China ha conseguido la capacidad de definir el marco del debate de la política internacional. La participación de 130 Estados en el Foro de Beijing demuestra que el discurso que cubre la propuesta china resulta sumamente seductor.

Según un estudio reciente de la fes y el sipri, existe una ventana de oportunidades para la ue de confluir con China y otros actores para contribuir a calibrar y explicitar la ifr19. Hay que lograr que el gran plan fortalezca, y no debilite, un orden internacional basado en normas. Para eso habrá que atender una larga lista de dudas y críticas y lograr acuerdos. Algunos ejemplos de puntos controvertidos: ¿cuál será la estructura de la ifr y cómo se organizará el proceso de toma de decisiones? ¿Habrá alguna forma de afiliación formal al proyecto, al margen de los contratos binacionales? ¿Cómo podría despejar China la preocupación de países pequeños que temen que, afiliándose a la «comunidad de destino» promovida por China, se convertirán en Estados vasallos? ¿Seguirá el proyecto abierto para regímenes autoritarios que violan masivamente los derechos humanos? ¿Se seguirá aceptando como contrapartes a regímenes altamente corruptos? Las inversiones chinas en el extranjero ¿cumplirán estándares ecológicos, laborales y sociales? ¿Cómo se atenderán las frecuentes protestas populares contra megaproyectos? ¿Cuáles podrían ser las medidas destinadas a ganar la confianza de los países hostiles a la iniciativa, como la India, Japón y eeuu, entre otros? Y, finalmente, ¿cómo se puede lograr local e internacionalmente un compromiso con el espíritu del proyecto que vaya más allá de la disposición de absorber tácticamente algún programa de inversión?

El punto clave que habrá que aclarar es cómo evitar la trampa de la «gigantomanía». A los planificadores de todo el mundo les gusta ponerse en el lugar de dios. Mueven montañas, desvían el curso de ríos, construyen ciudades e industrias de la nada y generan conexiones que superan distancias inimaginables. El límite para la inspiración y la fantasía técnica y planificadora es la disponibilidad de financiamiento. China cuenta con reservas de moneda extranjera de tal magnitud que se puede dar el lujo de no insistir en primer lugar en la rentabilidad de sus proyectos en el exterior20. Si estos cumplen los objetivos políticos o estratégicos, no importa si no son rentables o que quiebren. Según datos de Gavekal Dragonomics, los inversionistas chinos calculan pérdidas de 80% en Pakistán, 50% en Myanmar y 30% en los países vecinos de Asia Central21. Esto no es de asombrar, tratándose de países de alto riesgo para inversiones y con grandes problemas de gobernabilidad. No es necesariamente malo que China esté dispuesta a hacer experimentos y correr riesgos altos. Sin embargo, si quiere que otros países o el capital privado internacional inviertan en sus proyectos, será inevitable llegar a estándares compartidos de evaluación de riesgos. En una posible negociación también se tendrá que evaluar la eficacia de proyectos grandes en Occidente. En una serie de estudios basados en una muestra amplia de megaproyectos en todo el mundo, Bent Flyvbjerg y su grupo cuestionan la idea de que altas inversiones en infraestructura sean un precursor del crecimiento económico22. Pueden, al contrario, causar daño, como cuando un país se endeuda para construir infraestructura que después no resulta rentable. Si realmente se trata de avanzar en la agenda del desarrollo, habrá que usar métodos que den resultado. Ser más exigente en este aspecto podría resultar igualmente beneficioso para China y para sus potenciales socios occidentales.

  • 16.

    Asian Development Bank Institute: Infrastructure for a Seamless Asia, Tokio, 2009.

  • 17.

    Gavin E.R. Wilson: «The Challenge: Can Blended Finance Increase the Scale and Sustainabilityof Finance for Development» en
    ocde: Development Co-operation Report 2016. The Sustainable Development Goals as Business Opportunities, ocde, París, 2016.

  • 18.

    Zhao Hong: «China’s One Belt One Road: An Overview of the Debate» en Trends in Southeast Asia No 16, 2016, p. 9.

  • 19.

    Cf. R. Ghiasy y J. Zhou: ob. cit.

  • 20.

    Miller sostiene que una buena parte del financiamiento de proyectos en el contexto de la ifr son créditos que rinden 5%-6%. Invertir las reservas en moneda extranjera en bonos gubernamentales norteamericanos arrojaría ganancias sustancialmente menores. T. Miller: ob. cit.

  • 21.

    Ver T. Miller: ob. cit., pp. 176-177, que utiliza fuentes de la administración china.

  • 22.

    Atif Ansar, Bent Flyvbjer, Alexander Budzier y Daniel Lunn: «Does Infrastructure Investment Lead to Economic Growth or Economic Fragility? Evidence from China» en Oxford Review of Economic Policy vol. 32 No 3, 2016; B. Flyvbjerg y Cass R. Sunstein: «The Principle of the Malevolent Hiding Hand; or, the Planning Fallacy Writ Large» en Social Research vol. 83 No 4, invierno de 2016.