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La defensa vuelve a ser importante Política de seguridad y defensa en Europa entre Putin, el «Brexit» y Trump

La experiencia de la cumbre (y seguramente también del encuentro inmediatamente anterior de la otan en Bruselas) hizo que la canciller alemana Angela Merkel, en el discurso que pronunció en una cervecería de la localidad bávara de Trudering el 28 de mayo de 2017 y que tanta atención concitó a uno y otro lado del Atlántico, dijera que «los tiempos en los que podíamos confiar plenamente los unos en los otros han quedado atrás, lo he experimentado en los últimos días, por lo que solo puedo decir que los europeos debemos tomar de verdad las riendas de nuestro destino»9. Putin debe haberse divertido mucho con estas expresiones. «Occidente se está haciendo más pequeño», afirmó el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Sigmar Gabriel, después de la cumbre del g-7 en Taormina, y habló de una pérdida de importancia de eeuu y de una «señal de cambio en la relación de fuerzas en el mundo»10.

Lo cierto es que, independientemente de las voces destempladas en la alianza transatlántica, la importancia de la seguridad y la defensa ha crecido sustancialmente en Europa en los últimos años. Después de largos años en los que la pcsd apenas sobrevivió, tapada por la crisis económica y financiera de la eurozona, finalmente la ue ha dado pasos importantes para profundizar la integración de las políticas en ese campo.

Este proceso fue tomado primero con muchas reservas por numerosos observadores experimentados: ya demasiadas veces las manifestaciones sobre la voluntad de fortalecer la pcsd han demostrado ser esencialmente retóricas y simbólicas, y no han sido seguidas de avances políticos sustanciales. Pero la aprobación de la Estrategia Global de la ue al día siguiente del triunfo del «Brexit» en el referéndum británico ha probado ser efectiva y astuta. La Estrategia Global fue aprobada sin mayores problemas al abrigo de la crisis del «Brexit». La alta representante de la ue para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, recibió sin grandes discusiones sobre el contenido un amplio mandato para elaborar los documentos de seguimiento. En el marco del inminente retiro de los británicos de la ue, la aún no superada crisis económica y financiera y el no menos importante apoyo creciente que reciben en muchos Estados miembros de la ue los movimientos nacionalistas antieuropeos –cada vez más xenófobos y populistas–, la política se seguridad y defensa parece ser uno de los pocos campos prometedores en los que la ue puede mostrar rápida capacidad de acción y recuperar confianza. Desde hace años, las encuestas confirman la alta aprobación que tiene la política común en asuntos exteriores y de seguridad por parte de la población europea: en la más reciente encuesta del Eurobarómetro de la Comisión Europea, 75% de los europeos encuestados se manifestó a favor de una fuerte política común de seguridad y defensa; 55% respaldaba incluso la existencia de un ejército europeo11. Una encuesta representativa de toda Europa hecha por la agencia Policy Matters por encargo de la Fundación Fredrich Ebert en 2015 dio como resultado también una amplia aprobación europea a que la ue tenga un importante rol en política exterior y de seguridad12: un cuadro de situación que vuelve a confirmar los altos porcentajes de aprobación que desde hace años registra el Eurobarómetro de la Comisión Europea13.

En la medida en que los europeos vuelvan a ver más amenazas a su seguridad (ya sea por la agresiva política exterior de Rusia, por la mayor amenaza terrorista en territorio europeo o por el temor a la desestabilización por los flujos de refugiados), aumentará también el capital político que puede obtener Europa de los grandes esfuerzos en este campo –capital político que necesita con urgencia–.

Cambio de tendencia en los gastos de defensa14

Sin embargo, los efectos de todos estos factores que actúan detrás del presente debate no se limitan a las instituciones de Bruselas. Se percibe una clara tendencia en todos los Estados miembros: los gastos en defensa, que se habían congelado durante largo tiempo o incluso se habían recortado drásticamente como consecuencia de la crisis económica y financiera en Europa, han vuelto a incrementarse en los últimos tiempos (Bulgaria, Alemania, Estonia, Finlandia, Francia, Irlanda, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Austria, Polonia, Rumania, Eslovaquia, España, República Checa y Hungría) o han permanecido casi estables (Grecia, Países Bajos y Suecia). En todos los casos, estos aumentos se dan en el contexto de por lo menos uno de los procesos políticos descritos. En siete Estados miembros (Bélgica, Dinamarca, Italia, Croacia, Portugal, Eslovenia y Chipre), el gasto en defensa siguió disminuyendo, pero hay voluntad política para estabilizarlo en el futuro por lo menos en el nivel actual y, de ser posible, para volver a incrementarlo.

Esta tendencia no se limita a los gastos en defensa sino, lógicamente, también a los desarrollos militares. Antes de 2014 se observó en casi todos lados un cierto estancamiento. Por lo general, las reformas apuntaban a reducir capacidades: se recortó personal, el servicio militar fue derogado en muchos países y no se renovó material. En la mayoría de los Estados de la ue, la atención se concentró en contener los gastos y en mantener los estándares militares mínimos que parecían necesarios para una participación en acciones militares multinacionales limitada en frecuencia y alcance. La mayoría de los países consideraba poco realista que se diera un caso serio de defensa que tuviese que prevenirse con intimidación militar, una tendencia que se fortaleció notoriamente de este a oeste y de sur a norte. En todos los lugares donde ha habido una estabilización de los gastos de defensa o un cambio de tendencia, este proceso se detuvo, mientras que en la mayoría de los países incluso se ha revertido. Se han lanzado nuevos procesos estratégicos, se han incrementado el personal y el presupuesto, y en muchos casos se han iniciado procesos de adquisición de armamento para poner en marcha la atrasada modernización del equipamiento y del aparato militar.