Tema central

Europa-América Latina: retos regionales y globales compartidos

- La crisis de integración en ambas regiones conlleva el declive del «interregionalismo puro» como una relación entre bloques integrados9. Las fragmentaciones internas y el método intergubernamental que determinan la cooperación latinoamericana y el ritmo de la integración europea señalan los límites de una relación Celac-ue. Tampoco ha funcionado el interregionalismo comercial, ya que el Mercosur y la ue llevan casi 20 años negociando un imposible acuerdo de asociación. El declive del interregionalismo coincide con el auge del bilateralismo, que se manifiesta en los acuerdos de libre comercio entre la ue y países individuales (Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú) y las asociaciones estratégicas de la ue con Brasil y México. El bilateralismo plantea la necesidad de crear un sistema de seguimiento de las relaciones, una función que no cumple la Fundación ue-lac, la única institución birregional.

Otra contradicción de la fórmula Celac-ue es la inclusión del Caribe, que tiene un estatus muy diferente de América Latina respecto a la ue, ya que se beneficia del Fondo Europeo de Desarrollo (fed) y ha sido parte del Convenio de Cotonou y de los posteriores acuerdos regionales. Además, las Cumbres Celac-ue entre más de 60 países no son demasiado eficaces como foro de decisión y motor de las relaciones. Ante las fragmentaciones existentes, funciona mejor el multilateralismo «a la carta», con alianzas temáticas y canales bilaterales de cooperación con Bruselas, por un lado, y los Estados miembros de la ue, por otro. Sin embargo, falta un paraguas institucional con una sede birregional, así como concentrar la agenda interregional en pocos temas estratégicos.

Desarrollo, inseguridad y populismo

La política latinoamericana de la ue tiene un enfoque unilateral. Casi siempre responde a la pregunta: ¿qué puede hacer la ue por América Latina? y raras veces a: ¿qué pueden hacer América Latina y la ue juntas? Una salida del laberinto de declaraciones y planes de acción incumplidos podría consistir en reorientar la relación en pocos temas claves que permitan avances concretos. Entre ellos, se destacan tres:

Desarrollo. Por su incorporación tardía a la política de cooperación de la ue (tras el ingreso de España), América Latina es una «región no asociada». Este estatus se ha acentuado por la concentración de la ayuda de la ue en países de menor ingreso y por los recortes de 70% de la cooperación de España, que de ser el sexto donante en 2009 pasó al lugar 16o en 201510. Al ser una región de renta media, aunque con serios problemas de desigualdad, América Latina ya no encaja en el esquema Norte-Sur, y la crisis ha mermado las perspectivas de la cooperación triangular. Las consecuencias del estancamiento económico de la ue (con un crecimiento de 1,6% en 2016) y una América Latina en recesión (el índice de crecimiento fue -0,9% en ese mismo año) plantean un primer reto común. Ambas regiones afrontan crecientes desigualdades sociales y divisiones entre países que avanzan y otros que retroceden. Aunque dentro del marco de una moneda común, el problema de la deuda pública externa –que, por ejemplo, en España, aumentó de 60% del pib antes de la crisis a 100% en 2016– guarda muchas semejanzas con las crisis financieras que sufrió América Latina, desde la primera en 1988 en México hasta la más reciente en 2001 en Argentina11. La deuda pública de Grecia, Italia y Portugal supera el 130% del pib, a gran distancia de la alemana, que representó en 2016 un 68%, el mismo nivel que la brasileña, la más alta de América Latina. Los programas de ajuste económico (en el sur de Europa y en Argentina y Brasil) elevan la desigualdad. Aunque la concentración de ingresos en los países latinoamericanos sigue siendo mucho mayor que el promedio europeo (un coeficiente de Gini de 0,47 frente a 0,31 de Europa en 2015), la distancia ha disminuido. Los países con el mejor coeficiente de Gini, Nicaragua o Uruguay, están prácticamente a la par con Grecia, Portugal y España. En ambas regiones se observa una polarización entre pocos países equitativos (Uruguay en América Latina y los países nórdicos en la ue) y los demás, con los peores niveles de desigualdad en Honduras (0,54) y Letonia (0,38). El objetivo de la «cohesión social» que asumieron las dos regiones implica un mayor gasto social. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y de Eurostat, en el caso latinoamericano, esta partida del presupuesto ha subido de 12,6% del pib en 1991-1992 a 19,5% en 2013-2014, una cifra casi igual al gasto social de Hungría, Polonia y República Checa, pero más de diez puntos por debajo del promedio en la ue (28,7%). Estos datos confirman importantes divisiones intrarregionales y la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo basado en la Agenda 2030, el Estado de Bienestar y la sostenibilidad. Una mayor cooperación birregional requiere abandonar las pautas tradicionales de donante y receptor e iniciar una primera reflexión común sobre los costos de los programas de ajuste como única respuesta a las crisis.

Inseguridad ciudadana. Los actores transnacionales de la violencia, como el narcotráfico y el terrorismo, constituyen una amenaza a la democracia y la seguridad en América Latina y Europa. Según el Latinobarómetro 2016, 20% de los latinoamericanos identificaron el miedo a ser víctima de la delincuencia como principal preocupación, seguida por el desempleo (16% de los ciudadanos, el mismo porcentaje que en la ue) y la economía, que 11% consideró un problema primordial. De acuerdo con el Eurobarómetro, en la ue, la inmigración (45%) y el terrorismo (32%) son percibidos como las principales preocupaciones. La «securitización» de la migración, contraria al tradicional enfoque europeo de derechos humanos, por un lado, y mayores controles de seguridad para responder a la amenaza del terrorismo, por el otro, reducen las libertades y la credibilidad de la ue como actor normativo12. En América Latina, las recetas de «mano dura» contra el crimen organizado tienen un efecto similar. La ue ha incorporado el nexo entre desarrollo y seguridad en su cooperación con la región y particularmente con América Central, pero sería importante ampliar el diálogo y la cooperación a países como Brasil, México y Venezuela (con la segunda tasa más alta de homicidios de la región, tras Honduras), que afrontan problemas similares y comparten con la ue el problema del narcotráfico. La inseguridad ciudadana ha conducido, en algunos países, al reclamo de «salvadores de la nación», lo que ha facilitado el auge del populismo o un mayor papel de las fuerzas de seguridad en detrimento de las libertades democráticas.Populismo. Los partidos, líderes y gobiernos populistas en Europa y América Latina confirman la necesidad de un diagnóstico conjunto para analizar las causas y consecuencias de este fenómeno13. El retorno del nacionalismo y de líderes populistas en Europa –que están en el poder en Polonia y Hungría y crecieron en Francia y los Países Bajos– coincide con su declive en América Latina. El caos en Venezuela simboliza el fracaso de la Revolución Bolivariana, que ha dejado de ser populista para convertirse en autoritaria y, ante la hiperinflación y la crisis de suministros, parece inviable como alternativa socioeconómica. Más allá del debate ideológico, el fracaso del poschavismo señala la cara negativa del populismo en el poder, incapaz de solucionar la inseguridad ciudadana, la pobreza o la desigualdad. Los populismos europeos de derechas comparten con su variante latinoamericana de izquierdas el nacionalismo y el liderazgo carismático basado en un discurso simplista y polarizador. Ambos son profundamente antiliberales: rechazan el libre comercio, la integración y la globalización, alimentan resentimientos hacia «el otro», conspiran contra la democracia representativa y prometen recompensar a los excluidos. El populismo refleja la crisis de la democracia liberal. Una comparación de la confianza en las instituciones en América Latina y la ue revela resultados sorprendentemente similares. En primer lugar, la mayoría de los ciudadanos europeos y latinoamericanos confía sobre todo en la Iglesia y en las Fuerzas Armadas.

  • 9.

    Heiner Hänggi, Rolf Roloff y Jürgen Rüland: Inter-Regionalism and International Relations, Routledge, Londres-Nueva York, 2006; G.L. Gardini y Andrés Malamud: «Debunking Inter-Regionalism: Concepts, Types and Critique», Atlantic Future Working Paper No 38, 2014.

  • 10.

    Con una contribución menor que Bélgica y Corea del Sur, España ya no figura entre los diez principales donantes de América Latina que, no obstante, sigue recibiendo un tercio de los fondos.

  • 11.

    S. Gratius y José Antonio Sanahuja: «Enseñanzas latinoamericanas a la crisis del euro» en Política Exterior No 151, 1-2/2013, pp. 144-156.

  • 12.

    Anna Ayuso y S. Gratius: «América Latina y Europa: ¿repetir o reinventar un ciclo?» en Pensamiento Propio No 44, 7-12/2016, pp. 249-295.

  • 13.

    Cas Mudde y Cristóbal Rovira Kaltwasser (eds.): Populism in Europe and the Americas: Threat or Corrective for Democracy?, Cambridge University Press, Cambridge, 2013.