Tema central

¿Europa se desintegra?

Una vez dicho esto, creo que Ther señala algo muy importante. Las elites posdisidentes y reformistas, incluyendo a aquellas que provenían de la izquierda democrática, llegaron muy lejos en su opción por una transformación económica (neo)liberal radical. Ther menciona el ejemplo del veterano disidente polaco Jacek Kuron. Podría haber añadido que en sus últimos años Kuron se arrepintió amargamente de su franco apoyo (mientras era ministro del gobierno de Mazowiecki) a un liberalismo económico que tuvo consecuencias sociales tan dolorosas, sin mencionar las que tuvo para muchos de los trabajadores que habían sido la columna vertebral de Solidaridad. Adam Michnik, editor en jefe del influyente diario Gazeta Wyborcza durante los últimos 25 años, fue el autor de la célebre frase «Mi corazón está a la izquierda, pero mi billetera, a la derecha».

Al menos la intelligentsia urbana y liberal de Polonia podría haber buscado un mejor discurso público para demostrar que se preocupaba por aquellos que estaban pagando el costo humano de la transición. Podría haber hecho más para ayudar a los trabajadores que habían perdido sus empleos en las grandes empresas estatales a encontrar nuevos empleos que valieran la pena y, cuando lo permitiera el presupuesto, podría haber intentado una política social más activa.

Y es que ese «corazón a la izquierda» fue apenas visible para los millones de polacos de los pueblos pequeños y las regiones más pobres de la «Polonia b», que se sintieron abandonados y dejados al margen por la topadora del liberalismo económico. Es importante agregar que también fueron alienados por el liberalismo social en temas tales como el aborto, el género y la orientación sexual que llegó con la apertura a Europa occidental. Este era el núcleo del electorado sobre el que se apoyaron los populistas del partido Ley y Justicia para llegar al poder en 2015 ofreciendo una combinación de ideología nacionalista y católica, típica de la derecha, y promesas generosas de beneficios sociales e intervención económica estatal, históricamente más típicas de la izquierda. En definitiva, una reacción contra las consecuencias del liberalismo económico y social amenaza ahora los logros del liberalismo político. n n n

Ther plantea que el sur de Europa puede estar suplantando a Europa del Este en los mapas mentales de algunos europeos occidentales y tomando su lugar como el Otro imaginario subdesarrollado. Apunta al acrónimo pigs (en inglés, cerdos), acuñado para cuatro países del sur de Europa golpeados por la crisis y la deuda: Portugal, Italia, Grecia y España. (El insulto era originalmente piigs, hasta que Irlanda, la segunda i, logró recomponerse por las suyas). Pero el capítulo de Ther sobre el sur de Europa se parece a un Rey Lear sin el rey, ya que analiza solo al pasar lo que en rigor está en el corazón mismo de la tragedia de esta zona de Europa: las profundas fallas en el diseño de la eurozona y los remedios inadecuados que ofrecieron los países acreedores del norte de Europa, es decir, sobre todo Alemania.

Este es un tema que comparten los libros Europe Entrapped [Europa en la trampa], de Claus Offe6; Der Euro: Von der Friedensidee zum Zankapfel [El euro: de idea de paz a manzana de la discordia], de Hans-Werner Sinn7; El euro. Cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa, de Joseph Stiglitz8 y La fin du rêve européen [El fin del sueño europeo], de François Heisbourg9, por mencionar solo a cuatro autores. Pese a originarse en perspectivas ideológicas y nacionales muy diferentes, todos están de acuerdo en que fue un gran error crear la eurozona con su tamaño y diseño actuales: una moneda común sin un tesoro común y que encadena entre sí a 19 economías bien diversas. Diseñado para impulsar la unidad europea, el euro, la «panacea para nadie», divide en realidad a Europa. Revivió un terrible rencor entre Grecia y Alemania y causó un resentimiento generalizado tanto en el sur como en el norte. Si las políticas actuales continúan, lo mejor que se puede esperar es que el sur de Europa tenga que renguear dentro de la eurozona durante los próximos años, con bajo crecimiento, elevado desempleo y una cultura de desesperanza adquirida.

Estos autores proponen diferentes soluciones. Con una magnífica claridad cartesiana, Heisbourg escribe: «Ya que el euro actualmente existente es la causa del problema, la solución tiene que ser abolirlo tranquilamente y de común acuerdo». Es una solución racional, pero ¿es posible? Offe discrepa y afirma que el euro «es un error, pero deshacerse de él sería un error aún más grande». Stiglitz y Sinn ofrecen un menú de reformas más o menos radicales, que no tengo el espacio ni la competencia técnica para evaluar.

Sin embargo, un camino para la solución pasa claramente por que la Alemania de Angela Merkel y Wolfgang Schäuble deje de considerar la economía como una rama de la teología. Offe observa con agudeza que la palabra alemana para presupuesto es Haushalt, literalmente, «gastos domésticos», que evoca el proverbial trabajo doméstico bien administrado por el ama de casa de Suabia, mientras que la palabra alemana para deuda, Schuld, también significa «culpa». La prensa alemana –señala– se refiere a los pi(i)gs como «pecadores fiscales». Parafraseando la Biblia: «la paga del pecado es la deuda». Esta enfermedad crónica de la eurozona alimentó el populismo de izquierda y de derecha, en el sur y en el norte. El partido populista alemán Alternativa para Alemania (afd, por sus siglas en alemán), por ejemplo, comenzó como un partido antieuro para luego ganar un público mucho mayor como partido antiinmigración, luego de la masiva llegada de refugiados del año pasado. Y ni siquiera comencé a analizar la crisis de los refugiados, que todavía sacude a la sociedad alemana; la crisis del «Brexit»; la crisis de Ucrania; el desafío frontal que plantea la Rusia de Putin tanto para la seguridad como para las democracias europeas; la crisis terrorista (Francia, uno de los principales objetivos del terrorismo islámico, está todavía en estado de emergencia); la crisis demográfica y la inseguridad que acosa a muchos de los jóvenes del continente, a los que se conoce ahora como el «precariado». Todos son aspectos diferentes, pero que se refuerzan mutuamente, de una crisis existencial general que amenaza el proyecto de unidad europea post-1945 en su conjunto. Y todos alimentan la metástasis de la política populista.

  • 6.

    Polity, Malden, 2016.

  • 7.

    Hanser, Múnich, 2015.

  • 8.

    Taurus, Madrid, 2016.

  • 9.

    Stock, París, 2013.