Tema central

La derecha «alternativa» que agita a Estados Unidos

Make America White Again

Los nacionalistas blancos comparten numerosas referencias intelectuales con los neorreaccionarios, especialmente entre los autores reaccionarios críticos del liberalismo político y la democracia. Pero si bien los neorreaccionarios simpatizan con el nacionalismo blanco, no se identifican con él: «La Alt-Right y el trumpismo son demasiado políticos, estatistas, nacionalistas, democráticos, populistas y a menudo críticos del capitalismo como para que nos gusten», resume Nick Land. «El régimen que deseamos se basa en Exit; el romanticismo y el tribalismo del nacionalismo blanco están más bien relacionados con la Loyalty [lealtad]». Aun cuando rechace el universalismo de las Luces, el nacionalismo no es por ello menos producto de la época moderna, al igual que la democracia o el socialismo, lo que lo desacredita inmediatamente a los ojos de los neorreaccionarios. Las fronteras son sin embargo bastante porosas, tal como lo ilustra la decisión de Thiel de apoyar oficialmente a Trump. «Muchos adeptos a la Alt-Right son ex-libertarios que apoyaban a Ron Paul3», nos explica el nacionalista blanco Greg Johnson, a su vez proveniente del libertarismo. «Cuando se observa a los libertarios, se percibe rápidamente que son todos blancos. Es una ideología implícitamente blanca».

El movimiento nacionalista blanco se concibe como abierto y heteróclito y recibe todo tipo de sensibilidades o corrientes más antiguas, a menudo cercanas pero a veces contradictorias, entre las cuales se encuentran identitarios, supremacistas blancos, neopaganos, tradicionalistas, eugenistas, nativistas, monárquicos y masculinistas. Una misma persona suele reconocerse en varias tendencias a la vez... Pero el nacionalismo blanco es innegablemente lo que los une a todos. Obsesionados en mayor o menor medida, según las tendencias, por los diversos «complots judíos» y la influencia de Israel en la política estadounidense, todos los nacionalistas blancos sueñan con restaurar la grandeza de la civilización occidental, hoy atrapada en la mediocridad igualitaria, consumista y multicultural.

Una de las figuras más visibles de la Alt-Right se llama Richard Spencer. Presidente desde 2011 del National Policy Institute, un think tank nacionalista blanco fundado en 2005, fue el creador en 2010 del sitio Alternativeright.com, que dio su nombre al movimiento. Feliz de expresarse en los medios de comunicación y de contar su recorrido intelectual, este fan de Friedrich Nietzsche y Carl Schmitt se mostró sumamente cordial durante las dos horas de conversación que mantuvimos vía Skype.

Cursé mis estudios a comienzos de los años 2000, en pleno «fin de la historia», cuando el consenso tanto a izquierda como a derecha era que se habían resuelto todos los problemas: todos podían hacer las compras en Wal-Mart, recibir prestaciones sociales, ver porno gratis, tomar drogas o antidepresivos. Se había creado una masa mundial de humanidad indiferenciada satisfecha por el mercado o el Estado benefactor. Ahora bien, yo rechazaba visceralmente esta idea. Quería que la Historia retomara su curso.Por eso se emociona ante la promesa de Trump: «Make America great again!». Para la Alt-Right, esta promesa de un futuro radiante remite muy concretamente al imaginario conquistador de la exploración espacial. «La novela que más me influyó no es El manantial de Ayn Rand, sino Dune de Frank Herbert», cuenta Greg Johnson, doctor en Filosofía y fundador de la editorial nacionalista Counter-Currents. En este clásico de la ciencia ficción, una humanidad mentalmente superior ha conquistado gran parte del universo, sobre la cual el emperador Shaddam iv ejerce un poder de tipo feudal. Johnson recuerda con fervor los «valores arcaicos» que vehiculiza el libro: «la identidad, el ethos aristocrático y el ethos guerrero».

Si bien Johnson no sigue a la neorreacción en su rechazo absoluto de la democracia, la república que anhela es todo menos inclusiva e igualitaria. «Como la ‘vieja derecha’ fascista y nazi, la ‘nueva derecha’ estadounidense aspira a crear una sociedad de orden jerárquico, homogénea y unificada desde el punto de vista racial y cultural», nos explica seriamente. «Pero de la misma manera en que la nueva izquierda no tiene ninguna dificultad en condenar las atrocidades de la vieja izquierda estalinista conservando sus ideales, la ‘nueva derecha’ se construye sobre un rechazo explícito del totalitarismo, el imperialismo y el genocidio». Entre los inspiradores estrellas de los intelectuales de la Alt-Right figuran Alain de Benoist y Guillaume Faye, los pensadores de la Nueva Derecha francesa reunidos en el Grupo de Investigación y Estudios para la Civilización Europea (grece, por sus siglas en francés), que trabajó para reconstruir una extrema derecha presentable tras su deslegitimación después de la Segunda Guerra Mundial.

Raza e identidad

Inscribiéndose en esta línea, Spencer se presenta como un nacionalista «identitario». «La cuestión más importante, antes que la economía o la política exterior, es la de la identidad. Ahora bien, la identidad blanca se define como la herencia biológica y cultural de Europa». Le gusta señalar las supuestas incoherencias de una izquierda dispuesta a todas las contradicciones para escapar al «tabú de la raza»: «las razas serían iguales, pero los blancos oprimirían a los demás... excepto que las razas no existen, razón por la cual, ¡se necesitaría una mayor diversidad racial!», parodia en su sitio Radix. Finge así ignorar la distinción entre la existencia de razas como construcciones sociales que producen efectos concretos sobre los «racializados» y la inexistencia de la raza como concepto genético y biológico válido. Al igual que el «etnodiferencialista» Alain de Benoist, los identitarios estadounidenses desarrollan una argumentación bastante sofisticada para darle un aspecto serio a su «realismo racial» antiigualitario y rechazan toda acusación de racismo. Al ser la genética de poca ayuda, ya que se demostró que todos los individuos tienen en un 99,5% el mismo genoma, recurren a los dudosos hallazgos de la biología evolucionista y las ciencias cognitivas para afirmar la existencia de diferentes razas, así como la preferencia natural e inevitable que tendría cada individuo por la suya, «como un niño prefiere a su padre por sobre otros hombres», explica De Benoist en una entrevista concedida a Éléments.

  • 3.

    Precandidato a la Presidencia por el Partido Republicano en 2008 y 2012 y discípulo de Ayn Rand, ícono de los libertarios estadounidenses [n. del e.].