Coyuntura

La centroderecha y el «cambio cultural» argentino

¿Tendrá Argentina su partido de derecha con implantación nacional?

La debilidad política del gobierno de Cambiemos reside, en buena parte, en la desigual implantación de la principal fuerza de la coalición en todo el país. Construido desde la ciudad de Buenos Aires, pro estableció desde el comienzo una estrategia de varios tiempos, que consistía en partir de un gobierno subnacional para construir desde allí su presencia en los demás distritos. La sucesión de marcas políticas que adoptó parece dar cuenta de esta estrategia. Al pasar de Compromiso para el Cambio a Propuesta Republicana, logró nacionalizarse utilizando –y luego absorbiendo– la implantación territorial que había construido el partido Recrear, en buena parte sobre la base de los vínculos con antiguos dirigentes de partidos liberales y conservadores provinciales, así como del ala derecha del radicalismo. Con Cambiemos, marca en la que pro parece ahora querer diluirse –al menos de manera comunicacional–, logró tanto la cobertura nacional del radicalismo como una llegada a clases medias urbanas no directamente identificadas con la centroderecha.

Como había ocurrido en la ciudad de Buenos Aires, la identidad por oposición al kirchnerismo funcionó como fuerza aglutinadora que, hasta el momento, parece tener mucho para dar en términos de rédito electoral. Pero con la adopción de la marca Cambiemos los líderes de pro, que son el núcleo que toma las decisiones desde el gobierno, parecen haber aceptado también que no pueden, al mismo tiempo, gobernar el país –es decir, acordar con los actores realmente existentes– y proseguir la construcción de un partido nacional. Se trata, por ahora, de dar consistencia desde arriba al rechazo a un ciclo político concluido en términos electorales, pero ¿cómo acabar con su legado sin los recursos políticos para hacerlo?

Por un lado, las negociaciones con gobernadores de origen peronista pero circunstanciales aliados, de quienes el gobierno obtuvo votos en el Congreso, implicaron que cediera el control de algunos puestos claves en el nivel provincial, vinculados a la gestión de dependencias y programas de política pública nacionales, lo que al menos a corto plazo mantiene recursos políticos en manos de las fuerzas gobernantes en cada distrito, sea cual fuere su signo partidario12. Por otro lado, la tensión entre un partido dominante en el interior de la coalición Cambiemos con escasa presencia territorial más allá del centro del país (pro) y el integrante más tradicional de esa coalición (la ucr), minoritario en la toma de decisiones en el centro pero de gran presencia territorial, actualiza la paradoja del gobierno de Cambiemos: para afianzarse como vector de «cambio cultural» necesita de sus aliados, pero a menudo eso le impide crecer como fuerza política autónoma. Parece lejana la perspectiva de que, con los recursos que da el gobierno, pro pueda consolidarse como partido a escala nacional, como hizo a partir de 2007 en la ciudad de Buenos Aires.

Es cierto que, como sostiene Marcelo Leiras13, en Argentina ningún partido es nacional, estrictamente hablando. Todos deben lidiar con la complejidad federal y se construyen más bien como alianzas de elites subnacionales. Con el envión de sus triunfos electorales y de sus figuras de alta popularidad, pro parecía encaminado a fagocitarse a buena parte del radicalismo. La resiliencia de ese partido centenario, en buena parte en virtud de sus resortes de gobierno a escala distrital, es un dato que no debe soslayarse. La disputa por convertirse en el partido de las clases medias urbanas y de las clases medias-altas rurales del siglo xxi sigue, así, abierta. El gradualismo y el peso de los legados, aquí también, marcan el ritmo de las transformaciones.

  • 12.

    Diferentes ministerios (Trabajo, Desarrollo Social) y dependencias oficiales (Administración Nacional de la Seguridad Social –ANSES–, Programa de Atención Médica Integral –PAMI–) cuentan con oficinas en todas las provincias. Tradicionalmente, la fuerza política gobernante designaba en esos lugares a referentes propios en cada distrito. En este caso, el gobierno de Cambiemos no solo debió distribuir posiciones entre las fuerzas políticas que forman parte de la coalición, sino que también aceptó mantener cierto statu quo en provincias gobernadas por otros partidos.

  • 13.

    M. Leiras: Todos los caballos del rey. La integración de los partidos políticos y el gobierno democrático de la Argentina, Prometeo, Buenos Aires, 2007.