Tema central

Focos de lectura de la izquierda boliviana

Entre marxismo y posmarxismo

Para pasar del plano descriptivo al interpretativo, trabajemos con las lecturas del «foco de la Vicepresidencia», el más importante de la izquierda boliviana en este momento. Por motivos de espacio, no haremos lo mismo con los demás focos, que son más pequeños y tienen una mucha menor influencia en la política nacional.

Las lecturas del «foco de la Vicepresidencia», que en su mayor parte son de teorías que oscilan entre el neomarxismo (moderno) y el posmarxismo (posmoderno), ¿qué sentido tienen, en caso de que tengan uno? El sentido parece ser cultivar una visión radical (basada en la conciencia de la o las «crisis del capitalismo» y las oportunidades que proporciona), sofisticada y actualizada del mundo social y su transformación, que parta de Marx pero que al mismo tiempo incorpore los avances introducidos por: a) la crítica filosófica, económica y sociológica al marxismo histórico; b) la superación del cientificismo en las disciplinas sociales, incluyendo la superación del cientificismo en el marxismo; c) la fusión de las «dos escuelas» de los estudios sociales (la humanística-filosófica y la científica) en una misma aproximación, que sea hermenéutica y predictiva a la vez; d) un historicismo sin «leyes de la historia» o, mejor decirlo, una conciencia alerta a la historicidad del mundo; e) la revaloración de la actividad o «agencia» humana, en simultáneo con el desarrollo en modelos sociológicos multivariables y semideterministas; f) el combate contra la «fuerza opresiva de la modernización», no solo sobre las plebes europeas, sino también sobre los Estados periféricos, las culturas y religiones no europeas, las minorías culturales y sexuales, etc.

Vamos a explicar esto, que puede parecer muy «técnico», de forma algo más sencilla, mediante breves presentaciones del pensamiento de algunos de los autores leídos en este «foco». Por supuesto, vamos a hablar de pensamientos que, aunque coincidentemente revolucionarios o de «democracia radical», son también distintos y aun contradictorios entre sí. A diferencia del tipo de trabajo intelectual que hacía la izquierda en el siglo xx –que podemos comparar con el escolástico medieval, pues partía de un pensamiento común, buscaba interpretarlo correctamente y luego aplicarlo a las «novedades» con un espíritu conservador–, el trabajo intelectual de izquierda de hoy no es monista (aunque el pensamiento de Marx siga cumpliendo en él, explícita o implícitamente, un papel inspirador y articulador), no se espanta de la duda y aun de la incoherencia, y no busca llegar a conclusiones que sean verdaderas y a la vez útiles, como se intentaba en el pasado.

Wallerstein y la redefinición de la «ciencia marxista». El modelo epistemológico de la mayor parte de la izquierda desde Marx hasta la caída del Muro de Berlín fue el proporcionado por las ciencias, que a su vez, como se sabe, imitaban el ejemplo de la física newtoniana. Por tanto, el pensamiento marxista, que ponía el acento en el aspecto positivista de la teoría de su fundador, buscó producir certidumbres sobre el mundo social, entendiendo por «certidumbres» teorías causales inexorables y predictivas. Buscó y, como es lógico, encontró tales teorías en la economía. Sostuvo que Marx había desarrollado un sistema que «reflejaba» la economía capitalista moderna, un sistema que incluso podía matematizarse. Consideró los factores individuales, institucionales, ideológicos y psicológicos como secundarios y dependientes –en última instancia– de los intereses económicos, así como de la lucha social que estos propiciaban. Por tanto, estableció conceptos sobre la sociedad que tenían una base económica, tales como «capitalismo» (un modo de producción), «clase social» (un grupo determinado por su forma de participación en el proceso productivo), «tareas de clase» (objetivos propios de un grupo unificado de intereses y de un momento de desarrollo tecnológico), etc. En ningún momento consideró que el mundo social fuera indeterminado o indeterminable, ni que el ser humano fuera incapaz de descubrir una «verdad» sobre él. Aunque en su juventud Marx había entendido la verdad, hegelianamente, como un juicio teórico que resultaba de la praxis social, es decir, que se formaba en ella y era inseparable de ella, el marxismo-leninismo olvidó este legado y definió la verdad, igual que Santo Tomás, como todo juicio teórico que correspondía (reflejaba) plenamente la realidad3.

Esta teoría epistemológica y, sobre todo, el nivel de certidumbre que cree que puede producir (certidumbre nomotética, o proveniente de «leyes» sociales similares a las leyes de la naturaleza) se han hecho incompatibles con el pensamiento contemporáneo. En primer lugar, por el propio desarrollo de las ciencias naturales, que se han topado con que el universo es intrínsecamente indeterminado (es decir, varía de manera no lineal) e indeterminable (en ciertos bordes, incognoscible). Con mucha mayor razón, el mundo social resulta, por su complejidad, reacio a la certidumbre teórica.

Esta constatación revalorizó, en el pensamiento político, las elaboraciones intelectuales más escépticas, basadas en la voluntad y en la creencia antes que en la certeza, menos racionalistas y, por tanto, menos economicistas (por muy importante que sea la economía, se concluyó, el mundo social es multicausal y no lineal). En el extremo de estas elaboraciones se hallan las que usan el método «ideográfico», que consiste en la descripción e intuición de lo singular suponiendo que cada cosa es única, irregular e irrepetible.

Por otra parte, la confianza en la certidumbre que tenía el marxismo se ha hecho insostenible por obra de la demolición filosófica, de larga data, que ha sufrido la epistemología realista ingenua –o teoría del «reflejo» de la realidad en la mente–. A esta altura, resulta obvio que la ciencia carece del poder que antes se le atribuía para poner al sujeto «fuera» del objeto que pretende conocer, aun si este objeto es un electrón. Así lo ha demostrado Werner Heisenberg. Mucho más si, en la doctrina marxista, la condición de posibilidad de la objetividad reside en una circunstancia política: la identificación con los intereses de la clase revolucionaria en el momento del análisis. (Pero ¿en qué consiste exactamente esta identificación?).

  • 3.

    V.I. Lenin: Materialismo y empiriocriticismo, Pueblos Unidos, Montevideo, 1948.