Tema central

La democracia agredida Populismo, posdemocracia y neoliberalismo

Modulaciones en torno del populismo

«Populismo» se ha convertido en un concepto de combate. Se utiliza en ámbitos políticos y periodísticos para nombrar cualquier articulación política que cuestiona la democracia representativa liberal, el sistema de partidos y la exclusión de capas crecientes de la sociedad. El agotamiento de la democracia representativa «realmente existente» y del modelo neoliberal ha generado toda suerte de respuestas a lo largo del planeta. Desde las «primaveras árabes» (cuyos reclamos incorporaban un deseo poco definido de democracia) a la Nuit debout francesa, pasando por Occupy Wall Street, la plaza Syntagma de Atenas y el movimiento 15-m en España. La expresión del movimiento indignado se resumió en España en dos lemas que se dejaron oír en las calles de Madrid: «no nos representan» y «no queremos ser mercancías en manos de banqueros y políticos corruptos». La repolitización que marcó ese movimiento explica que la respuesta a la crisis no haya tenido una expresión en forma de populismo de extrema derecha sino de populismo emancipador (el partido Podemos).

Pero el inconformismo frente al agotamiento del modelo socioeconómico actual ha sido canalizado por expresiones de extrema derecha en todo el mundo, en especial en eeuu y Europa, donde, como un rango distintivo, los nombres de los partidos ocultan su ideología extremista o apelan a la nación como cemento de reconstrucción del cuerpo social fragmentado: Partido de la Libertad (Holanda y Austria), Partido del Progreso (Noruega), Demócratas de Suecia, además de Alianza por Alemania o el Frente Nacional francés33. Las fuerzas tradicionales de la izquierda no estuvieron atentas a los cambios que estaban operándose en el sistema y volvieron a cometer el error de no entender la capacidad del capitalismo para adaptarse a las nuevas condiciones. Esto se tradujo en que lo «políticamente incorrecto», es decir, la respuesta airada a la creciente exclusión, fue depositándose en partidos políticos de matriz conservadora, mientras que la izquierda fue apuntalando su condición de «recuperadora» del Estado social perdido.

Aquí se verifica una dualidad. Como ya se mencionó, la oposición al modelo neoliberal y su correlato político de democracia representativa tiene dos momentos: uno destituyente, de impugnación del modelo existente, y otro constituyente, cuando se establecen las alternativas. En la fase destituyente pueden coincidir formaciones políticas que vienen de realidades radicalmente diferentes, como el Frente Nacional francés (extrema derecha xenófoba fundada por un colaborador del nazismo), el Cinco Estrellas italiano (fundado por un cómico televisivo con lo que quedó del naufragio de Silvio Berlusconi y los retazos de la vieja izquierda comunista) o Podemos en España (nacido del 15-m). La diferencia está en que el populismo conservador nunca impugna el sistema, sino los «excesos del sistema» (la burocracia, la corrupción, los privilegios de los políticos, la exclusión de sectores crecientes de la sociedad, las desigualdades extremas o, en el caso de la ue, la pérdida de soberanía nacional). En la medida en que expresa el sentido común conservador, la salida más probable de respuesta a la exclusión es por el populismo de derechas, lo que explica el ascenso vertiginoso de los partidos «antisistema» de corte xenófobo y críticos hacia la ue, percibida como un entramado burocrático costoso e ineficiente que robaría la verdadera libertad, la del Estado nacional soberano.

Algunas conclusiones

La crisis económica global y la desafección ciudadana que la ha acompañado han generado movimientos políticos que impugnan la democracia representativa, cuestionan el modelo de partidos, trazan una línea entre la «elite» y el «pueblo» y desarrollan diferentes maneras de reinventarse como colectivo. En este sentido, cobran fuerza las apelaciones nacionales como referente de unión comunitaria, se construyen enemigos (los inmigrantes, la burocracia, los políticos, la izquierda, los sindicatos, las minorías, las elites, los ricos, la banca) y se fortalecen los liderazgos que apelan directamente a la ciudadanía. Es decir, construyen un «momento populista». Mientras las fuerzas tradicionales de la izquierda experimentan un claro retroceso en Europa, América Latina y eeuu, surge una nueva derecha que asume los principios del liberalismo doctrinario –una fuerte apelación a la nación cristiana de propietarios y una primacía de lo securitario–, pero se libera de los elementos democráticos, al tiempo que asume el funcionamiento de la economía neoliberal y la intervención del Estado para garantizar esa recuperación económica empresarial aun a costa de la cohesión social y la redistribución de la renta propia del modelo welfare. La incapacidad del sistema de ganar la autorización política a través del discurso populista y de las medidas autoritarias refuerza el ámbito de la extrema derecha, que se convierte así en sistémica.

Resulta difícil imaginar salidas a la creciente exclusión social que marca el modelo neoliberal (que, como hemos señalado, solventa sus fracasos insistiendo en sus postulados), de manera que las soluciones debieran salir de una impugnación a ese modelo. En ese marco, las «grandes coaliciones» actúan como clausuras políticas y los gobiernos que se han alzado con el poder con un discurso populista pronto tendrán que demostrar la consistencia de sus promesas. El surgimiento de fuerzas políticas como Podemos en España irían en esa dirección alternativa, pero tampoco brindan una solución evidente, ya que solamente a través de alianzas regionales sería posible articular una respuesta alternativa al modelo neoliberal y al auge de la extrema derecha en Europa.

  • 33.

    Marcello Musto: «Nuevos populismos y xenofobia. El amenazador avance de la extrema derecha en Europa» en sinpermiso, 8/11/2015.