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La derecha «alternativa» que agita a Estados Unidos

Si bien los libertarios clásicos lamentan la ineficacia de los gobiernos democráticos, incitados a satisfacer los deseos fluctuantes de un pueblo «obtuso» sistemáticamente opuesto a la «virtuosa» desregulación de los mercados, no ofrecen demasiadas soluciones alternativas y se conforman con preconizar una hipotética desaparición del Estado. Yarvin propone, en cambio, tratar los Estados como empresas: los países serían desmantelados en pequeñas compañías competidoras administradas por directores generales competentes y las acciones soberanas estarían en manos de la elite, lo que reflejaría el poder y la utilidad de los diferentes grupos dominantes. «Los habitantes serían como clientes en un supermercado. Si no están contentos, no discuten con el gerente, se van a otro lado», nos explica el ex-profesor de Filosofía de la Universidad de Warwick, el británico Nick Land. «Si se consideran las tres célebres opciones de Albert Hirschman frente a una situación política, Exit, Voice o Loyalty [salida, voz o lealtad], apostamos al mecanismo del Exit, mientras que la democracia se basa en el derecho de Voice», precisa el autor del ensayo The Dark Enlightenment, principal referencia de la neorreacción.

Los textos largos y enrevesados de Yarvin se vuelven poco accesibles para el gran público. Pero, después de todo, si el proyecto es quitarles el poder a las masas, no hay ninguna necesidad de convencerlas de su pertinencia. De hecho, Yarvin se dirige a sus colegas superdotados de Silicon Valley, a los que vería bien llevando las riendas. Si bien se asume generalmente que los tecnoemprendedores californianos están cerca del Partido Demócrata, una parte de ellos se ve atraída por esta vena más libertaria. El cofundador de Google, Larry Page, ¿no contó acaso su fantasía de disponer de «un territorio desregulado en el mundo donde sería posible experimentar todo»? Un sueño que Patri Friedman se esfuerza por concretar. Gran lector de Unqualified Reservations, Friedman, nieto del fundador de la Escuela de Chicago Milton Friedman, cofundó el Seasteading Institute, un proyecto de plataformas flotantes autónomas liberadas de toda influencia estatal. Uno de los principales inversores del proyecto impulsado por el joven activista libertario es Peter Thiel, el célebre cofundador libertario de PayPal, quien invirtió también en una startup de Yarvin.

De todos los actores de la economía 2.0, Thiel es quien va más lejos en la tentación neorreaccionaria. Campeón de ajedrez, diplomado en Filosofía y Derecho, escribió en un ensayo publicado en 2009 que «ya no creía que la democracia y la libertad fueran compatibles». Y por «libertad» debía entenderse «capitalismo», algo que lamentablemente «no tuvo mucho éxito entre las masas», ese «demos no pensante». El millonario parece maduro para aceptar la idea de un despotismo tecnológico de naturaleza corporate. «La verdad es que las startups y sus fundadores se inclinan por el lado dictatorial, porque eso funciona mejor», desliza en una conferencia ofrecida en Stanford en 2012. El vínculo de subordinación del asalariado respecto de su empleador, reconocido en el Código Laboral, reflejaría la naturaleza desigual del funcionamiento de la empresa. La conclusión de Yarvin y Thiel no es que se necesitaría más democracia en las empresas, sino que se la necesita menos en los Estados. Al igual que para Nick Land, «los dragones asiáticos [Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán] ofrecen modelos preferibles de regímenes capitalistas y autoritarios eficaces».

Desde luego, este autoritarismo puede parecer incompatible con el antiestatismo y la defensa de las libertades individuales generalmente asociados a la ideología libertaria. En la práctica, sin embargo, «el libertarismo se adapta muy bien a los regímenes dictatoriales», recuerda Harisson Fluss. «El fundador de la Escuela Austríaca, Friedrich Hayek, apoyó, por ejemplo, al coronel Augusto Pinochet en Chile». En todo caso, la contradicción no parece perturbar a Thiel, quien invirtió simultáneamente en Leafly, una aplicación que vincula a vendedores y consumidores de cannabis –proyecto promercado y libertario si los hay–, y en Palantir, un agregador de datos personales vendido especialmente a agencias gubernamentales.

La voluntad de aplicar la ultrarracionalidad económica a la mejora «apolítica» de los modos de gobierno no es ajena a la ambición de otro movimiento, también en boga entre los tecnoentusiastas de Silicon Valley: el transhumanismo. Avatar del eugenismo del siglo xx, preconiza el derecho a servirse de la tecnología para incrementar las capacidades físicas y mentales del ser humano. Antes de lanzar Unqualified Reservations, Yarvin colaboraba además con Overcoming Bias, el blog del investigador Eliezer Yudkowsky dedicado a la inteligencia artificial, los sesgos cognitivos y la psicología evolucionista. En cuanto a Thiel, quien dice estar «en contra de los impuestos confiscatorios, los colectivos totalitarios y la ideología de la inevitabilidad de la muerte de todos los individuos»2, es sabido que financia las investigaciones sobre la prolongación de la vida del biogerontólogo Aubrey de Grey, toma hormonas de crecimiento y consideraría la posibilidad de hacerse transfusiones de sangre de personas más jóvenes.

En su búsqueda de perfeccionamiento de la humanidad, los neorreaccionarios se interesan naturalmente en lo que denominan púdicamente la «biodiversidad humana»; en realidad, el «darwinismo aplicado a la raza humana», traduce Nick Land. Adhieren a las teorías pseudocientíficas sobre la desigual inteligencia entre las razas, que se encuentran por ejemplo en la obra The Bell Curve: Intelligence and Class Structure in American Life [La curva de la campana. Inteligencia y estructura de clase en la vida estadounidense], publicado en 1994. Las cuestiones raciales no son sin embargo centrales para los neorreaccionarios, cuya prioridad sigue siendo el reemplazo de la democracia por un régimen elitista más eficaz. Son, en cambio, ineludibles para sus «primos» de extrema derecha, los nacionalistas blancos, núcleo duro de la Alt-Right.

  • 2.

    P. Thiel: «The Education of a Libertarian» en Cato Unbound, 13/4/2009.