Tema central

Europa-América Latina: retos regionales y globales compartidos

Los partidos políticos son las instituciones peor evaluadas (con 17% de confianza en América Latina y un punto menos en la ue) y también prevalece una visión negativa de los parlamentos (25% y 32%, respectivamente) y de

los gobiernos (respaldados por 28% y 31%, respectivamente). Los resultados se deben a la corrupción y la crisis, pero también a la percepción de que la elite política (liberal o tecnocrática) no puede solucionar los problemas de la población. Afrontar conjuntamente estos y otros retos compartidos fortalecería los procesos de integración en ambas regiones y la posición internacional de América Latina y Europa frente a los desafíos que plantea el gobierno de Donald Trump.

Convergencias globales en contraposición a Washington

Ante el cuestionamiento del orden liberal en eeuu, los países latinoamericanos y europeos tendrán que asumir más responsabilidades dentro y fuera de sus regiones. El enfriamiento de la relación transatlántica e interamericana con eeuu podría generar una nueva alianza europeo-latinoamericana, al abrir una ventana de cooperación en aquellos ámbitos conflictivos –como el cambio climático, las drogas, las migraciones o el comercio– en los que América Latina y la ue comparten un mayor consenso y difieren de la posición nacionalista de eeuu.

Cambio climático. Desde la cumbre birregional de 2008 en Lima, la lucha contra el cambio climático ha sido un tema estelar en las relaciones. La estrecha cooperación europeo-latinoamericana –en el marco del programa Euroclima o el Fondo Amazónico de Brasil– contribuyó a la firma del Acuerdo de París en diciembre de 2016. Gran parte de la labor conjunta se debe a visiones compartidas, aunque desde diferentes perspectivas. El concepto del Buen Vivir acogido en las constituciones de Bolivia y Ecuador refleja una nueva cosmovisión que coincide, en parte, con el ecologismo y las políticas medioambientales en Europa. La retirada de eeuu del Acuerdo de Cambio Climático transfiere un mayor liderazgo internacional a los países europeos y latinoamericanos que han sido claves en la negociación y que lo serán para mantener y cumplir los compromisos asumidos. En este ámbito convergen los intereses y agendas y se ha producido una cooperación estrecha y positiva que habría que profundizar y, eventualmente, institucionalizar más allá del irregular foro de diálogo sectorial.

Política de drogas. Las políticas de drogas, con enfoques similares entre países europeos y latinoamericanos, es otro tema en el que Europa y América Latina pueden promover cambios globales. El debate en América Latina sobre la despenalización y el fracaso de la guerra contra el narcotráfico encuentran su origen en una política europea que entiende el consumo como un problema de salud, distingue entre drogas duras y blandas y ofrece el desarrollo alternativo como contrapostura a la militarización y la criminalización representada por eeuu. Desde una perspectiva de corresponsabilidad (entre países productores y consumidores), existe un diálogo sobre drogas y un Programa de Cooperación en Política de Drogas entre América Latina y la ue (Coplolad), pero en ambos casos se trata de vínculos de índole técnica. Teniendo en cuenta que «un mundo libre de drogas» sigue siendo el paradigma de la Organización de las Naciones Unidas (onu) –incluso después de la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre Drogas (ungass) de 2016–, América Latina y Europa podrían proponer un cambio radical en la política global contra las drogas, contrario a la idea de que el prohibicionismo y la represión conducirán a su erradicación. Conectar los debates latinoamericanos y europeos sobre la legalización de determinadas drogas blandas como la marihuana, ya practicada en los Países Bajos y Uruguay, serviría para impulsar una nueva política interregional y global.

Migración. La migración es un área de escaso interés en las relaciones birregionales, pero de gran relevancia en la agenda iberoamericana, ya que la mayoría de los emigrantes latinoamericanos reside en España y la crisis que elevó la tasa de desempleo juvenil en ese país a 47% ha aumentado el número de españoles que buscan empleo en América Latina. La propuesta de Trump de completar el muro en la frontera de 3.200 kilómetros que separa a eeuu de México contrasta con la reducción de barreras entre América Latina y Europa. La ue eliminó en 2015 los visados para colombianos y ecuatorianos y España sigue concediendo un trato preferencial a los ciudadanos de sus antiguas colonias. La ue y España como principal socio europeo de México deberían condenar con más firmeza, en conjunto, el proyecto del muro, por su carácter xenófobo que coloca a los mexicanos como una amenaza de seguridad en el peor estilo populista.

Comercio. La retirada de eeuu del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (tpp, por sus siglas en inglés) y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (tlcan) contrastan con la continuidad de la agenda de libre comercio entre América Latina y la ue. Ya se han firmado acuerdos de libre comercio entre la ue y Centroamérica, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú. Sin embargo, estos no han alterado la tendencia hacia una desviación del comercio. En el caso chileno, por ejemplo, en 1990 25% del comercio era con la ue, que ahora representa 10% de los intercambios. Las estadísticas de Perú, en 2015, muestran que 22,5% del comercio fue con China, 18% con eeuu y solo 13% con la ue. Y México sigue concentrando la exportación de sus bienes y servicios en un 85% en eeuu. China ha superado a la ue como segundo socio comercial de América Latina. Para frenar esta tendencia, habría que concluir la «eterna» negociación de la ue con el Mercosur, lo que mostraría que Bruselas sigue apostando al libre comercio que rechaza Washington. Aunque los presidentes Mauricio Macri y Michel Temer parecen más proclives a la apertura comercial, sus gobiernos tienen poca capacidad de negociación y, en el caso del segundo, un limitado respaldo interno. Asimismo, las tendencias proteccionistas de una ue sin Reino Unido endurecerán la posición europea. Continúa el juego de suma cero: las máximas ganancias agrícolas del Mercosur son percibidas como máximas pérdidas desde la ue y los beneficios europeos en servicios son considerados un costo demasiado alto en el Mercosur. Pero sin un acuerdo con el Mercosur o socios individuales, Europa seguirá perdiendo mercado en América Latina y credibilidad como bloque de cuatro libertades (bienes, servicios, capitales y personas).

¿Quo vadis?

En torno de estos retos regionales y globales se podría construir una verdadera alianza atlántica entre Europa y América Latina, que parta de problemas y soluciones comunes y mantenga la bandera del multilateralismo y de la gobernanza global cuestionada por eeuu. Es importante resaltar que la ue percibe a América Latina como un socio del Atlántico Sur14 que, ante la ausencia de Washington, podría reemplazar al Atlántico Norte.

Cabe recordar que, en un contexto internacional centrado en Asia, América Latina tiene una posición geoestratégica privilegiada, por ser una región puente entre las Américas y Europa, por un lado, y entre el Atlántico y el Pacífico, por el otro. Como Atlántico Sur15, en términos de valores es una región híbrida de «Occidente»: la región se ve afectada por problemas similares a los europeos, pero a la vez forma parte de la cooperación Sur-Sur a través de los brics, el tpp y estrechas relaciones con Asia. Por todo ello, Europa debería identificar a América Latina como aliado y no como receptor de ayuda o contraparte interregional. Esta perspectiva más pragmática requiere reconocer las semejanzas, las fragmentaciones y las diferencias entre países y subregiones, para desarrollar políticas aún más específicas (en vez de «café para todos») y construir sobre una base de igualdad.

El paradigma de socios implicaría revisar el actual formato de Cumbre Celac-ue y los programas de cooperación regionales e identificar, en un ejercicio conjunto, los ejes temáticos donde convergen intereses, valores y posibles soluciones. Pueden ser los retos señalados u otros de la demasiado amplia «lista de compra» birregional, que incluye todo, pero resuelve poco. Solucionar conjuntamente problemas similares en vez de seguir el viejo paradigma de promover las «entidades regionales latinoamericanas» parece el verdadero reto de una relación sólida, pero difusa y poco estratégica. Ante la posible retirada de eeuu, Europa y América Latina tendrán que asumir nuevas responsabilidades para afrontar la crisis del multilateralismo y de la gobernanza global. Un primer paso sería reconocerse como semejantes.

  • 14.

    Discurso de Federica Mogherini durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, 18/2/2017, disponible en https://eeas.europa.eu/headquarters/headquarters-h... (en inglés).

  • 15.

    Jorge Bacaria y Laia Tarragona (eds.): Atlantic Future: Shaping a New Hemisphere for the 21st Century, cidob, Barcelona, 2016.