Tema central

La defensa vuelve a ser importante Política de seguridad y defensa en Europa entre Putin, el «Brexit» y Trump

Este entendimiento requiere en primer lugar de un abordaje serio de la materia y de los diferentes intereses y posiciones: es por eso que resulta más que bienvenido el hecho de que las instituciones de la ue en Bruselas estén desarrollando una actividad tan amplia desde mediados de 2016. La cantidad nunca antes vista (y que no disminuye en 2017) de deliberaciones, resoluciones y aprobaciones de documentos concertados pone en marcha un proceso de formación de opinión en los gobiernos de las capitales de la ue que tiene como fin una mayor apertura, mayor experticia y un anclaje más sostenible de la pcsd en los programas de gobierno nacionales.

Pero esto solo no basta; los Estados miembros deben acordar el grado deseado y pretendido de integración en seguridad y defensa y reunir finalmente el coraje para implementarla a velocidades diferentes: los Estados miembros deben poder –en el marco de la pesco– aliarse y avanzar con quienes piensan igual. Alemania aboga enfáticamente por ello en el ámbito europeo, pero es probable que deba apartarse un poco de su enfoque tan integrador para dejar que la pesco, por el bien de todos los Estados miembros, tenga éxito.

eeuu: ¿aliado o factor de inseguridad?

Después de la anexión de Crimea y el triunfo de los defensores del «Brexit», la victoria electoral de Donald Trump fue el tercer shock para los europeos, con consecuencias todavía desconocidas para su política de seguridad tanto externa como interna. Ya mucho antes de las elecciones estadounidenses se hacían especulaciones sobre si el resultado tendría consecuencias en la arquitectura de seguridad de Europa, y cuáles serían. Y la cambiante política exterior del nuevo gobierno de eeuu alimenta constantemente esas especulaciones.

Durante la campaña presidencial, el candidato Trump no ocultó su idea de que hay que terminar con la otan y ha hecho públicas sus visiones al respecto varias veces («La otan es obsoleta»)1. Como presidente no volvió a tener esta postura, sino que más bien admitió abiertamente que cambió de opinión2. Sin embargo, este cambio no representó una vuelta al statu quo anterior: el presidente Trump exige, de hecho, un aporte financiero mayor de los miembros europeos de la otan a la alianza y alza más la voz y es más insistente que sus predecesores. Reclama –no sin razón– que los aliados de la otan se pongan de acuerdo en aumentar sus gastos en defensa a aproximadamente 2% de sus respectivos pib para 20243. En su primer encuentro oficial de la otan con motivo de la inauguración de la nueva sede en Bruselas, el 25 de mayo de 2017, el presidente estadounidense no solo volvió a reclamar que se respete la meta de 2% sino que fue un paso más allá: el discurso trata de un incremento realmente necesario de la meta de 2% y de deudas que los aliados europeos habrían acumulado en la otan tras varios años de no haber respetado la cuota4.

Antes de la reunión, la otan se había esforzado mucho por demostrar que la alianza era irrompible y por dar pruebas de la buena voluntad de los europeos para incrementar sus aportes a la organización. En este contexto, las expresiones de Trump fueron percibidas como una nueva escalada; más aún si se tiene en cuenta que otra vez faltó una clara adhesión personal al artículo 5 de la otan (algo que Europa esperaba) y que su postura con respecto a Rusia y a Putin da nuevamente motivo a especulaciones por parte de los europeos5.

No deja de ser trágico el hecho de que el asunto se vea perjudicado precisamente por la vehemencia y el volumen con que Trump expone sus reclamos. Ningún Estado miembro pone seriamente en duda la desigualdad en la repartición de cargas, y los grandes cambios en los gastos en defensa por parte de los miembros de la otan dan cuenta de la voluntad de dar un golpe de timón y asumir una mayor responsabilidad en la alianza transatlántica6. Pero es precisamente el carácter autoritario de las manifestaciones de Trump lo que provoca resistencia. La amenaza pública de retirar a eeuu de la alianza, lanzada en la campaña electoral y reemplazada ahora por un «ruidoso silencio» sobre la vigencia del artículo 5 en lo que va de la presidencia de Trump, es percibida en muchos lugares casi como una extorsión. Obviamente, en este clima de confrontación y plagado de desconfianza no puede darse el necesario debate sobre las estrategias apropiadas para superar los actuales desafíos comunes en materia de seguridad y sobre la naturaleza y el alcance de los medios civiles y militares que efectivamente se necesitan.

Es lamentable el hecho de que actualmente no solo a los europeos sino también a los restantes países del g-7 les cueste tanto ponerse de acuerdo con eeuu en los desafíos centrales, como la lucha contra el terrorismo internacional, el extremismo religioso, la relación con una Rusia que tiene una muy agresiva política internacional y la organización de un orden económico global. La pérdida de confianza y la creciente brecha entre el nuevo gobierno estadounidense y los socios occidentales, lejos de desaparecer, han quedado claramente expuestas en la Cumbre del g-7 celebrada en la localidad siciliana de Taormina. Este contraste se ve especialmente en el caso del cambio climático.

Quienes simpatizan con Trump son esencialmente los escépticos con respecto al cambio climático –interpretado por los europeos especialmente como un peligro para su seguridad–, que ponen en duda el calentamiento del planeta y consideran que las medidas para el cuidado del clima son innecesarias y nocivas para la economía. Como consecuencia, los planes presupuestarios del gobierno de Trump prevén significativos recortes en materia de protección del clima y del medio ambiente. Trump acarició durante largo tiempo la idea de una simbólica retirada del Acuerdo de París y, finalmente, anunció el 1o de junio de 2017 –a pesar o quizás debido a los intentos diplomáticos de los socios por persuadirlo– que eeuu se retiraba del Acuerdo. De esta forma, debe volver a negociarse, con condiciones mejores para eeuu7. El hecho de que no sea posible retirarse de inmediato y sin más de un acuerdo ya ratificado interesa tan poco como el hecho de que China (nada menos) respeta el Acuerdo de París y se está transformando en uno de los mayores impulsores de la protección del clima8.

  • 1.

    Cf. Shanya Freisleben: «A Guide Through Trump’s Past comments on nato» en cbs News, 12/4/2017.

  • 2.

    Ver Peter Baker: «Trump’s Previous View of nato Is Now Obsolete» en The New York Times, 13/4/2017.

  • 3.

    Cf. Declaración de la Cumbre de la otan en Gales, emitida por los jefes de Estado y de Gobierno que participan en la reunión del Consejo del Atlántico Norte en Gales, 5/9/2014, disponible en www.nato.int/cps/ic/natohq/official_texts_112964.h... (en inglés).

  • 4.

    Christoph B. Schiltz y Andre Tauber: «Trump maßregelt Bündnispartner wie Schüler» en Die Welt, 29/5/2017.

  • 5.

    El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en su comunicado de prensa posterior al encuentro oficial con el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el presidente Trump, el 15 de mayo de 2017, dejó entrever sus dudas de que coincidan los puntos de vista del gobierno estadounidense y de la ue sobre Rusia. V. «Remarks by President Donald Tusk after Meeting with President Donald Trump», Consejo Europeo, Bruselas, 25/5/2017, disponible en www.consilium.europa.eu/en/press/press-releases/2017/05/25-tusk-trump-remarks/.

  • 6.

    Ver Hans-Peter Bartels, A.M. Kellner y U. Optenhögel (comps.): Strategic Autonomy and the Defence of Europe: On the Road to a European Army?, J.H.W. Dietz, Bonn, 2017.

  • 7.

    Comunicado del presidente Trump sobre el Acuerdo Climático de París, Casa Blanca, Secretaría de la Oficina de Prensa, 1/6/2017, disponible en www.whitehouse.gov/the-press-office/2017/06/01/statement-president-trump-paris-climate-accord.

  • 8.

    V., entre otros, Felix Lee: «Vom Klimakiller zum Klimaretter» en Zeit online, 1/6/2017; «China steht zu Pariser Klimaschutzabkommen» en Frankfurter Allgemeine Zeitung, 1/6/2017.