Tema central

La democracia agredida Populismo, posdemocracia y neoliberalismo

Vemos el resultado igualmente inevitable en la paradoja de que, al tiempo que la democracia se ha convertido en incuestionable, se ha vaciado tanto en su capacidad de representación como en su capacidad de elección25, a punto tal que, como ya ocurriera en la década de 1970, autores conservadores como Fareed Zakaria26 o Jared Diamond27 resucitaron y mantienen la queja de Samuel Huntington sobre el «exceso de democracia», que justificaría en su día la defensa de la «gobernabilidad» e, incluso, de los golpes de Estado. En el metabolismo del capital, el neoliberalismo es un resultado lógico, e incluso la idea de gobernanza se convierte en un visitante incómodo.

No hay que dejar de lado que en la idea de derrota del espacio de la «izquierda» hay que considerar al menos cuatro grandes elementos: el vaciamiento de la conciencia obrera y la sumisión moral de las organizaciones sindicales; las insuficiencias teóricas del campo crítico; las debilidades de la gestión socialista y comunista; y la derrota social de los valores propios de la emancipación.

El miedo como una herramienta para la construcción de hegemonía

La muerte de dios; la quiebra del mundo del trabajo retratada por André Gorz28 hace más de tres décadas; el fin del monopolio de la familia tradicional; la mercantilización creciente de espacios sociales que se resistían a caer bajo la ley de la oferta y la demanda; la precarización laboral y la sobrecarga femenina en las tareas de cuidados; la urbanización, que genera una fragmentación que nos traslada a «burbujas culturales» desligadas de la realidad física; el endeudamiento de los trabajadores, esto es, el mantenimiento precario del nivel de consumo mediante la vinculación al sistema financiero (el «hombre endeudado»29 que empieza a asumir la condición de «empresario de sí mismo» y, por tanto, incorpora el riesgo de vivir bajo la tensión del fracaso); el cambio climático –que empieza a visualizarse cotidianamente en forma de tsunamis, sequías (con las consecuencias de falta de agua potable, imposibilidad de riego y colapso energético), lluvias torrenciales, tifones, terremotos, con los consiguientes efectos locales de empobrecimiento súbito y las no menos consecuentes migraciones–; la guerra como recurso creciente de solución de problemas (salida «normalizada» desde la Ley Patriótica con la que se contestó al atentado en las Torres Gemelas de Nueva York en 2001); y, como conclusión de todos estos desequilibrios, el necesario aumento de refugiados que buscan salir de la muerte segura, bien por cuestiones económicas, políticas o medioambientales (lo que más migraciones venía generando antes de la guerra de Siria): todos estos factores forman un escenario de miedo e incertidumbre muy alejado del clima de diálogo que precisan las salidas progresistas.

La solución neoliberal a su propia crisis se pretende solventar con las mismas medicinas que han generado la enfermedad. El recurso a más mercado, a más dinero fiduciario, a más privatizaciones, a más precariedad laboral desemboca en la expresión máxima de la competitividad, que es la guerra. La lucha por los recursos energéticos y la consiguiente estrategia geopolítica han llevado a la desestabilización de Oriente Medio. Las dos guerras del Golfo, el apoyo a Al-Qaeda en Afganistán, el atentado a las Torres Gemelas dirigido por un antiguo colaborador de la Agencia Central de Inteligencia (cia) como Osama Bin Laden, la lucha «contra el terrorismo» a partir de 2011, la invasión de Afanistán e Iraq, la guerra en Libia y en Yemen, y la más reciente en Siria –que generó la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial–, la financiación por parte de eeuu y Arabia Saudita del fundamentalismo –y a partir de 2014, de Daesh30–, junto con la recuperación de Rusia e Irán como actores relevantes en la zona, han producido una suerte de «empate catastrófico» cuyo efecto más visible son los millones de desplazados y la quiebra del derecho de asilo que formaba parte de los derechos humanos asumidos por la comunidad internacional.

Todos estos elementos tienen un rasgo en común: individualizan, crean inseguridad y generan un clima de miedo que actúa como caldo de cultivo de respuestas autoritarias y securitarias (y, por tanto, preparan, justifican y explican la conversión de las democracias en «securocracias», donde el argumento de la lucha contra el terrorismo justifica los recortes en el Estado de derecho). Es importante entender que estos rasgos de las sociedades neoliberales no forman parte sin más de una voluntad política por la cual unos actores ejecutan un plan preconcebido. Es cierto que el neoliberalismo se articula como un «enorme experimento»31, pero tiene detrás cuatro elementos estructurales que impiden cualquier suerte de regreso al pasado (la globalización –con las guerras y migraciones inherentes–; la caída de la tasa de ganancia tanto en el modelo keynesiano como en el neoliberal; el aumento de la complejidad social –acompañado de la robotización de la economía– y el deterioro medioambiental). Esto es esencial, pues pone en cuestión el argumento central de buena parte de los partidos del arco de la izquierda clásica acerca de la necesidad de recuperar la «edad de oro socialdemócrata». La puesta en cuestión del Estado social ha generado un corrimiento ideológico hacia posiciones más templadas del arco político. La socialdemocracia usa argumentos propios de la derecha liberal, los partidos poscomunistas y sus alianzas vuelven a los postulados socialdemócratas (basta mirar los programas electorales de las fuerzas políticas en las que participan) y los partidos liberales o de derecha muestran su complacencia con las sociedades neoliberales, escondidos en la formalidad democrática pero comportándose de manera ejecutiva en la extensión del «fascismo social». Pero si la quiebra del modelo keynesiano fue estructural y dio cuenta de una serie de factores que no pueden revertirse, parece evidente que las respuestas a las preguntas aún válidas de la Ilustración (igualdad, libertad, fraternidad, paz) deben darse no desde la búsqueda de alternativas, sino desde un «pensamiento alternativo de alternativas»32.

  • 25.

    B. de Sousa Santos y Leonardo Avritzer: «Para ampliar el canon democrático» en B. de Sousa Santos (coord.): Democratizar la democracia. Los caminos de la democracia participativa, fce, Ciudad de México, 2004.

  • 26.

    F. Zakaria: El futuro de la libertad, Taurus, Madrid, 2003.

  • 27.

    J. Diamond: ob. cit.

  • 28.

    A. Gorz: Adiós al proletariado (más allá del socialismo), Imago Mundi, Buenos Aires, 1989.

  • 29.

    Maurizio Lazzarato: La fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal, Amorrortu, Buenos Aires, 2013.

  • 30.

    Olga Rodríguez: «Cómo surge el isis, cómo se financia, quiénes hacen la vista gorda» en Eldiario.es, 16/11/2015.

  • 31.

    Paul Mason: Postcapitalismo, Paidós, Barcelona, 2016.

  • 32.

    B. de Sousa Santos: Crítica de la razón indolente vol. i, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2003.